Apuntes de cabildo

El Rocío de toda Huelva

  • La presencia del Simpecado de Almonte en la Catedral junto con el resto de hermandades, resulta una reafirmación de comunión con la iglesia diocesana

El Encuentro de Hermandades Rocieras ha dejado estampas únicas con la presencia de todos los simpecados de la provincia. El Encuentro de Hermandades Rocieras ha dejado estampas únicas con la presencia de todos los simpecados de la provincia.

El Encuentro de Hermandades Rocieras ha dejado estampas únicas con la presencia de todos los simpecados de la provincia. / josué correa

Resultó una forma muy hermosa de iniciar de manera solemne los actos de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío en Huelva. Es como si estuviésemos aún en esa apertura grandiosa que tuvo lugar el día de la Natividad de la Virgen con la salida extraordinaria de la Blanca Paloma por su aldea, en anuncio de lo que va a significar este año para la devoción almonteña. Una invitación al gozo de un tiempo que se presume muy especial y que arranca amparado con el recuerdo del veinticinco aniversario de la visita de San Juan Pablo II a esta Diócesis, orando ante la Blanca Paloma. Es el Papa que dijo "que todo el mundo sea rociero".

Este Encuentro de Hermandades constituía, por tanto, a los ojos de la devoción rociera de la provincia de Huelva la apertura colectiva de un tiempo de gracia. Una ocasión, sin lugar a dudas, de satisfacción para la Hermandad Matriz de Almonte de ver reunidos a los simpecados de esta provincia, en una visión única alrededor del suyo, que es a su vez el de todos. Esto habla mucho de comunión diocesana, de aunar esfuerzos para que sean cauces de voz clara y rotunda ante los muchos vaivenes de la sociedad que tiran de un lado y otro, pero que no pueden arrastrar la devoción de este pueblo.

Por ello, la presencia del Simpecado de Almonte, con lo que representa, unido a hermandades con gran peso específico en la romería por lo que arrastran de devoción, como son Huelva y Emigrantes, fue determinante en esta reafirmación rociera.

La principal devoción mariana de la provincia, aunque en esto nos quedamos muy cortos por su dimensión nacional e internacional, se cobijó bajo las naves de la Santa Iglesia Catedral. Las fotografías las guardaremos como hecho histórico, pero lo que no se puede meter en el cajón del recuerdo es el significado de esta presencia. Estos gestos, implicaciones y compromisos se deben repetir. Aquí nadie vive aislado, sino que en la particularidad de cada realidad social, de cada pueblo y en la hermosura de las advocaciones a nuestra vírgenes, se les llama al compromiso de unidad de Iglesia.

Tuvo mucha fuerza la presencia del Simpecado de Almonte por las calles de Huelva arropado por todos los de la provincia.

Por donde iba descargaba una fuerza muy especial, era un punto de atracción, por lo que resultaba muy difícil no sentir nada.

El Simpecado tiene esa fuerza, la de mostrar fuera de su iglesia el rostro de la Madre de Dios. Un estandarte tan significativo en lo que representa: Sin pecado concebida. Y le quedaba una segunda parada para iniciar el santo rosario. Almonte era acogida en el primer templo dedicado en España a la Inmaculada Concepción, en el corazón de Huelva.

Es la fuerza espiritual de una provincia que debe ser canalizada en la cercanía y en la fraternidad, como se pudo comprobar en cada paso que iban dando los simpecados.

Huelva se desvivió. Desde la Santa Iglesia Catedral, en el corazón del populoso barrio de la Merced; al Sagrado Corazón de Jesús, en El Polvorín; a la de San Pedro, en el histórico barrio de San Sebastián; hasta la misma collación del centro, desde Estrella del Mar a la Concepción.

Momentos únicos de exaltación rociera y qué mejor que las sevillanas de Juan Francisco Muñoz y Pavón para resumir tantas sensaciones en este inicio de los actos de la coronación canónica: "Pomo de aromas, lirio de las marismas, Blanca Paloma".

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