Juicio al 'procés'

Frío en el Supremo

  • Junqueras ni se volvió cuando el 'muy honorable' Torra hacía su entrada en la sala de vistas saludando al banquillo

  • Muchos seguidores de Vox entre el público, que no se pudieron contener al ver a su abogado, que ejerce la acusación popular

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, a su regreso este martes al Tribunal Supremo tras el receso para comer de la primera sesión del juicio del 'procés'. El presidente de la Generalitat, Quim Torra, a su regreso este martes al Tribunal Supremo tras el receso para comer de la primera sesión del juicio del 'procés'.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, a su regreso este martes al Tribunal Supremo tras el receso para comer de la primera sesión del juicio del 'procés'. / Rodrigo Jiménez (EFE) (Madrid)

Cuatro horas tuvo que esperar Quim Torra para estrechar la mano de Oriol Junqueras. Sentado, muy digno, en el banquillo, el ex vicepresidente catalán ni se volvió cuando el muy honorable hacía su entrada en la sala de vistas en el primer día del juicio de procés, agitando la mano a los acusados que sí giraron la cabeza para saludarlo.

Esta es quizás la imagen de una primera jornada marcada por el frío: el frío en la sala de vistas que obligaba a ponerse las bufandas, las temperaturas bajas que se han registrado entre Torra y algunos acusados como Junqueras y los vientos gélidos que separaban a los familiares de los presos de parte del público fan de Vox.

El día (y el frío) ha empezado con largas colas a las puertas del Supremo, donde los 600 periodistas acreditados han tenido que esperar más de una hora para entrar, filmando entretanto a los tres acusados que han accedido a pie (los únicos que no están en prisión), a abogados y familiares.

Mujeres, maridos e hijos de los encausados que han acudido a Madrid con la intención de hacerse ver, aunque de una manera sutil, medida, igual que sus seres queridos. "Esta causa atenta contra el derecho a protestar", ha dicho el abogado de Junqueras casi como representante de todos ellos.

Sin emblemas

Y es que entre los doce acusados solo uno, Jordi Sánchez, llevaba en su solapa un lazo amarillo. Los ex consellers se pusieron una chapa con el emblema del Govern, una delicada manera de elevar su voz frente a un juicio que consideran injusto.

Su gente, sentada en la quinta y sexta filas del público, lo hizo de las formas más diversas, pero nunca estridentes: una flor amarilla en la chaqueta, un colgante de ese color, la bufanda o hasta un pañuelo atado al bolso. Sin frases, sin emblemas, sin llamar mucho la atención.

Detrás, en las últimas filas, el público. Muchos eran seguidores de Vox que no se han podido contener al ver a su abogado por los pasillos del Supremo: "¡Gracias por salvar España!", le gritaba una mujer venida de Gerona, donde, decía, tienen que "aguantar" a Torra más que en ningún sitio.

El mismo Torra que se sentaba, él sí luciendo un lazo amarillo, en la primera fila de la bancada de la suntuosa Sala de Plenos del Supremo, junto a los consellers Esther Capella y Damià Calvet y delante de la veintena de periodistas que lo han seguido en directo.

Sutil, Calvet jugueteaba con un bolígrafo amarillo que hacía la competencia a los bolis de los abogados de Vox, en este caso verdes y blancos y con la bandera de España. Amarilla también era la funda del móvil del portavoz de JxCat, Albert Batet, en la segunda fila.

Aunque se les dio la opción de sentarse tras sus abogados, los doce acusados -los hombres, nueve, todo vestidos de traje- decidieron finalmente hacerlo en el banquillo, desde donde no podían ver a sus familiares pero sí a los siete magistrados que decidirán su futuro.

Apretón Torra-Junqueras

El más expresivo, Jordi Cuixart, se volvía de cuando en cuando sonriente para saludarlos y ha aprovechado los recesos para hacerlo en persona, con el permiso de los policías que escoltaban a los presos.

Torra tuvo que esperar desde las diez y cuarto de la mañana, cuando comenzó el juicio, hasta el segundo receso, pasadas las dos de la tarde, para estrechar la mano del líder de Òmnium y de Junqueras, que en el primer descanso ha preferido dar dos besos a su mujer y ha ignorado al presidente. Sí le han saludado en ese primer receso los ex consellers Jordi Turull y Josep Rull.

Los acusados han hablado poco entre ellos, como tampoco Torra con sus acompañantes del Govern. Sí se ha visto alguna conversación, corta, entre los tándems Turull y Rull y Carmen Forcadell y Dolors Bassa, esta última con su abrigo a modo de manta por momentos.

Un "vodevil procesal" (como ha calificado un abogado a la causa) retransmitido en directo, una vez superados los ataques de los hackers a la web del Supremo, con cuatro cámaras colgadas en las paredes rompiendo la majestuosidad de una sala forrada de terciopelo rojo de Damasco, madera y dorados, y coronada por un gran fresco que representa los crímenes más graves de la humanidad.

Cámaras que se movían de un lado al otro como en un Gran Hermano procesal en el que se han podido escuchar, en boca de los abogados, palabras como "populismo", "elecciones" o "lucha", en contraste con la mesura que se respiraba en la sala. 

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