Ana del Paso | Periodista

"Ya no existen corresponsales de guerra"

"Ya no existen corresponsales de guerra" "Ya no existen corresponsales de guerra"

"Ya no existen corresponsales de guerra"

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Buscaba material para una tesis doctoral y acabó escribiendo el libro que nunca encontró. En Reporteras españolas, testigos de guerra (Debate), Ana del Paso se basa en 34 entrevistas a periodistas españolas para reconocer su trabajo durante décadas en primera línea de conflictos armados de todo el mundo. Habla de ellas, compañeras, aunque también pudo hacerlo en primera persona, con la propia experiencia de la periodista que, aun en las aulas universitarias y en portadas de libros, no dejará nunca de ser reportera.

-¿Tenía que ser una mujer la que escribiera este libro?

-Me encantaría que lo hubiera escrito un hombre, pero el asunto no es si lo tenía que haber hecho un hombre o una mujer, sino por qué no se ha escrito antes. Porque la historia de estas mujeres debía ser contada.

-Y eso que algunas han sido muy populares, como Rosa María Calaf, Carmen Sarmiento o Maruja Torres.

-Son mujeres hechas de una madera especial. Es tal la pasión que ponen por hacer este tipo de información que merecen un puesto importante en la historia del periodismo en España, que no se puede entender sin ellas.

-Da igual hombre o mujer. ¿Los reporteros deben ser de una pasta especial?

-Las balas no entienden de género. Es muy peligroso y se pasa mucho miedo, es de una dureza extrema. Y estas mujeres, por encima de todo, han creído en el servicio público de informar.

-Sorteando paternalismo y desconsideración...

-Sí, pero la sociedad es así. Teresa de Escoriaza, primera corresponsal, junto a Carmen de Burgos, en la Guerra del Rif, llevaba sus crónicas a su periódico y le preguntaban de parte de quién iba. Hemos pasado de eso a que ya se normalice y que en los conflictos armados haya más mujeres.

-¿Entonces el machismo que se detecta es reflejo de una realidad social?

-Es la sociedad. Se ve machismo, sí, pero también es verdad que cuando las cosas se ponen feas, ahí estamos todos como una piña. Lo vimos en el hotel Palestina, en Bagdag, y en todas partes. Hay mucha competitividad pero el dolor en el que te ves inmerso une mucho.

-¿Y la sensibilidad?

-Te puedo enseñar crónicas y no sabes si las ha escrito un hombre o una mujer. Depende del periodista.

-¿No todo el mundo está capacitado?

-Porque te enfrentas a situaciones de mucho peligro. Pero ya no hay corresponsales de guerra, ya no existen. Ya no puedes tener a un periodista que sólo vaya de guerra en guerra, debes tener periodistas preparados para cubrir todo tipo de información internacional, y dentro de ese grupo hay gente que no se ve capacitada para un conflicto armado. No existe ya el corresponsal del chaleco multiusos.

-¿Y dónde queda esa imagen romántica?

-En las películas. Los gritos del silencio, etc. Nos molan a todos mucho pero ya no los tienes. Tienes periodistas internacionales especializados en cubrir información internacional. Y si hay cosas muy duras no puedes jugártela llevando a un periodista que vaya a fallar, porque se hace un gran esfuerzo para enviarle. Cuesta mucho dinero la guerra. Es carísima. A mis alumnos les digo que no pueden aterrizar mañana en Siria o en Iraq; deben ir gradualmente subiendo el tipo de violencia para ver si son capaces de manejarse.

-También se idealiza como periodismo en estado puro.

-Ése es otro tópico que hay que desterrar. La primera víctima en la guerra es la verdad. La manipulación es absoluta por todos lados; por eso la objetividad no existe en una guerra. Lo que sí es bueno es que le pongas nombres, apellidos y caras a gente normal como tu y yo que lo está pasando fatal. Si no fuera por nuestro trabajo no nos llegarían esos testimonios. A la guerra hay que ponerle cara, y no verla es desconocer un conflicto.

-¿Hay que humanizarla para que importe aquí?

-Es muy frustrante llamar a la redacción de Madrid y que te digan que no mandes una crónica más de refugiados. ¿Cómo no voy a hacerlo si tiene que haber un goteo absoluto de información de los refugiados que se están yendo? No son emigrantes, como la gente confunde, son refugiados que se piran de Eritrea, de Yemen, de Siria porque se tienen que ir.

-¿Hay guerras que no interesan en Occidente?

-Claro, África no interesa nada y es crucial ahora. Es el continente con mayor número de conflictos armados en las últimas cuatro décadas y apenas se ha hablado del Magreb y un poco del Sahel. No se habla de la crisis de los Grandes Lagos ni de países como Ruanda o Liberia, que pasaron una guerra civil de narices, con genocidio y limpieza étnica. Esa gente va a estar machacada mentalmente durante generaciones porque son niños de la guerra y no han reconducido su vida. ¿Por qué crees que vienen tantos africanos a Europa? Deben salir de allí porque necesitan y tienen derecho a una vida mejor.

-Ahora, desde Occidente se mira a frentes nuevos, como las guerras virtuales.

-Es que los ciberataques son muy peligrosos. Los terroristas de Al Qaeda o Daesh han utilizado las redes sociales occidentales y lo han hecho muy bien. De los mayores peligros que tenemos ahora son los ciberataques, de los que no sabemos la misa la media.

-Rusia está en el ojo del huracán también.

-Todo el mundo es susceptible de ser espiado y todo el mundo lo hace. No es Rusia el malo de la película.

-¿Y las fake news?

-Siempre las ha habido. No es cosa de Trump, es lo que siempre se ha llamado propaganda. Todo el mundo utiliza la propaganda y la contrapropaganda. Lo que no te cuentan es lo que nosotros queremos saber y eso es difícil porque los militares lo tienen todo muy bien atado.

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