Huelva

Las almadrabas, imposibles pese al aumento del atún

  • La fuerte inversión requerida, la limitación de las licencias y la contaminación de las aguas hacen inviable la actividad

Prácticamente todos los datos de que disponen a nivel internacional quienes más saben de atún rojo, especie sobre cuya conservación se encendieron todas las alarmas en 2006, apuntan a su espectacular recuperación en sólo seis años tras los estrictos controles pesqueros adoptados por la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (Iccat), gracias a un plan basado en el establecimiento de cuotas de pesca.

Pero esta recuperación, que según un informe de la Iccat apunta a que la población reproductora de la especie "se ha duplicado", no va a propiciar que las almadrabas regresen a la provincia de Huelva, pese a que a principios del siglo XX se llegaron a calar en el litoral onubense hasta ocho de estas tradicionales artes de pesca, repartidas entre localidades como Ayamonte, Isla Cristina, El Rompido-El Terrón, o la capital, entre otras.

Así se ha desprendido de las XI Jornadas Arráez y Sotarráez, y el Encuentro Anual de Capitanes de Almadraba, celebradas recientemente en Isla Cristina y organizadas por la Asociación de Amigos del Atún Thunnus Thynnus, en las que se han dado cita los capitanes de las principales almadrabas atuneras españolas que aún operan en el Estrecho, así como científicos y biólogos especializados en el estudio del atún rojo.

En las mismas, gracias a los datos que sobre las capturas de este año han adelantado (aún de forma extraoficial) los capitanes de las cuatro almadrabas españolas que operan en el Estrecho de Gibraltar (Conil, Barbate, Zahara de los Atunes y Tarifa), además de constatarse la recuperación de la especie a la que ya apuntó el informe del Iccat, el presidente de Thunnus Thynnus, el isleño José Antonio López (quizás uno de los onubenses que mejor conoce la materia), puso de manifiesto la imposibilidad del regreso de la actividad almadrabera a nuestras costas por varios motivos.

En primer lugar, por la fuerte inversión necesaria para calar una almadraba, que según López puede rondar los 6 millones de euros (las que ya existen en la provincia de Cádiz son muy antiguas y están más que amortizadas); en segundo lugar, porque las licencias para nuevas almadrabas están muy limitadas y actualmente es prácticamente impensable que se otorgue alguna más, y, en tercer lugar, porque la contaminación de las costas onubenses hace que los bancos de atunes pasen en sus migraciones por el Estrecho cada vez más alejados del litoral, buscando aguas más profundas y limpias, ya que se trata de una especie que requiere aguas muy claras y no contaminadas.

La última almadraba que se caló en el litoral onubense fue la de Nueva Umbría, en los años 1985 y 1986. Esta instalación estaba situada frente a las costas de El Rompido y su actividad ya había cesado previamente en la primera mitad de los años 70, junto con la de Las Cabezas (Isla Cristina). La iniciativa resultó ser un rotundo fracaso por la falta de rentabilidad debido a las escasas capturas.

Por otra parte, los capitanes de almadraba reunidos en Isla Cristina secundaron las tesis de la Iccat sobre la recuperación de la especie apoyándose en las espectaculares capturas que han obtenido este año en las instalaciones almadraberas que dirigen (la temporada de pesca del atún rojo se produce en la zona del Estrecho en los meses de mayo y junio). Y es que para no sobrepasar las cuotas pesqueras establecidas se han visto obligados a devolver al mar entre 15.000 y 20.000 ejemplares, quedándose sólo con los 6.000 permitidos como máximo.

Según adelantaron, la almadraba de Tarifa ha devuelto 2.000 de los 2.900 atunes capturados esta temporada; la de Zahara, 2.000 de 3.000; la de Conil, 6.500 de 7.800, y la de Barbate, 5.000 de 8.000.

Un hecho que viene repitiéndose desde hace ya varios años, que tiende a aumentar, y que se también se da en las almadrabas del Estrecho caladas por el resto de países que también operan en la zona como son Portugal y Marruecos.

Según José Antonio López, la pesca del atún rojo en almadrabas tiene más de 3.000 años de historia, siendo un arte fijo que permite el control de las poblaciones por las moderadas capturas que permite.

Pero en 1995, debido sobre todo a la creciente demanda de atún rojo por parte de países como Japón (fundamentalmente, para su consumo crudo), se inició la pesca intensiva de la especie en el Mediterráneo mediante el uso del arte de cerco, con el que se llegaron a capturar anualmente más de 100.000 atunes en las zonas de desove (junto a las costas de Sicilia y Baleares), con el apoyo de medios tecnológicos y aéreos para localizar los bancos. Por el contrario, la almadraba ha seguido siempre capturando sólo aquellos ejemplares que se acercan a la costa en sus migraciones una vez acabada la fase de desove, que por desgracia, y debido a la sobreexplotación de los cerqueros, eran cada vez menos.

El asunto "se desmadró hasta tal punto -afirmó López- que la especie se vio gravemente esquilmada, temiéndose por su futuro", sobre todo porque Japón puso de moda en todo el mundo el consumo crudo a gran escala de atún rojo elaborado como sushi.

En el Estrecho, en el año 2000, operaban cuatro almadrabas españolas (las mismas que ahora), 17 marroquíes (últimamente ya sólo se calan 9 por la disminución de la rentabilidad de la actividad) y varias más en Portugal (de las que actualmente se mantienen tres entre Tavira y Faro, una de ellas calada por una empresa japonesa). Por el contrario, la flota cerquera española creció ostensiblemente (Portugal y Marruecos carecen de ella).

Ante la gravedad de la situación, la Iccat se reunión en 2006 y fijó las primeras cuotas de pesca destinadas a la preservación de la especie, estableciendo un número determinado de toneladas para cada país y para cada modalidad de pesca. La cuota bajó a nivel mundial de 32.000 toneladas en 2007 a 12.900 en 2012.

En España se fijó para ese año un tope de 6.500 toneladas (1.100 para las almadrabas), que fueron disminuyendo año tras año por la escasez de atunes hasta las 2.411 (650 para las almadrabas) establecidas para el presente 2012. Año en que a nivel mundial la cuota se estableció en 12.900 toneladas, de las que 5.756 correspondieron a Europa (tocando a España 2.411). El resto de países de la UE contó con cuotas más bajas que la española, siendo Italia el segundo país con la cuota más alta (1788 toneladas), seguido de Francia (958), Portugal (226), Malta (153), Grecia (124), Chipre (67), y otros estados de la UE (27). Por otra parte a Marruecos le correspondieron 1.200 toneladas.

Según López, 2006 supuso por tanto un año de inflexión en cuanto a la recuperación de la especie, ya que "todo indica que a partir de entonces, el establecimiento de cuotas ha sido a todas luces efectivo por el momento". Y todo ello, pese a los repetidos anuncios catastrofistas que el plan recibió al principio. "Además -prosiguió López-, también se comenzó a controlar estrictamente ese mismo año la talla mínima permitida para la captura del atún rojo mediante pesca deportiva, que pasó de 8 a 30 kilos, lo que ha contribuido a la preservación de los ejemplares reproductores, y por ende a una mayor recuperación de la especie".

Por otra parte, en 2010 la Iccat realizó el primer análisis sobre cómo funcionaba el plan. Usó datos de 2009 y en sólo dos años apuntaba cierto optimismo. La Iccat, que agrupa a 48 países, mantuvo las cuotas y decidió actualizar la evaluación en 2012. El pasado septiembre el organismo reunió en Madrid a medio centenar de expertos de una veintena de países a la que también asistieron responsables de la pesca de cerco, de almadraba, de ONG o de la Comisión Europea, entre otros. De la "sesión de evaluación de stock del atún rojo" debía salir un documento que en principio revela optimismo destacando que las capturas de las almadrabas han crecido desde 2007 y que los cerqueros cada vez tardan menos en completar su cuota. No obstante, algunos expertos albergan aún dudas sobre la velocidad de la recuperación.

Algunos de los participantes en dicha sesión de evaluación estiman que la biomasa reproductora de atún rojo era de 300.000 toneladas entre los años cincuenta y setenta, bajó hasta las 150.000 a mitad de los 2000, y que ahora se sitúa entre 295.000 y 380.000 toneladas. Con el plan de recuperación, la flota europea ha dejado de capturar un millón de juveniles al año, lo cual parece haber tenido un impacto enorme en la población. El plan de recuperación se marcó como objetivo tener un 60 por ciento de probabilidades de conseguir en 2022 el rendimiento máximo sostenible de la especie, que implica pescar 50.000 toneladas sin afectar a la población. Ahora, el comité afirma que manteniendo las cuotas, algunos modelos dan que la recuperación se podría alcanzar en 2016.

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