Huelva

War Room: Elecciones para fanáticos

  • La polarización ideológica en los comicios de Madrid, fruto del choque entre dos personalidades como Ayuso e Iglesias, lleva al populismo a cotas nunca antes vistas en la política nacional

Quizás porque “Madrid es Madrid dentro de España. ¿Qué es Madrid si no es España?” (Ayuso 2020) estamos viviendo las elecciones del próximo 4 de mayo en esa comunidad como si todo el país estuviéramos convocados a las urnas. Observamos estas elecciones como un espectáculo más. Una suerte de netflixlización de la política en un ambiente altamente polarizado y donde existe un distanciamiento de los ciudadanos respecto a todo lo que tiene que ver con los políticos.

Con eslóganes tan llamativos como alejados de los problemas reales (“Comunismo o libertad” o “Soso, serio y formal”) la campaña madrileña destila unos niveles de polarización política que prácticamente han arrasado con la moderación y confiere papel protagonista a entusiastas y fanáticos. La distancia entre el político y el ciudadano es cada vez mayor, y hemos pasado del líder seductor, del que hablaba el profesor de Ciencia Política Gabriel Colomé, al líder agitador.

La polarización no es un fenómeno nuevo, pero ahora hace más ruido. Tiene mucho que ver con un modelo económico que genera cada vez más frustración y desigualdades. Aparece cíclicamente, y a raíz de la crisis de 2008, experimentó un rebrote al alza hasta nuestros días. No sólo lo percibimos en carne propia. El CIS y las urnas también reflejan esta realidad. Aumentan los encuestados que se sitúan en los extremos, mientras que el 25% de los votos ya procede de los partidos situados en los límites del tablero político.

Isabel Díaz Ayuso junto con el alcalde de Madrid en un acto de la precampaña madrileña. Isabel Díaz Ayuso junto con el alcalde de Madrid en un acto de la precampaña madrileña.

Isabel Díaz Ayuso junto con el alcalde de Madrid en un acto de la precampaña madrileña.

El caldo de cultivo del populismo se encuentra en factores como la volatilidad electoral, la crisis económica y el aumento de la oferta electoral. Todas estas circunstancias conforman la tormenta perfecta para que el populismo de nuevo levante el vuelo e imponga su ley, aquella que trata de aniquilar al adversario y a introducir en una espiral de silencio al disidente.

¿Son los políticos los únicos responsables de este clima de tensión constante? Rotundamente, no. Es cierto que los mensajes populistas ganan apoyo en tiempos de crisis y de desafección, si bien la polarización aumenta con la desaparición del bipartidismo. A más partidos, más competencia y, por tanto, aumentan los decibelios discursivos para atraer la atención de los medios. A los políticos podemos adjudicarles la autoría de los discursos ramplones y carentes de argumentación, pero los medios de comunicación los reproducen, las redes los amplifican y nosotros los consumimos.

Como consecuencia del clima polarizado, el discurso político se vuelve simple, sin fuerza argumentativa y con el único fin de despertar emociones. El gran damnificado es el centro político, que se encuentra huérfano de espacio mediático. La ausencia de ruido es igual al silencio, un mutismo impuesto a modo de condena por haber sucumbido a la moderación.

Primer acto del exvicepresidente Pablo Iglesias en la campaña madrileña. Primer acto del exvicepresidente Pablo Iglesias en la campaña madrileña.

Primer acto del exvicepresidente Pablo Iglesias en la campaña madrileña.

Y en medio de todo este ruido, cabría preguntarse qué es exactamente lo que los madrileños van a someter al juicio de las urnas y por qué nos interesan tanto estas elecciones al resto de esa España que no es Madrid. Varios factores confluyen: la gestión diferenciada de la pandemia de coronavirus con respecto al resto del país; la presencia de Pablo Iglesias como candidato y el hecho de que por primera vez la comunidad de Madrid celebra elecciones en solitario, con lo cual, acapara mayor atención en los medios de comunicación.

Siendo unas elecciones que se celebran en medio de una pandemia, el discurso político, sin embargo, está orientado a la rivalidad entre bloques y a la apelación al voto para frenar a los extremos. Los votos huérfanos de Ciudadanos suponen un codiciado botín que eleva aún más si cabe el tono de la campaña.

Quién es quién

Todo comenzó en Murcia. El anuncio de una moción de censura en la comunidad pactada entre PSOE y Ciudadanos causó un repentino efecto mariposa con la convocatoria de elecciones en Madrid, un movimiento con el que el PP ha buscado deshacerse del partido naranja y recuperar los votos perdidos en las últimas elecciones. De hecho, las primeras encuestas ya están mostrando una mayor intención de voto que en 2019 para los populares y una más que previsible victoria de Isabel Díaz Ayuso, lo cual no significa que vaya a ser capaz de formar gobierno.

Ángel Gabilondo ha hecho gala de su "sosería" como arma de campaña. Ángel Gabilondo ha hecho gala de su "sosería" como arma de campaña.

Ángel Gabilondo ha hecho gala de su "sosería" como arma de campaña.

La compleja situación política madrileña, sumada a la presencia de dos liderazgos fuertes como los de Ayuso e Iglesias, están propiciando que vivamos una campaña muy polarizada. Y, paradójicamente, una de las claves se encuentra en el partido que, con su movimiento suicida en Murcia, ha quedado prácticamente arrasado. Porque si Ciudadanos logra entrar en la Asamblea madrileña, la presidenta puede encontrar serias complicaciones para formar gobierno con el apoyo de Vox, la única opción que le queda para llegar a un acuerdo.

Una de las sorpresas de la campaña ha sido la candidatura de Pablo Iglesias y su salida de la vicepresidencia del Gobierno de la nación. Con este movimiento, Podemos, que tiene una fuerte implantación en Madrid, se garantiza su presencia en la Asamblea. La llegada de Iglesias a la política madrileña concentrará el voto de derechas en torno a Ayuso en un escenario de polarización de los bloques.

Isabel Díaz Ayuso con Pedro Sánchez en la sede de la asamblea de Madrid. Isabel Díaz Ayuso con Pedro Sánchez en la sede de la asamblea de Madrid.

Isabel Díaz Ayuso con Pedro Sánchez en la sede de la asamblea de Madrid.

¿Y Gabilondo? En un ambiente altamente condensado, no le ha quedado otra alternativa que hacer de la necesidad virtud, aplicando una estrategia de contraste para diferenciarse de su adversario político y, de camino, intentar pescar en el caladero de Ciudadanos.

La polarización es muy rentable electoralmente y por eso los partidos recurren de manera consciente a esta estrategia que simplifica el discurso para apelar a nuestros instintos más básicos.

Puesto que todos somos un poco culpables, depende de todos nosotros luchar contra la polarización: líderes que motiven e ilusionen, y que se preocupen más por los intereses de los ciudadanos que por los de sus partidos, medios de comunicación menos sensacionalistas, plataformas digitales que pongan coto a la difusión de noticias falsas y ciudadanos con pensamiento crítico que nos esforcemos en introducir el gris en el debate público.

www.charotoscano.com

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