unia | primera semana de los cursos de verano

Las balsas, a falta de inversión que les saque rentabilidad

  • El programa sobre los fosfoyesos concluye ayer con el énfasis puesto entre los problemas medioambientales y las posibilidades que esos residuos ofrecen para la economía onubense

Alumnos que asistieron al curso sobre los fosfoyesos. Alumnos que asistieron al curso sobre los fosfoyesos.

Alumnos que asistieron al curso sobre los fosfoyesos. / canterla

La inversión es el requerimiento necesario para que las balsas de fosfoyesos no sean solo vistas como un problema medioambiental sino como una fuente de recursos y para que esto se haga una realidad, hace falta un esfuerzo inversor que podría resultar atractivo a alguna empresa. Esa es la opinión del profesor de la Universidad de Huelva (UHU) Carlos Ruiz, quien participó en el curso que lleva por título Fosfoyesos: de su evaluación ambiental como residuo a su revalorización como recurso, que se clausuró ayer dentro de la primera semana de los Cursos de Verano de La Rábida.

Carlos Ruiz incidió en el hecho de que se están marcando diferentes rutas de valorización que actualmente se desarrollan sobre los fosfoyesos. Desde luego se trata de una alternativa y de marcar un futuro que deja concluida una etapa de vertidos que provocaron un apilamiento "que está directamente sobre la marisma y crea un perjuicio sobre el medio ambiente".

La estabilidad de la extensión permanece como un desafío para los científicos

Ante ello, buscan "soluciones más sostenibles"; unas soluciones que tienen como algunos de sus objetivos campos como la agricultura, la construcción, el aprovechamiento de materias críticas o usar estas balsas "en aplicaciones ambientales que sirvan para mitigar la contaminación de las aguas o la atmosférica".

De este modo, cada vez está más claro que esa enorme extensión de residuos puede suponer para Huelva una fuente de riqueza por el aprovechamiento que se pueda realizar de todo ello. Eso no quita que se mantengan los problemas medioambientales que implican su presencia. Carlos Ruiz, perteneciente al Departamento de Geodinámica y Paleontología, recordó que esos problemas radican principalmente en la estabilidad de estas balsas, ante "lo que queremos dar soluciones más sostenibles".

Aparte de tratar y evitar las salidas de bordes que se generan a través de los fosfoyesos, Carlos Ruiz propone esas medidas alternativas para aprovechar los recursos como obtener materias primas críticas, tierras raras en las que hay concentraciones elevadas de esos elementos, además de poner en práctica "la solución combinada, es decir, aprovechar los elementos de interés económico que hay en los fosfoyesos y una vez que se purifique ese fosfoyeso, aplicarlo por ejemplo a la construcción". Pero tal es el volumen de lo que esas balsas contienen y las posibilidades que albergan, que el profesor de la Onubense abogó por que se tracen "diferentes rutas de valorización combinadas para absorber un volumen tan enorme".

"Hemos evaluado -añadió el investigador- cuáles son las materias primas críticas que se encuentran en las balsas y se les puede aplicar una técnica viable teniendo en cuenta su valor". Quizá el problema se encuentre en que esto "requeriría una elevada inversión aunque también se encontrarán con problemas técnicos, pues a veces es difícil obtener productos puros para vender en el mercado". De este modo, los dos grandes retos serían lograr la suficiente inversión y obtener valores de una elevada pureza para poner los productos en el mercado.

Acerca del problema que presentan las balsas para el medio ambiente, Carlos Ruiz insistió en su falta de estabilidad. Hay que tener en cuenta que los residuos, que comenzaron a ser apilados en la década de los 60, se depositaron directamente sobre la marisma sin ningún tipo de protección. Esa es la razón por la que otro de los intervinientes en el curso, Luis Esquivias, apuntó a otro problema que originan las balsas y es el de las aguas ácidas. Este fenómeno se produce como consecuencia de los fenómenos mareales que introducen agua marina por la ría del Tinto. Con su retirada se llevan algunos de los elementos que están allí depositados, con lo que arrastra elementos con distintos materiales al mar.

Ruiz, por su parte, dijo que a nivel europeo hay una situación semejante a la onubense que se da en Polonia, aunque en este caso los fosfoyesos no se depositan directamente sobre la superficie sino que hay una capa protectora intermedia entre esa superficie y los residuos, con lo que se mitigan en gran medida los efectos nocivos.

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