En corto

El aval es el aspecto

Fernando Simón Fernando Simón

Fernando Simón / M. G. (Madrid)

Nunca antes había tenido tanta fuerza argumental la apariencia sobre el engaño. Si en tiempos pasados cualquier discurso venía reforzado por la clásica pinta del gobernador civil o del gerifalte de sindicatos de turno –con sus gafas de concha y un bigote apenas dibujado sobre el labio–, actualmente, la indumentaria astrosa convierte la disertación en santo evangelio. Es el caso de Fernando Simón al que la progresía de este país ha elevado a los altares, más por sus formas que por sus obras. Cualquiera le lleva la contraria hoy día a uno que salga vestido de esa manera, desaliñado, sin afeitar y con el pelo como si viniera de echar la mañana en Tarifa. Estoy convencido de que los seguidores del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, pasan por alto el rosario de meteduras de pata, errores y negligencias del susodicho porque tiene ese aspecto de vecino moderno que lo mismo te organiza una barbacoa o una cabalgata en las zonas comunes del bloque que encabeza un manifiesto contra la caza de la foca monje en el Ártico. Nada malo puede salir de ahí, es ése el efectivo pensamiento líquido inmediato.

Que si en vez de ir vestido para una jira campestre fuera enchaquetado y encorbatado como mandan los cánones cofradieros la prensa lo hubiera prensado es algo de lo que no me cabe la menor duda. Y si encima cumple el ritual del cincuentañero moderno: segundas nupcias, moto y afición por los deportes adolescentes, apaga y vámonos. Hasta se permite –con su aspecto de duende talludo– el adorno de gastar bromas en medio de su recuento fúnebre diario. El día menos pensado nos suelta una rima con premio en plena rueda prensa si la cifra de muertos termina en cinco. Y es que nunca ha estado mas vigente aquello de que el medio es el discurso y en este caso el aspecto es el mensaje en sí mismo.