Festival de Cine Sevilla

Una fe tenebrosa y agónica

  • Ulrich Seidl cierra la Sección Oficial con la esperada 'Paradise: Faith', una desasosegante y extrema mirada sobre el fanatismo religioso que se hizo con el Gran Premio del Jurado en la pasada Mostra de Venecia.

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Ya en su recta final, el Festival de Cine Europeo acogió ayer la presentación de uno de los títulos más esperados de su Sección Oficial, Paradise: Faith, segunda entrega de la trilogía de Ulrich Seidl, una película que recibió el Gran Premio del Jurado en la última edición de la Mostra de Venecia, donde muchas de sus escenas provocaron un escándalo cuyo eco, probablemente para gran satisfacción del director austriaco, autor de las anteriores Dog Days o Import/Export y desde hace años una de las figuras más laureadas y controvertidas del cine continental, resonó también durante su presentación en el certamen sevillano.

Seidl no pudo acudir a la cita y en su lugar lo hizo Maria Hofstätter, colaboradora habitual del cineasta y protagonista de este asfixiante filme sobre el fundamentalismo religioso en general y el católico en particular, en el que ofrece una actuación que puede calificarse, sin lugar para la equivocación, como extrema. Resultaba casi desconcertante, sólo cinco minutos después de ver la película, encontrarse con esta actriz culta y mesurada, que reconoció haber tenido "grandes dificultades a nivel emocional" para hacer este trabajo.

"Me di cuenta de que yo, no ya como intérprete sino como Maria Hofstätter, no quería ser tan fanática", afirmó la actriz, que en Paradise:Faith encarna a una mujer profundamente sola y desesperada que durante sus vacaciones se entrega a una desquiciada misión de (re)evangelización de Austria que pone en práctica, literalmente, puerta a puerta. Desasosegante, sórdida y por momentos con una perspectiva prácticamente pornográfica del delirio religioso, las estáticas imágenes de la película no escatiman en recursos estridentes, desde flagelaciones hasta orgías entre los arbustos en un parque de pesadilla pasando por un marido musulmán, paralítico, machista y superado por la deriva de su mujer reptando literalmente por el pasillo de su casa, y tan sólo ofrece alguna fuga ocasional en forma de corrientes de un humor helado, entre negro y absurdo.

"Han sido siete años de trabajo", explicó Hofstätter sobre el proyecto Paradise, que Seidl concibió inicialmente como una sola película pero que por la cantidad de metraje acumulado, unas seis horas, dividió al final en tres partes separadas pero relacionadas conceptualmente: Amor, la primera, la presente Fe, y la próxima Esperanza. "Los diálogos son improvisados, por lo que tuve que adquirir el carácter para luego poder rodar libremente y estar preparada para tener respuestas a todas las preguntas", dijo la protagonista.

Para ello, durante una larga temporada, convivió -sin revelar su verdadera condición- con grupos antiabortistas, con miembros de la Legión de María..., una "investigación" de campo tras la cual la intérprete llegó a la conclusión de que "el mundo es un lugar mucho más absurdo" de lo que el cine puede llegar a reflejar. "Nos han acusado de buscar lo exótico o de tener el deseo de provocar, pero en la película no inventamos nada, incluso dejamos fuera las cosas más fuertes", añadió Hofstätter, que, al igual que el director, tuvo una educación "severamente católica", algo que "llega hasta la médula". "Uno no puede darse de baja de eso. Ahora Austria es más liberal y progresista, pero en los años 60, cuando crecimos, el país estaba marcado de manera muy profunda por la Iglesia".

La idea de rodar una película sobre la encarnación más oscura, de hecho tenebrosa, de la fe, surgió tras los atentados del 11-S. "A partir de entonces sólo se hablaba del fundamentalismo islámico. Pero bueno, dijo Ulrich: también existe un fundamentalismo cristiano, católico", explicó la actriz. "En definitiva, sea de una forma u otra, se trata de sistemas cerrados, y cuando una persona actúa de forma fanática, está actuando de forma inhumana, incluso aunque su intención sea hacer del mundo algo mejor, porque por otro lado eso es lo que dicen todos los fanáticos. Todos creen estar mejorando las cosas".

"Para él -continuó la actriz en referencia a la trilogía aún en marcha- el paraíso es casi siempre el infierno, pero eso es porque se toma muy en serio los deseos de las personas. Todos queremos ser amados, todos necesitamos creer y tener esperanza en algo, pero luego para ello se toma un camino u otro, ése es el tema y ahí está muchas veces el problema, que se llega a un sitio distinto". Lo que no hace Seidl, sostuvo la intérprete, es "suministrar moral": "Puede resultar incómodo, pero no designa de forma clara lo bueno y lo malo, en ese sentido deja solo al espectador".

Hofstätter comentó también la polémica causada en Venecia, sobre todo a cuenta de una escena en la que su personaje se masturba con un crucifijo. "Es curioso y dice mucho sobre el catolicismo. Parece que a fin de cuentas es más problemático el amor, el cuerpo, que la violencia", concluyó, en alusión a otra escena en la que metida en su papel golpea ese mismo crucifijo, salvajemente frustrada por la falta de recompensas a su monstruosa abnegación, algo que a ella le parece mucho más insoportable aunque "nadie", dijo, se lo ha reprochado hasta el momento.

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