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Carmen de la Jara: "El cante se aprende de las fuentes"

  • Cuarenta años de trayectoria profesional, y varios trabajos discográficos que ahondan en la recuperación del patrimonio flamenco de la ciudad, avalan a la cantaora nombrada este año Hija Predilecta de Cádiz

Carmen de la Jara, en la hemeroteca de 'Diario de Cádiz'. Carmen de la Jara, en la hemeroteca de 'Diario de Cádiz'.

Carmen de la Jara, en la hemeroteca de 'Diario de Cádiz'. / Lourdes de Vicente

Cantaora, poseedora de ocho primeros premios nacionales en cuatro décadas de carrera profesional, directiva de la Cátedra de Flamencología de Cádiz, belenista y una de las artífices de la recuperación del patrimonio musical flamenco gaditano con muchas de sus grabaciones, a Carmen de la Jara no le faltan razones para ser llamada Hija Predilecta de Cádiz. Repasamos con la artista algunos hitos de su trayectoria:

–Hija Predilecta de Cádiz. Estará muy feliz con el reconocimiento

–Ni te imaginas cuánto... Cuando me llamaron para decírmelo yo estaba en el supermercado. ¡Me dio vueltas todo! (ríe) Yo no me lo esperaba nada porque pienso que hay muchísimas más personas que lo merecen más que yo. Evidentemente, en quien primero pensé fue en nuestra Mariana, en que si estuviera viva seguro que nos lo darían a las dos y en que ella se lo merecía desde hace muchísimo tiempo. Y también en Juan Villar, que es patriarca de los cantes de Cádiz y tampoco la tiene... Pero, bueno, que yo estoy muy contenta porque además de yo llevar el nombre de Cádiz por donde he ido, Cádiz está en mi cante y en mi casa... Pero tengo esa cosita ahí...

–Bueno, pero usted también se lo merece. Simplemente con el disco ‘Tesoros del cante antiguo gaditano’ ya tendría suficiente aval

–Fue difícil ese disco, casi dos años ahí dándole que te pego... Junto con Antonio Barberán sacamos cantes antiguísimos de discos de pizarra que no veas para entender las letras... Discos muy antiguos, con sonidos que no son los de ahora, y muy complicado de coger los estilos y escuchar. Luego Antonio lo mandó a los flamencólogos más importantes de este país para que le dieran el visto bueno... Es verdad que estoy muy orgullosa de ese disco, 24 cantes que recuperamos ahí, con una petenera que hay de bonita y que sé que ha tenido mucho recorrido y que se está cantando bastante. Hay muchos cantes de El Mochuelo que era un artista que sin ser, digamos, La Niña de los Peines, grabó muchísimo y tenemos muchos cantes gracias a él.

–A usted, el cante la llamó desde muy pequeña, ¿no?

–Sí, desde muy chica. Yo con 6 años ya cantaba saetas en el aula de sor Cristina allí en el colegio de la Palma. Yo le canté una a una compañera de clase y ella llamó a sor Cristina para decirle que yo cantaba y allí que la monja me hizo ponerme de rodillas en un reclinatorio mirando a María Milagrosa para cantarle. Y le canté una saeta de mi madre que, fíjate tú, ahora la han grabado. Mi madre, Teresa de la Jara, ahora mismo viene en un disco conmigo...

–¿No me diga? ¿Y eso?

–Un disco de la Cátedra de Flamencología de Cádiz que ha hecho de saetas de Cádiz y estamos varios, está Encarnita y Joselito Anillo, Selu de Cádiz, Mónica Llamas, Pedrín García de San Fernando, el Compadre de la Isla, el Almendrita, Carmen Campos, estoy yo. Y a mí me dio por decir allí en la Cátedra que mi madre cantaba saetas, porque mi madre es familia del Niño la Alegría, de los Ávila y todas mis tías y todo cantan. Entonces pues yo conté allí que mi madre hacía una saeta muy bonita que la sabía de su madre, fíjate si es antigua la saeta, y se la canté a mis compañeros de la Cátedra, y ellos empezaron a intentar localizarla, que si la cantaba el Niño de la Viña, otro que si la hacían en la Isla, que si se la cantaban al Nazareno aquí... Es una saeta por carcelera de Cádiz ,eso seguro, eso está corroborado pero no sé si la hacían los presos de aquí... El caso es que mi hijo, hace unos ocho años, en un casete con grabadora antiguo, grabó a mi madre haciéndola y la hemos metido en el disco. Fíjate, mi madre, que el 4 de abril cumple 100 años...

–¿Y ese disco está ya en la calle?

–Pues en marzo lo queremos sacar.

–A usted la saeta también le abrió las puertas del cante profesional...

–Sí, sí. La primera vez que yo me puse delante de un micrófono, que me temblaban las piernas, fue en Radio Cádiz en un programa que hacía Pepe Benítez con un concurso muy bueno donde participaban unos pedazos de cantaores, pero buenos de verdad, que había en Cádiz entonces una serie de gente cantando saetas que no sabías tú con quién quedarte. Y yo cogí y me presenté, me lancé a la piscina. Y allí conocí yo a Juan Silva que me decía, "chiquilla no tiembles más" (ríe). Fíjate si yo iba verde, que me tocó cantar la última, que todos los cantaores quieren cantar los últimos, y yo pedí por favor al que le tocaba el primero, que era el Pirulo de Vejer, que me cambiara el sitio. ¡No me lo cambió pronto!

–¿Y salió bien parada?

–No, qué va. No me llevé nada (ríe) pero le perdí el miedo al micrófono. Rompí el hielo. Y ya, de ahí, como mi marido sacaba todos los pasos de Cádiz porque iba en la cuadrilla de El Pájaro, iba yo con los dos niños chicos cantando saetas en todas las esquinas en las que mi marido pasaba cargando. Que ya Manolo me decía, chiquilla, cállate ya que ya te conocen la voz hasta mis compañeros.

–También le sirvió lo de Radio Cádiz como primera experiencia de concurso, ¿verdad?

–Uy sí, yo después de eso a todo me quería presentar. Y ya empecé en el flamenco en serio. Venía Pepe Ruso a mi casa con la guitarra porque yo cantaba pero no estaba acostumbrada al instrumento así iba yo aprendiendo a cantar con acompañamiento. Me metí de lleno en el flamenco. Empecé a ir a recitales a escuchar a la gente, me apunté a las peñas, la primera, a la del Mellizo, y empecé a canturrear allí y eso, tú sabes, pero no me conocía nadie. Hasta que me presenté al concurso de la Tacita. El primer año no me llevé nada pero volví dos años después, ya era principios de los ochenta, y me llevé el primer premio, que me lo dieron, fíjate qué jurado más bueno, Amós Rodríguez y Chano Lobato. Y la gente decía, ¿pero ésta quién es?, ¿de dónde ha salido?

–Y ahí ya nació para el público Carmen de la Jara

–Pues sí porque empecé una carrera fulminante. Me presenté también, al año siguiente, al concurso de peteneras, porque a mí siempre me había gustado mucho el Perro de Paterna, y cuál es mi sorpresa que me dieron el especial por alegrías de Cádiz. Me presenté a muchos premios, en un año llegué a presentarme a 21 concursos por toda Andalucía, y la verdad que no me iba mal, he ganado muchos. Y, sobre todo, todo lo bueno que te da eso... 

La cantaora Carmen de la Jara en 'Diario de Cádiz'. La cantaora Carmen de la Jara en 'Diario de Cádiz'.

La cantaora Carmen de la Jara en 'Diario de Cádiz'. / Lourdes de Vicente

–¿En qué sentido?

–En el aprendizaje. Si, por ejemplo, decidía, pues me voy a presentar al Concurso por Serranas, pues eso lleva un trabajo previo de, ¿quiénes son los mejores cantando serranas?, ¿qué serranas bonitas existen?, ¿cómo se hace verdaderamente ese palo?, ¿hay estilos?... Pues así con todos, con lo que te vas a un concurso, lo puedes ganar o no, pero todo el saber que tú vas consiguiendo... Eso te lo llevas seguro.

–Porque el cante, se estudia...

–¡Hombre, claro! Tú has podido nacer en una familia buena de flamenco o donde se cante, y te sabrás los cantes de esa familia pero, afortunadamente, a eso no se reduce el flamenco. El flamenco es mucho más. Anda que no hay... A mí es que me gusta mucho aprender desde la raíz, recuperar todo lo que es la tradición, los cantes antiguos, aunque luego yo cante como quiera, pero, sinceramente es que pienso que el cante se aprende de las fuentes, del origen, que, desde luego, es lo que hacen todos los grandes cantaores. Y ya luego que cada uno se lo lleve a su estilo.

–¿Y cuando usted empezó era fácil encontrar las fuentes?

–Yo tuve la suerte de que Blas Vega sacó la Antología del cante flamenco, y ahí ese hombre metió muchísimas cosas y yo me aprendí todos los cantes de esa antología. De hecho, cuando yo estaba con mis compañeros, Felipe (Scapachini), Juan Silva, El Niño de Santa María, Paco del Solano, Joaquín Alegría, José Millán, Niño del Parque, el Niño del Mentidero, que eran mis coetáneos, me decían, “chiquilla, ¿tú como te puedes aprender todas esas cosas?”. Y la verdad que de ellos, de todos esos compañeros que te he dicho, aprendí también muchísimo . En esa época también estaba cantando Juan Villar pero él ya era una figura grande y estaba más por ahí afuera.

–Pocas mujeres en esa generación, ¿no, Carmen?

–Yo sola, prácticamente... A ver, realmente sí y no. Te explico, en esa época estaban también Manoli de Gertrudis, que tenía y tiene un cante gitano prodigioso, y luego la gente del barrio también, como Loli la Revoltosa o Luisa la de Enrique. Luego Mariana salió un poco más tarde que yo, pero también salió. Pero en ese momento de mis principios es que había muchas mujeres que cantaban en Cádiz en las peñas, en las reuniones, pero iban como en grupo. Nunca han faltado mujeres en un bautizo, en los villancicos, en las juergas pero yo creo que lo que era más difícil es que salieran fuera. Digamos que yo era la viajera. Y ya luego se venía Mariana también porque Mariana volvió al cante, ya sabes que ella cantaba de jovencita y cuando se echó novio lo dejó, cuando su hija se puso a bailaor con Conchita y Bendito, y fueron ellos los que la animaron a que cantara al cuadro, que le cantara a la niña. Y ya de ahí se fue animando y volvió, afortunadamente.

–Usted no tenía problemas para pasar la noche fuera, entonces

–Yo es que iba a todos lados de fuera con mi marido. Yo no conduzco así que él siempre me ha llevado y cuando los niños eran chicos se quedaba mi madre con ellos. Es cierto que a Manolo yo sé que hay quien le ha dado carga con eso de que yo cantara tanto. En astilleros, algunos compañeros y eso, que si “pues si fuera mi mujer, enseguida la iba yo a dejar...” y cosas de ese tipo. Pero mi marido es un hombre al que le ha dado igual todo eso porque sabía que eso no era nada malo. Nosotros lo hemos pasado muy bien. Lo que no me dejaba era irme sola como las locas, claro.

–¿También es usted la única mujer de la Cátedra Flamencología?

–Sí, y muy bien y muy a gusto con los compañeros. Además estamos haciendo muchas cositas. Tenemos un par de proyectos más de discos, que no te puedo adelantar todavía, y un homenaje a un guitarrista de Cádiz que ya estaba olvidado que ya contaremos muy pronto. Es que nuestro objetivo, el objetivo de la Cátedra, no es otro que el de recuperar y poner en valor los cantes de Cádiz. ¡Qué pesados con Cádiz!, dirán algunos. Pues sí, así es de Cádiz. Nuestras cosas. Porque alguien tiene que recuperarlas para que no se pierdan, digo yo.

–Otra de las tradiciones en la que usted participa es la de los belenes.

–Sí, soy belenista, de las primeras miembros. Yo me hice socia en el año 87 porque a mí me inculcó el belenismo un tío mío que vivía en la Viña y desde chica hago yo los belenes. Vamos, tengo hasta un tercer premio del Ayuntamiento.

–Y este año, ¿cómo lo van a hacer en la asociación?

–Pues mira lo primero que hemos hecho entre unos cuantos belenistas, yo entre ellos, son unos belenes pequeñitos de piedra de verdad con la virgen, San José y el niño con mascarilla en una peana preciosa que vamos a entregar a todos los sanitarios, policía, ambulancia... A veinte organismos oficiales para reconocerles su trabajo en esta pandemia. Y luego el que se pone en la asociación este año va a estar en la ventana porque como sólo tenemos una puerta no podemos dejar a la gente pasar porque la salud es lo primero. Y de verdad que os invito a que vayáis este año porque verás tú qué detalle...

–El virus, ‘malage’, que también ha hecho tanto daño a los artistas flamencos.

–Es que ha venido a empeorar una situación que en Cádiz ya teníamos de antes porque aunque ahora está mal para todo el mundo, Sevilla tiene su Bienal, que se ha hecho, Jerez su Festival, Córdoba el de la guitarra, Málaga también una Bienal. ¿Y Cádiz? ¿Para cuándo la gran cita que se merece?

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