Huelva

Iriondo expande su virus positivo a los onubenses

  • Evitar la aparición del “okupa” en el cerebro para no influir en la confianza es la máxima para el motivador

  • Hasta 800 personas abarrotaron la Casa Colón

Ponencia de Javier Iriondo en la Casa Colón. Ponencia de Javier Iriondo en la Casa Colón.

Ponencia de Javier Iriondo en la Casa Colón. / Josué Correa (Huelva)

“Cada vez que hay miedo, la vida te da la posibilidad de superarte”. Esta era una de las ideas que expresaba Javier Iriondo ante los 800 onubenses que se congregaron en el emblemático auditorio de la Casa Colón. El reconocido motivador movía su conferencia en torno a la confianza de la persona en sí mismo, de modo que la creencia de la necesidad de la seguridad en todas las acciones se antoja como un obstáculo para el disfrute del presente.

Esta ponencia trasladaba a Mentes Expertas, el mayor tour emocional - conducido por Pedro Cornejo y María Zambrana -, por segunda vez a la capital onubense, después de que en marzo la Casa Colón se abarrotase para recibir a Víctor Küppers. En este sentido, CSIF ha sido, nuevamente, uno de los artífices de la vuelta de Mentes Expertas, con quien colabora activamente.

A través de las divertidas dinámicas grupales, experiencias propias y ajenas y una oratoria cautivadora, Javier Iriondo consiguió despertar en los onubenses ese valor empático que, a veces, se esconde para justificar “la imposibilidad de realizar alguna acción".

La consecución de los sueños es la máxima que reinaba en las cabezas de los asistentes a la ponencia. Para frenar ese deseo, según Iriondo, siempre hay un “okupa en nuestro cerebro”, quien machaca y pone obstáculos. En Europa occidental reside el mismo miedo en todas las personas, el miedo al fracaso, alimentado por ese “okupa”, del que tanto hincapié hizo el motivador. Sin embargo, el miedo “absurdo” que paraliza los sueños es inexistente, pues “lo verdaderamente real son únicamente los peligros a los que se enfrentan las personas”, los cuáles pueden “esquivarse”.

El entorno juega un papel trascendental en la consecución de los objetivos de las personas, quiénes están expuestos continuamente a los pensamientos de familiares, expectactivas de los amigos o a la información que proporciona cada medio de comunicación. Aquí, precisamente, entra en juego el miedo al fracaso, pues “siempre intentamos impresionar con nuestros actos al que está delante", sostenía Iriondo. Esta necesidad de contentar al resto lleva inherente una sensación de frustración en cuánto el máximo potencial que se puede llegar se aleja. Contra ello, para el motivador “el enfoque” es el arma principal, pues es el ser humano quien debe imponer sus pensamientos positivos al “monstruo” que quiere sacar a la luz los miedos.

Para ello, la toma de decisiones debe ocupar un lugar privilegiado, pues haciendo una analogía con la cantidad de gasolina que se gasta con el despegue de un cohete, el primer paso para una decisión firme “siempre es el más difícil”, si bien es cierto que “el compromiso debe mantenerse durante el tiempo que dure nuestro sueño”.

Otra de las ideas que difundía Javier Iriondo era la necesidad de encontrar el por qué de una meta, pues es fundamental “centrarse en un objetivo sin que el okupa vuelva a salir a flote” para tergiversar los pensamientos.

La ponencia de Iriondo era precedida por el discurso de Susana Domínguez, una mujer onubense que “deseosa de ayudar a la gente a conocerse a sí mismo”, decidió dejar atrás el mundo empresarial en el que estaba envuelta. Para ella “cada uno tiene su visión” y la empatía y la comprensión son dos valores que deben estar presentes en las personas. Como si de un banco de peces se tratara, el ser humano debe reforzar “sus habilidades de comunicación”, puesto que siempre se tiende a la creencia de que se visualiza el mismo objetivo, “sin reparar en la interpretación de cada uno”.

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