‘WAR ROOM’

Época de renacimiento en las campañas electorales

  • La idea de cambio a la que una vez más apelan los partidos de la oposición confronta con el concepto de miedo (a las derechas) al que apela el Gobierno

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Época de renacimiento en las campañas electorales

Dentro de una semana estaremos frente a las urnas para decidir al próximo gobierno de España. Más de un cuarenta por ciento de los votantes aún no sabe qué hará. Y ante este panorama incierto, las campañas electorales vuelven a cobrar protagonismo por su importancia en la decisión del voto, una tendencia global que también comienza a afianzarse en España.

No hay dos campañas iguales. Cada una de ellas tiene sus propias circunstancias y peculiaridades. Y, de hecho, estamos viviendo una de las más imprevisibles de nuestro país. Un 11,5 por ciento de los electores va a esperar a esta última semana para decidir su voto, y un 4 por ciento lo hará el mismo día de las elecciones. Se trata de un volumen importante de electores que pueden tener influencia sobre quién gana o quién tiene opciones para gobernar y, por tanto, los líderes políticos aprovechan hasta el último suspiro para intentar llevarse ese voto, manteniendo la campaña electoral viva hasta el final.

No es excepcional que un elevado número de votantes no tenga aún decidido su voto. La indecisión alcanza a un 42% de quienes piensan participar, según el último sondeo preelectoral del CIS. Son 10 puntos más que en 2016 y los mismos que en 2015, las primeras elecciones con escaños para Podemos y Ciudadanos. El elemento diferenciador con respecto a anteriores comicios no son los indecisos, sino que quienes afirman tener decidido su voto (en el momento de la realización del sondeo) han podido ya cambiarlo o pueden hacerlo a última hora porque consideran atractivas las opciones “hermanas”.

A esta peculiar circunstancia se añaden otros factores también novedosos, como el nuevo sistema de partidos que estamos estrenando con la fragmentación de la derecha. Donde antes había un solo gran partido, ahora hay tres formaciones políticas luchando por este espacio, todas ellas con muchas posibilidades de conseguir escaños en circunscripciones pequeñas y medianas, por lo que es muy difícil activar el voto útil. Esto explica las grandes horquillas que entre el valor máximo y el mínimo obtienen partidos como PP o PSOE.

Ante este convulso panorama, los partidos políticos afrontan la última semana de campaña afinando mensajes y estrategias para convencer y persuadir a los electores en medio de un panorama aún muy abierto. Tres de cada diez votantes están pendientes de las estrategias de la campaña electoral para decidir su voto, lo que las vuelve a convertir en un elemento clave a la hora de acudir a las urnas. En opinión del experto Antoni Gutiérrez-Rubí en estas elecciones “votaremos con las papeletas y con el móvil en la mano. Y hasta el último segundo un meme, un vídeo, una noticia –falsa o no-, una foto o un tracking electoral podrán decantar el voto. No es que haya voto oculto, simplemente es que hay voto al límite”.

La realidad es que vivimos en un estado de campaña permanente, pero en estos momentos de contienda electoral es cuando los electores están más atentos a la actualidad política y parecen involucrarse más en los asuntos públicos. En ese clima, donde todo transcurre a gran velocidad y casi sin tiempo ni ambiente para la reflexión, los partidos intentan conseguir en sus votantes algunos de los cuatro efectos que tienen las campañas sobre el electorado: reforzar a los electores propios, activar a los indecisos, convertir a posibles votantes de otras fuerzas y desmovilizar a los que iban a apoyar al rival.

Cambio versus miedo

La inteligencia artificial, las redes sociales y el mundo virtual en el que ahora se desenvuelven las campañas no han modificado, sin embargo, las motivaciones que utilizan los partidos como reclamo para las urnas. La idea de cambio a la que una vez más apelan los partidos de la oposición confronta con el concepto de miedo (a las derechas) al que apela el Gobierno. El binomio cambio/miedo vuelve a estar presente como una constante en la política española.

Otro factor que tampoco cambia es el motor que activa el cerebro de los votantes: los problemas. Los partidos son conscientes de que, para conectar con el votante, hay que conectar con sus problemas. Tal como afirma el psicólogo Daniel Eskivel, “la primera necesidad psicológica de los votantes con respecto a la política es ver sus problemas reflejados en el discurso y en la acción de los partidos políticos, candidatos y gobiernos. Los problemas cambian, pero esa necesidad psicológica sigue instalada”.

Pensar en los problemas de los ciudadanos es una receta básica en cualquier campaña pero, desafortunadamente, en muchas ocasiones los partidos confunden sus propios problemas con los de los ciudadanos. La desconexión de la realidad es un gravísimo error que en política se cobra muchas víctimas.

Para que éstas u otras circunstancias igualmente letales para un partido no ocurran, los partidos no deben tomarse con ligereza la organización de una campaña electoral. La clave del éxito es contar con profesionales especializados capaces de desarrollar técnicas cada vez más complejas.

Las campañas electorales son importantes en la decisión del voto y el resultado de las mismas depende de si han sido buenas o malas. Una campaña poco brillante pero estratégicamente bien planteada puede resultar ganadora, pero “que nadie intente hacer lo contrario”, advierte el consultor Xavier Domínguez: “una campaña bien organizada será mucho más contundente que una campaña brillante. Claro está que combinar lo brillante y la organización supone que tienes en tus manos una campaña ganadora”.

Sea cual sea la estrategia elegida, tanto si es de perfil bajo como de estridencia, los líderes se están dejando la piel en esta campaña porque, como decía Giulio Andreotti, “el poder desgasta, sobre todo al que no lo tiene”.

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