Huelva

Muere Litri: La ciudad que le amó

  • La ciudad llevará siempre el recuerdo de un onubense ilustre

El torero en su finca de Escacena del Campo.

El torero en su finca de Escacena del Campo. / H. I.

Se ha dejado caer de su hombrera la bandera de Huelva. Esa bandera grande y omnipresente vigilante de esta ciudad y que le hace compaña cuando la ciudad duerme. No tiene ganas de volar al son de la brisa de marea que la lleva y trae saludando al visitante; Hoy no. Hoy se ha muerto Miguel y a esta compañera incansable de esa talla torera que labrara con tanto tino Alberto Germán Franco no le queda alegría para más. No vuela porque Litri, Miguel, se ha hecho ya más estatua; más leyenda, e indudablemente más recuerdo. Los cohetes en la calle San Sebastian no suenan en el cielo y el callejón Montrocal ha descansado de esas pisadas infantiles en busca de la afición al toro. No más mito, porque si esta Huelva encumbró como mito desde el más infimo comienzo a alguien ese fue su Litri.

No hay pudor por decir cosas buenas de Miguel ante su muerte porque casi todas se le dijeron en vida y a la cara. Y a la cara y con esa absoluta humildad ante el elogio las masticó

con temple el veterano torero, sabiendo que ese amor de la gente era de verdad. Y las disfrutó, porque esta ciudad no fue rácana en querer a su figura. A la persona y al torero. La pasión de esta Huelva la midió siempre en su justa valía el torero; aun en ese cobijo de Peñalosa Litri siempre se supo Huelva; se supo torero y se consintió en onubense total cuando tocaba hablar de su niñez, de su vida o de sus andanzas como feomeno de masas. Tan de Huelva como para volver vestido de torero cuando la edad exigía tantas cosas a reinaugurar una plaza. Generoso para no medir el riesgo pero sí validar la historia torera que otros de su apellido empezaron.

Son las doce de la noche y esta Huelva poco a poco se va yendo a dormir. La bandera abraza a la estatua. El viernes verán llegar el cuerpo del torero para velarlo en ese definitivo homenaje que la tierra del Litri guarda para cuando esto se hiciera inevitablemente cierto.

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