José Valencia

"Ahora ya no hay artistas consagrados, sólo estrellas"

  • Voz de referencia para las compañías de baile durante años, este cantaor encontró su espaldarazo definitivo en solitario en la última Bienal de Sevilla, donde ganó su tercer Giraldillo. A esa misma cita volverá el 30 de septiembre para presentar en el Lope de Vega 'Directo'.

-¿Grabar un disco en directo son ganas de complicarse un poco la vida? 

-Es el momento de hacerlo, por edad, por frescura, por motivación. El flamenco ha de ser una música viva, y la mejor manera de transmitirlo es así.

-El problema es que la inspiración no se ensaya...

-Claro. Con esa parte... espiritual, ¿no?, nunca se sabe. De dónde viene, cómo viene, dónde está: complicado. Cuando estás en el escenario llega siempre un momento en el que no sabes qué puede ocurrir. Te puedes preparar mucho, claro, pero hay cosas que no puedes dominar. Aunque eso es también lo bonito del arte.

-¿Algún momento de plenitud en el escenario que recuerde especialmente?

-Muchos. De la Bienal de 2012, por ejemplo, cuando presenté mi primer disco. No sé si fue el ambiente, el público, el sitio, la hora, los compañeros, no sé qué fue, todo a la vez seguramente, pero al final del concierto hubo un instante grandioso con la seguiriya. Era uno de los últimos cantes y fue de esos momentos en los que te dices: queda poco, a ver si sabemos dosificar y llegamos vivos al final, por lo menos no muy heridos... pero te metes tanto en el cante que te evades, que no mides y entregas el todo por el todo. Y entonces eres tú o ése que está ahí fuera que combate contigo, que muchas veces te ayuda y otras te castiga.  

-Se define a sí mismo como un cantaor del siglo XXI pero con una fuerte tradición cantora gitana. Eso en la práctica, cuando está sobre el escenario, ¿qué quiere decir exactamente?

-Que soy un cantaor tradicional, gitano, y que pienso, es más, cada vez lo tengo más claro, que la mejor época, la época dorada del flamenco, fueron los años 20 y 30, la de los grandes creadores que le dieron forma real a esto, y hoy me sigo ratificando: ellos eran hasta más modernos que nosotros. Musicalmente me apoyo ahí, pero sé que hemos evolucionado y se puede conjugar todo eso con una puesta en escena actual.

-¿Qué significa la palabra pureza? Que en el flamenco la emplean mucho...

-Pues... no sé. Es una palabra muy conflictiva. Las cosas, cuando se mezclan, ya no son puras. ¿No? Creo que en el flamenco no debería hablarse de pureza, sino de autenticidad.

Porque de hecho el flamenco en sí es una mezcla de muchas cosas.

-Ya que habla de mezclas, ¿qué otras cosas le apasionan y le inspiran?

-Me gusta mucho el jazz, pero en general me declaro melómano. Me paso los días enteros escuchando música, aparte de flamenco. Me gusta tumbarme en el sillón con un libro; ahora estoy con uno de Séneca, un poco durito, pero está ya casi finiquitado, y se aprende, te enriqueces. Me gusta pasear, estar con mi gente, saborear un buen vino en las reuniones mientras se alterna. Soy una persona muy sencilla y la vida no es sólo música, aunque todas esas otras cosas te valen para la música también.  

-En el año 2000 pasó de llamarse Joselito de Lebrija a José Valencia. Aparte del nombre, ¿qué otras cosas cambiaron entonces?

-Todo. Mi actitud hacia la vida, mi manera de pensar, de trabajar... Profesionalmente, pasé de cantar solo a cantar para baile. Muchas cosas cambiaron. Fue una época muy difícil, tenía veintipocos años y mi padre había muerto hacía poco, hubo un cambio total en mi vida. Hasta hoy, creo que a mejor.

-¿Pasar de cantar en solitario a cantar para baile, que por otro lado es el recorrido inverso al habitual, fue un ejercicio de humildad?

-Bueno, fue, sobre todo, un ejercicio de necesidad. La necesidad imperiosa de poder cantar. Tú sabes, hay cosas muy desagradables en este mundo, un día te conoce mucha gente y al siguiente nadie se acuerda de ti.

-Y le pasó eso a usted...

-Un poco sí. Un día eres una promesa y de buenas a primeras, sin saber por qué, se queda ahí la cosa. Hubo compañeros que me echaron un cable. Fue cuando  empecé a cantar para baile, una cosa completamente nueva y diferente para mí, y yo no sabía si estaba preparado. Pero probé, como no tenía nada que perder...

-Si no le hubiera salido bien la jugada, si hubiera tenido menos suerte o menos tesón, ¿de qué otro modo se imagina ganándose la vida?

-Ni me lo he planteado. Desde los 5 años he estado estudiando y preparándome para cantar, y así hasta ahora, y hasta que me muera.

-Nunca hubo plan B...

-No me hizo falta, gracias a Dios. Aunque, ahora que lo pienso, lo mismo debería ir pensando alguno, ¿no?

-Justo ahora no es que le vaya mal precisamente...

-No, no. No está mal la cosa, no vamos a quejarnos. Pero quién sabe. Esto va como va. Estás en un momento de madurez... y luego viene la decadencia. Gente mucho más joven que tú, con más empuje, que quita de en medio. Es ley de vida.

-¿Qué es para usted un artista consagrado?

-Uf. ¿Qué es? ¿Cría fama y échate a dormir? Siempre se ha dicho que es alguien que está ahí arriba y ya nadie le va a quitar el sitio. Pero yo ahora mismo no sé quiénes son consagrados y quiénes no. También hay muchos más que antes. Hoy ya no hay artistas consagrados, sólo estrellas. Niveles. Y a mí me parece que no es bueno clasificar tanto... Aunque uno sabe que los hay, claro que hay niveles.

-¿Asumo entonces que no se considera usted un artista consagrado?

-Es que es duro eso, eh... ¿Cómo te calificas? Si cada uno tiene que hacerlo, todos se pondrán un diez, ¿sabes? Yo creo en el trabajo, en lo que tienes que hacer todos los días. Y fuera de eso ya sólo habla el tiempo.

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