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El Consejo planta cara a los insultos en las redes

  • La próxima semana se celebrará un juicio por unas descalificaciones en Facebook

  • Pretende corregir una práctica lejana a lo que debe ser un cofrade

Un cortejo procesional durante su recorrido en la Semana Santa Onubense. Un cortejo procesional durante su recorrido en la Semana Santa Onubense.

Un cortejo procesional durante su recorrido en la Semana Santa Onubense. / HI

No está dispuesta la junta de gobierno del Consejo de Hermandades a los insultos en las redes sociales. Nada puede ser gratuito. La próxima semana se verá el juicio por una querella presentada ante lo que considera insultos contra la institución publicada en las redes sociales y las personas que la representan.

Las redes sociales son un buen instrumento de comunicación hasta que se convierten en un vulgar patio de vecinos. A las hermandades le ha beneficiado mucho y ahorrado bastante en lo económico, pues algunas solo utilizan sus Facebook, las páginas web o los correos electrónicos para la comunicación con los hermanos. Los boletines dejaron la era del papel por lo digital. Así las cosas, estar conectado se convierte en un canal que permite la cercanía entre los hermanos.

Las redes sociales, como la propia Iglesia reconoce, pueden constituir un instrumento positivo siempre y cuando su uso sea correcto.

Pero parece que eso no es lo que está ocurriendo. Las redes sociales se convierten en el desahogo de mucho frustrado en las cofradías. De aquellos que no son nadie sino llevan una varita y mucho menos sino está criticando el rostrillo, la marcha que estrenó tal hermandad o la petalada que le hicieron a tal Virgen que nada tiene que ver con la suya. Ahí las cosas a cualquiera lo pueden despellejar vivo, pues detrás del internet en estos casos lo que se esconde es la cobardía y, por su puesto, alguien que no tiene sitio en las hermandades.

Pero este es un camino que lejos de ir a menos cada vez prolifera más y la insistencia de estos nuevos ilustrados no hay quienes los callen si no se toma partido como hace ahora la junta del Consejo. No hay que soportarlo todo, se debe dar respuesta contundente.

Así las cosas estos energúmenos de internet se dedican a despachar a diestro y siniestro y si no estás en su grupo radical, pues pasan a crucificarte cual romano despiadado de temido oficio en la Vía Apia.

Este mundillo, que en el fondo es bastante cobardote, cuando no están de acuerdo con la opinión de otro no se conforman en exponer la suya. Eso quizás sea lo de menos, porque no tienen criterio, son de mente plana y de encaje barato. Así que se dedican a asaetear al vecino. Y no contento con esto pues como son tan demócratas y escuchan a tantas personas pues le acaban bloqueando en sus tertulias on line. ¡Viva la pluralidad! Es como en la etapa del dictador, que purgaba a los periodistas e informadores que, por cierto, nada tienen que ver con tertulias y otras historias de este patio de vecindonas en el que tienen convertido el Facebook.

Esas risas y guasas que, por ejemplo, proliferó como una sátira hacia una dolorosa de nuestra Semana Santa hace unos meses llevó a una hermandad a denunciar el tema públicamente y exigir el reparo que se le hizo a su devoción. Actuó muy bien la Hermandad de la Esperanza. Lo que se espera, como así prometió, es que la respuesta adecuada de la otra hermandad que se vio en este lío se traduzca en hechos. ¿O se corrió un tupido velo? ¿Qué vamos a ver el Miércoles Santo? Aquí sobran los folcloristas de internet.

Ahora es la junta del Consejo de Hermandades la que da un paso más y lleva a los juzgados los insultos que un presunto cofrade hace en las redes sociales. La junta del Consejo de Hermandades entiende que es momento de ponerle freno a esta situación en la que no todo vale y que no se puede consentir estos descalificativos que se pueden ver, leer y escuchar en las redes sociales. Porque como bien quiere dejar patente, quienes llevan este camino no pueden considerarse en ningún momento cofrades.

Es un primer paso para no permitir insultos en las redes sociales ni en ningún otro sitio. Hay mucho energúmeno disfrazado de cofrade y a esos hay que quitarles el antifaz; algunos instalados incluso en juntas de gobierno. En los cursillos de formación de la Delegación de Hermandades habría que incluir uno que fuera el de la buena educación y conductas cristianas. Lo que ha hecho la junta del Consejo de Hermandades lo deberá seguir las hermandades que se vean afectadas por casos similares. Es hora de alzar la voz y, si hace falta, llegar hasta los juzgados de la Alameda Sundheim. Las instituciones cofrades no pueden permitir insultos.

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