Martin Eden El rescate de una persona a través de la cultura

  • Pietro Marcello estrena 'Martin Eden', su hermosa y trágica versión libre de la autobiografía de Jack London

El cineasta italiano Pietro Marcello (Caserta, 1976). El cineasta italiano Pietro Marcello (Caserta, 1976).

El cineasta italiano Pietro Marcello (Caserta, 1976). / Víctor Rodríguez

Parábola sobre la lucha de clases a la vez que hermosa, amarga y libre adaptación de la novela autobiográfica de Jack London, Martin Eden es la obra más ambiciosa del cineasta italiano Pietro Marcello (Caserta, 1976) y una de las firmes candidatas al Giraldillo de Oro del Festival de Sevilla tras el éxito obtenido en la Mostra de Venecia, donde su intérprete Luca Marinelli se llevó la Copa Volpi por este papel. Un joven humilde e inocente que se gana la vida trabajando como marinero libra al hijo de un industrial de recibir una paliza y en agradecimiento es invitado a la mansión familiar. Allí conoce a su hermana Elena (Jessica Cressy), se enamora y la convierte en el símbolo de su amor y sus aspiraciones culturales. Con un enorme esfuerzo Martin Eden se empeña en superar sus orígenes para instruirse y convertirse en escritor pero su periplo le llevará también a adentrarse en los círculos socialistas y entrar en conflicto con el mundo burgués de su prometida.

Para Pietro Marcello, que ya había dado muestras de su talento de orfebre y su gusto por el material documental en Bella y perdida (2015) y en su canto de amor a Nápoles, La Bocca del Luppo, esta película no intenta poner imágenes a la obra de London, publicada en 1909 y que le regaló cuando cumplió 20 años su gran amigo y guionista del filme Maurizio Braucci. "No somos fanáticos de la transposición de la escritura al cine. La historia del cine está llena de narraciones que no tenían tanto valor y se transformaron en películas maravillosas y al contrario".

Pietro Marcello en el Paseo Marqués de Contadero. Pietro Marcello en el Paseo Marqués de Contadero.

Pietro Marcello en el Paseo Marqués de Contadero. / Víctor Rodríguez

Productor de todas sus películas incluida ésta, "lo que me otorga mayor libertad para combinar un cine más popular con otro más experimental", según explicó en Sevilla, Marcello cree que Martin Eden está en deuda con su trabajo como documentalista, "que me enseñó a enfrentarme a lo imprevisible. Para mí, que soy también operador de cámara, la edición es la parte más noble de la película".

La novela de London sobre un hombre que se hace y se destruye a sí mismo estaba ambientada en Oakland pero él optó por trasladarla a Nápoles. "Yo no soy americano ni tenemos esa literatura de Stevenson, Melville o Conrad pero sí tenemos a Pasolini y el Mediterráneo, que es como una bañera comparado con el Atlántico o el Pacífico. Para mí la mejor manera de ubicar Martin Eden fue traerlo al sur, a Nápoles, aunque en realidad puede llevarse a cualquier parte porque es una historia universal. Habla del rescate de una persona a través de la cultura y mi deseo era cruzar el siglo XX y contar la historia de mi tierra, para lo cual necesitaba los archivos. Martin Eden es un arquetipo, está por todas partes: es el chico que se va de Extremadura a Madrid a probar suerte o el siciliano que intenta alcanzar el norte de Europa y escapar de la miseria".

La impresionante transformación física del personaje principal al que da vida el actor Luca Marinelli es otra baza del proyecto. "Pensé en él desde el principio, desde que escribí el guión. Necesitaba un actor sólido capaz de encarnar cómo un proletario se vuelve un escritor agudo e hice con él un trabajo introspectivo, moral".

Sobre el desenlace de su película, que se estrenará en España en abril, desveló que "también a London le escribía mucha gente diciendo que le había encantado el libro pero no su final. Martin Eden es un personaje muy contemporáneo: el artista que ha perdido el contacto con la realidad y se vuelve víctima de su individualismo. Es lo mismo que está pasando en el cine y las artes. Estamos divididos, solos, y eso se debe a la ausencia de militancia. Todas las corrientes culturales han sido fomentadas por fuertes corrientes sociales. Sin la guerra no hubiéramos tenido el neorrealismo. Pero hoy día en la industria cultural prima la cultura del narcisismo y un influencer tiene más éxito que un profesor".

"Yo creo en el humanismo", afirmó, "no creo en el cinismo del nuevo cine. Hay que arriesgar, cometer errores y realizar películas imperfectas, pero aportar alma. Como decía Gorki tenemos que estar entre la gente y la gente humilde es más simpática e interesante. El desafío es contar algo sobre los ricos, que son más aburridos".

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