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Tejiendo redes para un mundo mejor

  • Es necesario adaptarse a las distintas fases del cambio social y modular los discursos sin dejar de exigir las mejoras que persigue el feminismo, porque es una lucha de todas y de todos

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Tejiendo redes para un mundo mejor

Esta semana me alegra que otra año más haya sido imposible enajenarse del movimiento social que reivindica un papel más activo e igualitario de la mujer en el mundo. El Día Internacional de la Mujer se ha consolidado en el calendario mundial como una fecha llena de simbolismo y de acciones reivindicativas. Con mayor o menor acierto en las proclamas, miles de personas han sido llamadas a dar visibilidad al reto pendiente de la sociedad en lo que toca a la igualdad de oportunidades sin distinción de género. Es oportuno y muy necesario todavía, sin duda. Lo que personalmente me preocupa es el tinte extremista con el que muchos jóvenes han vivido una jornada que debería ser sobre todo, en mi opinión, conmemorativa y serena.

Y digo que me preocupa por la reacción que el extremismo provoca en otros muchos jóvenes y adolescentes que afortunadamente, como mis hijos, ya han vivido la igualdad en casa de forma natural. Ellos no lo entienden demasiado bien y además reciben los extremismos con cierto rechazo. Eso me lleva a plantearme una reflexión: si por correr más desandamos camino, otra vez no estamos avanzando.

Una carrera de fondo

El cambio social es una carrera de fondo. Los cambios sociales del calado del que hablamos son lentos, complejos y, en determinadas fases del proceso, desequilibrados. Porque las realidades son muy distintas ya no sólo por países, sino por familias. Por eso me parece necesario adaptar los discursos y las acciones a la realidad de cada territorio, para evitar dar pasos hacia atrás.

Bastantes cosas han cambiado desde el movimiento sufragista británico de 1857 que muchos historiadores marcan como el inicio del movimiento feminista moderno. Quizás por eso el 8 de marzo empezó siendo el Día de la Mujer Trabajadora. Las primeras reivindicaciones se dieron en el entorno laboral, fuertemente afectado por el entorno personal y familiar del rol típico de la mujer de primeros del siglo XX.

Durante más de un siglo han sido necesarios discursos rompedores, luchas extremas y enfrentamiento real a un sistema opresivo. Y desgraciadamente, aún es necesario en demasiados países. Ahí radica el desequilibrio del cambio social. Y ahí radica también uno de los grandes sentidos del Día Internacional de la Mujer: reconocer el papel fundamental que muchas pioneras, algunas tachadas de locas, ejercieron en sus respetivos tiempos.

Una lucha de inconformistas

Ellas, aquellas primeras locas inconformistas que se enfrentaron al mundo, fueron las que consiguieron hitos históricos como la inclusión de la igualdad entre mujeres y hombres como derecho jurídico universal en la I Declaración de los Derechos Humanos de 1948, o la Declaración sobre la eliminación de la Discriminación contra la Mujer de las Naciones Unidas en 1967. Son logros de esas primeras locas también el Tratado de Roma de 1957 que inicia la normativa europea en materia de igualdad de oportunidades, o el Tratado de Amsterdam de 1997 que exige a los estados de la Unión Europea garantizar la igualdad retributiva, y las numerosas directivas que han llovido después.

En España, toda la normativa europea que se ha ido desarrollando ha influido directamente en el impulso de la igualdad, aunque ya nuestra Constitución proclama la no discriminación de género y la obligatoriedad de los poderes públicos de promover la igualdad en sus artículos 14 y 9.2. Otro logro de aquellas, nuestras locas.

Gracias a todo eso, a las leyes que regulan y promueven la igualdad efectiva, y sobre todo a muchas locas más que han batallado y batallan en sus respectivas familias para romper los moldes establecidos, hoy en España la realidad es diferente. Seguimos luchando como sociedad -mujeres y hombres- contra la violencia de género, contra la brecha salarial, contra el desequilibrio en la conciliación familiar, contra el paro y la precariedad del contrato femenino, contra las creencias represoras. Pero partimos de números distintos en los indicadores. La paridad, aunque aún lejana, está más cerca.

Pensar en grande, actuar en pequeño

El Día de la Mujer es un día para celebrar, para pensar en cómo seguir avanzando en los retos, para reflexionar en positivo todas y todos sobre los siguientes pasos a dar. Y creo que debe ser desde la unión, desde la serenidad y desde el conocimiento de la realidad que queremos cambiar adaptándonos a ella.

Esas son las premisas del proyecto Tejiendo Redes que tengo la fortuna de impulsar con cuatro asociaciones de mujeres de Lepe. Un proyecto que piensa en grande y actúa en pequeño gracias a la financiación del Instituto Andaluz de la Mujer y con el apoyo del Centro de Información a la Mujer municipal lepero.

En Tejiendo Redes se han inscrito 35 mujeres que están desarrollando destrezas muy importantes como la autoestima y la comunicación para romper creencias por las que la mayoría de ellas han tenido que sacrificar muchos de sus sueños.

En el proyecto también trabajan sus habilidades digitales, y su capacidad para unirse y trabajar en equipo, reforzando el tejido asociativo tan importante para conseguir cambiar las cosas que no nos gustan.

La mayoría de ellas superan el medio siglo o más. Son mujeres de bandera, de esa generación bisagra que ha tenido que adaptarse a velocidad de vértigo a los cambios. Niñas que no disfrutaron de muchas alternativas; jóvenes que tuvieron que renunciar a muchas cosas; madres, parejas y amigas abnegadas. El Día de la Mujer también va por ellas. Os animo a buscarlas en las redes.

Como escribió Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”. Y ellas son nuestra memoria.

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