Festival de Málaga. Cine en Español Pulso para una transición

  • El Festival de Málaga inaugura una nueva edición marcada por la incertidumbre de la industria ante los nuevos formatos de proyección y distribución y su evaluación como escaparate del sector y cita cultural

Alfombra roja y ambiente previo en la calle Alcazabilla, este jueves. Alfombra roja y ambiente previo en la calle Alcazabilla, este jueves.

Alfombra roja y ambiente previo en la calle Alcazabilla, este jueves. / Javier Albiñana (Málaga)

Aunque la comparación implique tal vez ir demasiado lejos, se puede decir que al Festival de Málaga le sucede como al Vaticano: el negocio al que está consagrado se empeña en transformarse y en reclamar reformas urgentes mientras él mismo lo tiene difícil para responder a los cambios con igual celeridad y determinación. Si el certamen ha hecho tradicionalmente gala de su vocación de servir de foto fija al cine español o en español, de escaparate versátil en el que tengan su hueco lo bueno y lo menos bueno, ahora el cine español (como cualquier otro) es un sistema múltiple que, a falta de una industria verdaderamente consolidada (y esto sí es un signo propio de la cinematografía patria), busca sus oportunidades donde quiera que se presenten a tiro, ya sea en la televisión tradicional, en el streaming, en el documental más urgente o en el formato más imprevisible. Y servir de foto fija a todo esto es una cuestión peliaguda. En todo caso, ante el debate urdido en otros festivales sobre qué hacer con este guirigay, el de Málaga, que abre este viernes una edición, la vigésimo segunda, que se prolongará hasta el día 24, lo tiene claro: entrega absoluta. Si el año pasado ya asomó Netflix la patita con Las leyes de la termodinámica de Mateo Gil, este año campa a sus anchas con producciones como ¿A quién te llevarías a una isla desierta? de Jota Linares y A pesar de todo de Gabriela Tagliavini. Y si las series de televisión han ganado especial protagonismo en los últimos años, la sección Málaga Premiere se erige ahora como contenedor idóneo con los Gigantes de Enrique Urbizu y hasta con lo nuevo de Cuéntame, que ya es decir. Ergo, parece que aquí la adaptación se ha hecho por acumulación: todo el mundo es bienvenido. Otra cosa es que lo que se promociona como ambición multidisplinar responda, más bien, a una conformidad acrítica a modo de relleno.

Preparativos en el Teatro Cervantes. Preparativos en el Teatro Cervantes.

Preparativos en el Teatro Cervantes. / Javier Albiñana (Málaga)

De igual modo, habrá que comprobar si la entrega en la Sección Oficial a Concurso de una doble Biznaga de Oro, una para la mejor producción española y otra para la mejor producción latinoamericana, cobra al fin pleno sentido. Hasta ahora, la decisión, ampliamente criticada en su momento, no ha tenido las consecuencias deseadas: el cine Latinoamericano sigue sin tener el peso específico que debería y la marca de festival en español le sigue viniendo al certamen demasiado grande, por más que el año pasado permitiera la llegada de todo un figurón en el apartado de homenajes como Guillermo del Toro. En lo que a competición y a proyección se refiere, la labor por hacer en materia panhispánica es mucha y esta edición debería servir para que se dieran pasos definitivos, si bien, de entrada, la selección de películas a concurso a uno y otro lado del charco invita a tomárselo con calma. Es cierto que para esta nueva edición se presentaron 2.404 películas procedentes de 59 países, un 5% más que en 2018; pero también lo es que, a estas alturas, con veintidós ediciones entre pecho y espalda, debería darse más prioridad al discurso que las cantidades. Sobre todo si se trata, ciertamente, de vertebrar un festival de cine en español.

El certamen aspira a continuar la línea de crecimiento en cuanto a público y recaudación

El certamen, en todo caso, aspira a superar sus cuentas del año pasado, cuando ya se registró un aumento de espectadores del 2,5% y del 5% recaudación (con un total de 152.450 euros) respecto a 2017. Para ello, y para de paso garantizarse un impacto mediático notable, el festival apuesta este año por Dani Rovira tanto para inaugurar como clausurar la edición (con Taxi a Gibraltar y Los Japón respectivamente). En cuanto a las candidatas a hacerse con la Biznaga de Oro, la Sección Oficial presenta trece películas de producción española y otras nueve de América Latina de directores como Fernando Colomo, Santi Amodeo, Salvador Simón, Jota Linares, Mikel Rueda, Inés León, Dani de la Orden, Neus Ballús y algunos viejos conocidos del certamen como Carlos Marqués-Marcet. Julia Gutiérrez Caba, Cecilia Roth, Javier Gutiérrez, Raúl Arévalo y Rafael Cobos, mientras que dos clásicos comparten la designación de Película de Oro en virtud de la doble designación española y latinoamericana: Amanece, que no es poco de José Luis Cuerda y La historia oficial, del argentino Luis Puenzo. El resto de secciones, de Zona Zine a Documentales pasando por los distintos encuentros y presentaciones de proyectos, así como el apartado de industria reservado al Mafiz, se mantienen en sus puestos. Resultará extraño, en todo caso, que el día 22, en pleno desarrollo del festival, llegue a las salas la nueva película de Pedro Almodóvar, Dolor y gloria, protagonizada por Antonio Banderas, sin una sola mención al respecto en el certamen. Pero sea como sea, toca transición. A mejor, claro.

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