Huelva

Cruz Roja. Calor humano en Huelva para las noches frías

  • La Unidad de Emergencia Social refuerza su servicio para atender a diario a las personas que no tienen hogar ante la fuerte bajada de las temperaturas

La Unidad de Emergencia Social emprende su recorrido para atender a las personas sin hogar en Huelva. La Unidad de Emergencia Social emprende su recorrido para atender a las personas sin hogar en Huelva.

La Unidad de Emergencia Social emprende su recorrido para atender a las personas sin hogar en Huelva. / Alberto Domínguez (Huelva)

“La noche es dura”, dice Lorenzo Ramírez, coordinador de la Unidad de Emergencia Social (UES) de la Cruz Roja. “La noche crea complicidad”, considera el voluntario Mario Domínguez. Pero la noche en las últimas semanas es sobre todo fría. Por eso, este grupo que actúa dentro del Programa de Atención Integral a las Personas sin hogar de la ONG ha reforzado en Huelva su servicio de tres días a la semana a todos los días para atender a los usuarios que lo necesiten.

Antes

Las calles de la ciudad parecen vaciarse pero hay personas que se quedan, invisibles para casi todos pero no para la Unidad de Emergencia Social. Cada noche, un grupo de dos o tres voluntarios se desplazan al espacio que tienen habilitado como cocina y almacén para calentar bebidas como leche o caldo y preparar los bocadillos y la bollería, según de lo que dispongan cada día. Estos preparativos incluyen también desde diciembre prendas para combatir el frío como sacos, mantas, gorros, guantes y también las mascarillas. Una vez cargada la furgoneta, parten a eso de las nueve de la noche para arrancar con un itinerario que puede prolongarse hasta la una o las dos de la madrugada.

Dos voluntarios de la Unidad de Emergencia Social preparan el itinerario antes de salir. Dos voluntarios de la Unidad de Emergencia Social preparan el itinerario antes de salir.

Dos voluntarios de la Unidad de Emergencia Social preparan el itinerario antes de salir. / Alberto Domínguez (Huelva)

Lorenzo está vinculado a Cruz Roja desde 1998 y antes de coordinar las emergencias también ha integrado el departamento de Formación y la organización de cursos. En la actualidad se dedica al Socorro y la Emergencia Social, “uno de los proyectos más bonitos porque está destinado al colectivo más vulnerable, todo lo que tienen les cabe en una mochila”. Su dedicación tiene lugar desde dentro y desde fuera, en una actividad también muy afectada por la pandemia. El grupo está formado por unos treinta activos con una edad media de los treinta para arriba. También a ellos la Covid les ha impuesto nuevas reglas. Además de facilitar material higiénico sanitario, antes de la pandemia salían en un grupo formado por cuatro o cinco voluntarios en un vehículo, ahora van un máximo de tres.

Durante

Arranca la furgoneta para cubrir un itinerario más o menos similar aunque, explica Lorenzo, “hay gente que llama para dar avisos, se toma nota y lo facilitamos a los voluntarios y si es necesario se readapta el recorrido”.

Los voluntarios saben dónde hallar a los usuarios, que “suelen estar en cajeros o soportales que usan como refugio para no molestar”. Mario Domínguez lleva tres meses en la unidad procedente de otros voluntariados más relacionados con el medio ambiente y percibe “vidas paralelas aunque no son ni peores ni mejores; muchas veces se pasa por su lado sin prestar atención, pero no nos imaginamos hasta qué punto son iguales”. Para él, los voluntarios son “el nexo de unión” con el resto de una sociedad que no les ve, “viven en un mundo aparte y somos su nexo”.

Calentando la leche que trasladarán en termos para repartirla a las personas que están de noche en la calle. Calentando la leche que trasladarán en termos para repartirla a las personas que están de noche en la calle.

Calentando la leche que trasladarán en termos para repartirla a las personas que están de noche en la calle. / Alberto Domínguez (Huelva)

“En la mayoría de los casos, no me esperaba esa relación, nos tratan casi como si nos conocieran de toda la vida”, explica Mario, y es que los voluntarios les llevan calor no sólo con el caldo, “sino el que les aportas hablándoles con un interés sincero”.

Vicky es veterana, lleva dos y medio en la unidad y lamenta que a los usuarios sólo se les recuerda “cuando hace frío, pero no en verano”. No obstante, admite que “el invierno es muy duro” y por eso ”muchas veces no quieren alimentos sino simplemente esa conversación”.

Y así se va creando un vínculo, una confianza mutua por la que “nos cuentan sus problemáticas”, explica Vicky. También llevan a cabo una labor de mediación, “nos piden que llamemos nosotros si necesitan alguna ayuda”, incluso “a algunos les hemos sacado de la calle”. Otros, prosigue, “se aferran a ese modo de vida, se han acostumbrado a vivir así y no lo quieren dejar”.

El voluntario Mario Domínguez carga algunos de los alimentos en la furgoneta antes de partir. El voluntario Mario Domínguez carga algunos de los alimentos en la furgoneta antes de partir.

El voluntario Mario Domínguez carga algunos de los alimentos en la furgoneta antes de partir. / Alberto Domínguez (Huelva)

Lorenzo coincide en que “se crea una relación. Al principio son más reservados y hay que ganar su confianza, se van abriendo y cuentan detalles de su vida. Al final te están esperando y cuando un día no has podido ir, al día siguiente te preguntan por tu ausencia”.

“Tienen más confianza con nosotros que con la Policía o con Protección Civil, que también les ayudan mucho”, apunta Vicky. Hay ocasiones en las que tienen discusiones entre ellos que degeneran en lesiones. En esos casos, “llamamos a los servicios sanitario al verlos en muy malas condiciones”, señala Lorenzo. Como en todas las relaciones se crea un interés recíproco “y cuando los dejas de ver te preocupas”, cuenta Vicky. En esos casos, “preguntamos a los demás, que se conocen y nos dan referencias, cuando esa ausencia es para bien, nos alegramos mucho”.

Después

Cuando acaba el recorrido, se deja el vehículo en la sede de la asamblea de la Cruz Roja junto al material sobrante para que lo recoja el responsable del almacén. Los voluntarios vuelven a sus casas y entonces “muchos se sienten mal al regresar y ver que tienen su ducha caliente y su colchón”, cuenta Lorenzo. Es lo que le ocurre a Mario, que confiesa que su labor le “aporta cierta sensación de culpabilidad, al sentirme realizado porque otro lo está necesitando”.

Una voluntaria guarda los sacos y demás prendas de abrigo para calmar el frío de los usuarios. Una voluntaria guarda los sacos y demás prendas de abrigo para calmar el frío de los usuarios.

Una voluntaria guarda los sacos y demás prendas de abrigo para calmar el frío de los usuarios. / Alberto Domínguez (Huelva)

Vicky recuerda la dureza de sus primeras salidas, “los primeros días volvía malísima a mi casa al ver mi techo y mi ducha, hasta el punto de que mi madre me dijo que o cambiaba, o no salía más. Así que al final lo asimilas. Es duro para los que salimos”.

A pesar de estos malos ratos por entrar en contacto con plena conciencia en una realidad incómoda para casi todos, reivindican su labor. “Es de las cosas más altruistas, muy oculta y desinteresada que nos cuesta tiempo y dinero porque no todos vivimos en la ciudad, pero no he visto nunca a ni un solo compañero que se haga fotitos”, defiende Mario.

Lorenzo, Mario y Vicky son tres ejemplos de una labor callada sobre cuya dureza coinciden, tres piezas de “una imagen muy vinculada a Cruz Roja”, declara Lorenzo. Un salvavidas para muchos aunque como dice la voluntaria Vicky, “ojalá este servicio no existiera”.

Miembros de la Unidad de Emergencia Social de Cruz Roja en Huelva antes de su itinerario nocturno. Miembros de la Unidad de Emergencia Social de Cruz Roja en Huelva antes de su itinerario nocturno.

Miembros de la Unidad de Emergencia Social de Cruz Roja en Huelva antes de su itinerario nocturno. / Alberto Domínguez (Huelva)

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