'WAR ROOM'

Políticos, deportistas de alta competición

  • La política no tiene que estar reñida con la vida saludable, el deporte debiera tener un hueco en las agendas

  • La salud es aprovechada como reclamo en campañas electorales

La vida de los políticos en activo se caracteriza por la falta de tiempo para el ocio, la familia o los estudios, y normalmente sufren de cierto descontrol derivado de la exigencia de la actividad pública, el estrés y las situaciones de presión a las que se encuentran sometidos en determinadas circunstancias. Las campañas electorales son momentos críticos para cualquier organización política porque ahí es donde se juega la gloria. Quienes participan en las campañas (candidatos, jefes de campaña, el equipo e incluso los militantes y voluntarios) sufren un enorme desgaste y sobreesfuerzo para los que hay que estar preparados.

La preparación física y mental de unas personas dedicadas a la política se antoja casi imprescindible, no sólo para poder sobrellevar ese estresante estilo de vida, sino para transmitir a los ciudadanos una imagen saludable, fresca y cargada de energía, justo lo que se necesita para desenvolverse con eficacia en los asuntos públicos.

La práctica deportiva de los políticos muestra el lado más humano del personaje

Un político es como un deportista de élite que durante unos años de su vida se bate el cobre en competiciones de máximo nivel con rivales que también lo están dando todo para subirse al podio. Una prueba deportiva es como el día D para un político, el momento culmen tras meses de entrenamiento. Al igual que un deportista, un político debe estar preparado física y mentalmente para la gran prueba que es una campaña electoral. No es una actividad más, sino que la vida del político tiene que estar organizada para hacer frente a ese enorme desafío, con disciplina y una adecuada administración del tiempo.

La política no tiene que estar reñida con la vida saludable, y el deporte debiera tener un hueco en las agendas. De hecho, una imagen saludable puede incluso llegar a influir en quienes deciden su voto en el último momento, los llamados indecisos. Nos resulta muy familiar ver en la televisión a los candidatos entregados al deporte durante la jornada de reflexión, intentando transmitirnos una imagen saludable y una actitud competitiva y de fortaleza para afrontar los retos.

Adolfo Suárez hizo construir una pista de tenis en La Moncloa; junto a ella Aznar levantó una cancha de pádel -aunque también corría y levantaba pesas con fruición como muestran sus abdominales-. Zapatero instaló una pista de baloncesto en el complejo presidencial, y también practicaba running. Es famosa la foto del presidente español corriendo por un parque con el primer ministro británico David Cameron en la cumbre del G-20 celebrada en Seúl. Muy aficionado al ciclismo y al Marca, Rajoy solía combinar durante su mandado cinta y elíptica, si bien son muy recurrentes las imágenes del popular durante sus caminatas a paso ligero por parajes gallegos.

A Pedro Sánchez, que recién instalado en La Moncloa lo pudimos ver corriendo y estirando por su nueva residencia, jugó en su juventud en el Estudiantes y no ha abandonado la afición por la canasta. Albert Rivera fue jugador de waterpolo y practica la natación; Pablo Iglesias también es aficionado a correr por Vallecas y ahora lo hace en su cinta; y Alberto Garzón practica fútbol 7, fútbol sala y ajedrez.

El running es, por sus muchos beneficios para la mente y el cuerpo, una de las actividades deportivas preferidas por los políticos de todo el mundo. Correr está muy bien visto, porque, además de ser un antídoto contra el estrés y un deporte muy exigente, encaja a la perfección con la vida saludable y la buena imagen a la que aspiran los mandatarios. George W. Bush, George Bush padre, Bill Clinton, Barak Obama y el gobernador de California Arnold Schwarzenegger, entre otros, también se calzaron las zapatillas.

No podemos decir lo mismo de Donald Trump nuevamente un ejemplo de lo que no hay que hacer. El todopoderoso presidente se despierta alrededor de las 5:30 de la mañana y comienza a trabajar a las 9:30. Durante esas cuatro valiosísimas primeras horas de la mañana, ve la televisión en el dormitorio principal de la Casa Blanca mientras bebe mucha Coca Cola. Cargado de la energía o de la furia que le han proporcionado las noticias y recostado sobre cojines, coge su iPhone y empieza a tuitear. Las consecuencias podemos verlas cada día en el telediario.

La rutina matinal de Donald Trump es su arma mortal de autodestrucción política, en opinión del consultor Daniel Eskivel, quien considera que durante las cuatro primeras horas del día el presidente acumula al menos cinco efectos negativos sobre: su salud física, su estabilidad emocional, su toma de decisiones, su agenda política y sobre todo su equipo de gobierno. Cómo gestionar el principio de la jornada del político es crucial para gestionar el tiempo, las energías y las tareas a las que debe enfrentarse.

La salud también es aprovechada como reclamo programático en campañas electorales para captar votos. En las elecciones a la Duma Estatal celebradas en septiembre de 2016, el candidato de Rusia Unida, Guennadi Oníschenko, se presentó con el eslogan ¡Haz una elección sana!, basando su campaña en la promoción de un estilo saludable y para luchar contra el mal endémico de este país, el alcoholismo. Oníschenko organizó un original flashmob llamado #CuidoDeMiHígado e instaló un hígado humano gigante al noroeste de Moscú para que los transeúntes pudieran abrazarlo.

En la actualidad, la sociedad ha desarrollado una conciencia muy exigente sobre el cuidado del medio ambiente y el bienestar de las personas. La práctica deportiva de los políticos muestra el lado más humano del personaje y el elector lo ve con simpatía, sintiéndose identificado con unos valores muy extendidos. El político saludable es una garantía de confianza, porque los comportamientos sanos se relacionan con una gestión también saludable.

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