Doble fondo

El 'apretao' de Torra sigue apretando

  • La arenga del jefe del 'Govern' a los CDR le está dando demasiados frutos: es un bumerán

El ex lehendakari Juan José Ibarretxe y Quim Torra, durante la 'Marcha de la libertad' que arrancó el miércoles en Gerona y llegará este viernes a Barcelona. El ex lehendakari Juan José Ibarretxe y Quim Torra,  durante la 'Marcha de la libertad' que arrancó el miércoles en Gerona y llegará este viernes a Barcelona.

El ex lehendakari Juan José Ibarretxe y Quim Torra, durante la 'Marcha de la libertad' que arrancó el miércoles en Gerona y llegará este viernes a Barcelona. / David Borrat (EFE)

"¡Apretad, hacéis bien en apretar!". El mensaje a los bizarros Comités de Defensa de la República (CDR) no provenía de uno de los tantos hooligans agazapados en el cobarde anonimato que funcionan a golpe de teclazo en la red, sino de un tal Quim Torra, al cumplirse un año del refereféndum ilegal del 1-0. Con el rapapolvo penal del Supremo, el independentismo trona en las calles, impelido por la consigna de ese activista embutido en el traje de president, que sigue apretando, poniendo en un verdadero aprieto a la convivencia en Cataluña. El apretao jefe del Govern amenaza con más urnas, pero no para celebrar unas elecciones anticipadas como le reclaman sus socios de gobierno de ERC, sino otra contumaz consulta como la que le han costado 99 años de cárcel a seis ex consellers y a la ex presidenta del Parlament

Siempre perseguido por la sombra del prófugo Carles Puigdemont, de un presidente de la Generalitat que no gobierna y que es un mero sosias (un pirómano vicario como dice el gran analista José Aguilar) de otro que está en el exilio (según la pomposa e indignante terminología secesionista), que no ejerce un liderazgo,  que no tiene un hilo conductor, una estrategia sólida... El enorme despiste de Torra, atrapado en el bucle melancólico de la ensoñación independentista del quiero y no puedo, se visualizó con nitidez la medianoche del miércoles. Acojonado ante el olor a pólvora que salía del Palacio de la Moncloa entre una neblina de medidas explosivas flotando en el ambiente como el 155 o la Ley de Seguridad Nacional, el atribulado (que venía de cortar una carretera en una de las Marchas de la libertad) salió casi de madrugada  (tarde...) a la palestra (...y mal) para condenar tibiamente los graves desórdenes públicos de los radicales, que están destrozando la imagen de la sonrisa pacífica que tiene a gala el independentismo para convertirla en una presuntuosa e impotente mueca de desdén altivo y atroz.

La revuelta independentista vaga ahíta de desconcierto sin una clara hoja de ruta (como dicen los modernos), con su incendiaria bicefalia entre Bruselas y Barcelona dando palos (valga la redundancia) de ciego. La violencia se está enseñoreando de las calles catalanas y el seny se va por las cloacas de una estrategia de pret a porter que se sacaron de la manga Torra, Puigdemont y compañía. Hechizando a "ilusionados ciudadanos" con un derecho a decidir que no era sino un "artificio engañoso" para movilizarlos y presionar al Estado. Tribunal Supremo dixit.    

La cadena (no faltan las de los ultras) de tristes acontecimientos que se vienen sucediendo desde este lunes con una sentencia menos dura de lo esperado antes de las filtraciones (los jueces finalmente mandaron a hacer puñetas el delito de rebelión, que habría redoblado las condenas) emponzoña una legítima protesta, que estaba escrita en mármol desde que acabó el juicio. Absolución o lío era (es) el mantra de la Generalitat. Y la movida se articuló con ese artefacto llamado Tsunami Democràtic, que alumbraron las principales fuerzas políticas y sociales del independentismo. Menos claro está si quieren revolucionar al Gobierno de Pedro Sánchez para forzarle a una reacción de democracia bananera (lo que le gustaría ver al apretao un tanque en la Diagonal..., como pide Vox) o si es el independentismo el que debe calmarse y restaurar su difusa  imagen de resistencia pacífica, que se está quedando arruinada esta semana de pasión descontrolada.

Lo que está escrito desde el minuto uno (no precisamente en hielo, como los buenos propósitos de Año Nuevo, que se deshacen según corre el calendario) es la manifiesta incapacidad de liderazgo de Torra. Este jueves tuvo una buena oportunidad de quitarse de encima ante el Parlament el sambenito de esperpento teledirigido, con alguna  propuesta pertinente a la altura de las circunstancias. Nasti de plasti. El president, quizás más obtuso de lo habitual tras su caminata de la Marcha por la libertad con zapatos de tafilete del día anterior, nos dejó otro de sus siniestros sainetes: prometió un nuevo de referéndum de autodeterminación a lo largo de esta legislatura. El apretao sigue apretando, como el tonto que coge el camino, se le acaba... y sigue dale que te pego. 

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