Respons(H)abilidades

La Responsabilidad Social Corporativa es la rentabilidad de la confianza

  • La moneda de cambio de la confianza es la seguridad, y esta es una certeza que alimenta bien dos motores de la rentabilidad empresarial: la gestión de personas y la RSC

La Responsabilidad Social Corporativa es la rentabilidad de la confianza La Responsabilidad Social Corporativa es la rentabilidad de la confianza

La Responsabilidad Social Corporativa es la rentabilidad de la confianza

Comentarios 0

¿Qué empresa no quiere la confianza de sus clientes o la de sus empleados? ¿Qué entidad no desea la confianza de sus proveedores, de sus accionistas, de sus socios, o de los públicos de interés principales para cada una? ¿Qué profesional no aspira a ser confiable? Las personas y las organizaciones anhelamos de una u otra forma que los demás confíen en nosotros. Pero la confianza no puede pedirse así sin más. La confianza es lo que nos ganamos cuando damos seguridad y, a cambio de esa seguridad, los demás nos devuelven su confianza. Con este enfoque es más fácil encontrar claves para una buena gestión de personas, y es más claro ver por qué es rentable ser responsable. Porque la empresa con RSC ofrece sobre todo eso, seguridad. Y porque la gestión de personas responsable, y por tanto la seguridad que dan los líderes a sus equipos, es la pila alcalina de todo esto. Lo contrario, lesiona a la empresa.

Un préstamo volátil

En las relaciones interpersonales, la confianza que nos dan nunca es nuestra del todo. Nos la prestan los demás mientras se sienten seguros. Y además la confianza es volátil e inestable, puede desaparecer rápidamente en cualquier momento. Sin duda les suena la conocida y repetida frase de que la confianza tarda mucho tiempo en construirse y apenas segundos en derrumbarse. Pues eso.

Dejemos hoy al margen la autoconfianza, que es harina de otro costal o tema para otro artículo -que tampoco viene mal-. Fíjense, si no, en esa tendencia que tenemos a acomodarnos en la incomodidad sólo porque el cambio es incierto y nos genera inseguridad. Y es que eso de darnos seguridad a nosotros mismos, al menos la suficiente para afrontar los retos que nos propone la vida, abre otro melón que no da tiempo a cerrar en menos de mil palabras, que es lo que ustedes leen en este artículo.

La inseguridad como alarma

Un ejemplo típico en esto de ver la seguridad como la moneda de cambio de la confianza es ese en el que alguien, que no es santo de su devoción, les saluda siempre gruñón y ofensivo, lo que se dice sin mucho cariño. Eso todos los días que se lo encuentran. De alguna manera perversa nos sentimos confiados y seguros en esa relación porque sabemos cómo nos va a saludar. Pero de pronto un día ese alguien no gruñe, sino que se para y les pregunta por la familia con una sonrisa. ¿Qué les surge inmediatamente? La inseguridad y la desconfianza.

Así que quédense con sus propias experiencias y revisen alguna o algunas ocasiones recientes en las que le hayan retirado la confianza a una empresa, a una persona o a una organización cualquiera. Seguramente lo que se quebró en ese preciso momento fue su seguridad.

Las lesiones de la desconfianza

En otras ocasiones me centro en los beneficios de la Responsabilidad Social Corporativa como una herramienta extraordinaria para generar confianza en todos los públicos de interés de la empresa. Pero hoy me gustaría compartir algunos perjuicios que se sufren justo por lo contrario: la desconfianza. Y recordemos que la desconfianza es, en última instancia, lo más rápido y fácil de conseguir.

Un cliente desconfiado probablemente no va a elegir la marca que no le dé seguridad. Este es el primer perjuicio claro y directo a las cuentas.

Una sociedad desconfiada será más hostil y contestataria con la actividad de la empresa en cuestión. Otro perjuicio claro que seguramente va a invitar a las instituciones competentes a vigilar con más celo y, cuanto menos, ralentizar las gestiones necesarias para operar.

Un proveedor desconfiado no será, ni de lejos, tan ágil, asequible y colaborador como el que le da su confianza a su cliente. Esto también parece obvio.

Un accionista desconfiado cambiará la combinación de su cartera de valores y dejará fuera lo que no le genere cierta seguridad.

Pero, ¿y un empleado desconfiado? Aquí es donde nos encontramos el mayor número de lesiones.

La desconfianza no favorece un buen clima laboral. Así que será mucho más complicado obtener los beneficios de un equipo alineado que vista con orgullo los colores y quiera quedarse. O sea, que la desconfianza puede aumentar la rotación de la plantilla.

La confianza sí lo consigue, pero la desconfianza no es capaz de fluidificar algo fundamental para las empresas como es la transferencia de la experiencia y el saber entre los empleados. Así que de pronto tenemos que la rotación sube y que el trabajador que llega nuevo probablemente tampoco cuente con mucho apoyo de los que están. Más lesiones.

Otra lesión grave producida por la desconfianza se mide en algo que todos sabemos valorar de forma cuantitativa: tiempo y dinero. Porque sin confianza en una organización seguramente se multiplican por encima de lo necesario los controles, las normas, la burocracia, y, con todo eso, la desidia.

A mí me parece también especialmente grave, aunque sé que no se valora cuantitativamente igual de fácil, la lesión que se produce en la creatividad y la capacidad innovadora de la organización que sufre de desconfianza en sus filas. Toda una lesión que hipoteca el futuro.

Son sólo algunos ejemplos de las pérdidas que supone la desconfianza para una empresa, pero a la vez también son claras muestras de lo mucho que se puede ganar cuidando la confianza que nos prestan. Ahí es donde la Responsabilidad Social Corporativa cobra todo su sentido, porque si algo garantiza la coherencia y la transparencia de una organización es su RSC, y hay pocas cosas que generen más seguridad y obtengan más confianza que esos dos valiosos activos empresariales. Si se cuidan, claro.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios