Huelva

Caluroso recibimiento al Simpecado de Almonte

  • El pueblo de Almonte fue acogido con muestras de fraternidad y agradecimiento

El Simpecado de la Hermandad del Rocío de Almonte, delante de la fachada de la Santa Iglesia Catedral de Huelva. El Simpecado de la Hermandad del Rocío de Almonte, delante de la fachada de la Santa Iglesia Catedral de Huelva.

El Simpecado de la Hermandad del Rocío de Almonte, delante de la fachada de la Santa Iglesia Catedral de Huelva. / reportaje gráfico: Josué Correa · canterla

La presencia del Simpecado de Almonte en las calles de Huelva fue acogida con inusitado afecto. Un cariño como esos momentos que los rocieros onubenses sienten cuando la Virgen del Rocío visita a Huelva y a Emigrantes en la mañana del Lunes de Pentecostés.

Llegó a la hora del Ángelus a la Santa Iglesia Catedral, todo un acontecimiento por la importancia devocional que El Rocío tiene en la Diócesis. Vivas y aplausos, rezo de la Salve cuando se entronizó en el altar mayor, acompañado de los simpecados de Huelva y Emigrantes, que son las convocantes de este encuentro rocieros, junto con las de Madrid, Córdoba y Toledo.

Desde la Santa Iglesia Catedral salen juntos Almonte, Huelva y Emigrantes

Una mañana y una tarde para estar con el Simpecado. Llegada la hora de la salida se anunciaban con la melodía de las campanas del barroco mercedario y los cohetes. Los tamborileros en el porche anuncian un Rocío de siempre, el que vive cada día, y dejaban llevarse a los caminos y a la aldea junto a la Virgen del Rocío que está en el corazón de cada uno. Es la expresión del Rocío de todo un año, que se vive ahora por las hermandades de la provincia en la capital.

Los alrededores de la Catedral estaban expectantes a la salida. Aplausos a los simpecados desde Toledo, que fue el primero. Emigrantes y Huelva esperaron al Simpecado de Almonte en el dintel de la puerta. Aquel fue un momento muy especial al ver a los tres simpecados salir al unísono, lo que marca la fraternidad entre los pueblos de Almonte y Huelva. Eso es lo que se vivió entre aplausos y vivas a la Madre de Dios por todo el camino hasta la Concepción.

La llegada estuvo acogida por miles de personas, que se agolpaban junto a la parroquia de la Concepción. A la llegada se le cantaba: "como los almonteños, Paloma, no hay quien te lleve". Aplausos incontenidos en un mar de devoción. Constituyó uno de los grandes momentos de esta jornada cuando a las puertas de la parroquia de la Purísima Concepción el Simpecado almonteño se dio la vuelta mirando a los onubenses para entrar en el templo que presidió hasta la salida del rosario.

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