El Rocío

Resurrección

Para todos los institutos religiosos, el siglo XIX fue un tránsito difícil y tortuoso. Entre otras razones, porque las desamortizaciones liberales cortaron de raíz sus fuentes tradicionales de financiación. Las que les habían dado lustre y privilegios en los siglos anteriores. También El Rocío sufrió de estas medidas, que hicieron desaparecer a dos de sus siete hermandades primitivas, las de las ciudades del Gran Puerto de Santa María y Rota, cuando la Carrera de Indias menguaba extraordinariamente. Y a punto estuvieron de provocar la suspensión de la propia Romería de Pentecostés a mediados de siglo; poniendo fin, así mismo, a la capellanía de Baltasar Tercero, fundada a finales del siglo XVI para dar soporte económico al culto en la ermita. Tal fue la merma de su extinción, que aquella amenazaba ruina a principios del siglo XX.

El nuevo siglo empezó en 1913 con la celebración del primer Centenario del Rocío Chico, la primera efeméride rociera conmemorada; lo que nos habla de un resurgir de la devoción en Almonte que cobraría más fuerza aún con las importantes obras de rehabilitación de la antigua ermita de 1915, promovidas por Cózar y Lázaro, reanudadas en 1917, modificando la fisonomía de su fachada cuando asumía las funciones de párroco el reverendo Manuel Márquez Gómez, vicario del anterior. A él se debe, aunque la historia lo ha pasado de puntillas, el proceso reconstituyente de la Hermandad Matriz que se sustancia hace ahora un siglo en cuatro apartados fundamentales. Apertura de un libro de acuerdos, redacción de unos nuevos Estatutos, cuando acababa de aprobarse el nuevo Código de Derecho Canónico de 1917, elaboración de un nuevo listado, actualizado de los hermanos de la Matriz, y la designación de la primera junta directiva que tenemos identificada en la edad moderna, encabezada por Francisco Espinosa Fontdevilla; reforzando con todo ello su papel institucional. Es decir, normalización de su vida asociativa y organizativa. Un paquete de medidas necesarias e imprescindibles para abordar un año después la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, en junio de 1919.

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