bádminton | campeonato del mundo de 2018

La niña de los sueños de oro

  • Carolina Marín labra una carrera de leyenda a base de tesón y trabajo desde sus inicios en La Orden

Siempre en lo más alto. Siendo una niña ya demostró que sólo se sentía feliz cuando veía el mundo desde lo más alto del podio. Siempre en lo más alto.  Siendo una niña ya demostró que sólo se sentía feliz cuando veía el mundo desde lo más alto del podio.

Siempre en lo más alto. Siendo una niña ya demostró que sólo se sentía feliz cuando veía el mundo desde lo más alto del podio.

Aquel día cambió la historia. Nadie pudo imaginar hace 13 años cuando una pequeña Carolina con 12 tuvo que elegir entre sus clases de sevillanas y el bádminton que estaba cambiando el curso del deporte español. Como tantos niños tuvo que decidir de forma inocente en qué actividad extraescolar centrar su tiempo. No podía hacerlo todo, como tantos otros niños. Bendita elección. Ahí comenzó todo. Se impuso la felicidad de quien nace para competir, pelear en la pista y necesita esa adrenalina. En su inocencia fue una respuesta natural.

Carolina Marín es puro talento y capacidad competitiva, una fuerza de la naturaleza que borra de la pista a sus rivales con la consistencia de sus golpes y la solidez de su mente. Es una superdotada que abrió camino en un territorio que parecía imposible para una española y mucho más para una onubense, pero ahí se encontró con su primer aliado. Era un diamante en bruto que supo ver antes que nadie Paco Ojeda. Fue el primero que apostó por aquella niña tímida que viajaba a los torneos acompañada por su madre y guardaba en una carpeta sus apariciones en Huelva Información. Hoy mucho más grande y con recortes amarillentos por el paso del tiempo conserva todavía esa carpeta en su piso de La Orden.

Desde sus inicios tuvo que competir contra jugadoras mayores porque en su edad no había rivales que pudieran plantearle dificultades. Su precocidad llamó la atención de los técnicos de la Federación Española. Fernando Rivas no se equivocó. Tenía algo especial. Fue el gran asalto adelante de la onubense. Tuvo que volver a elegir. Esta vez no fue tan fácil. En 2007 dejó Huelva atrás, su casa, su familia, sus amigos y se marchó a la Blume de Madrid con 14 años. Cambió las pistas de un instituto por pabellones gigantescos. Era una niña cargada de sueños, de retos y de miedos. Dio un paso valiente. En la habitación 205 del Centro de Alto Rendimiento que fue su casa durante nueve años se forjó la leyenda. Allí soñó una y otra vez con el oro. Labró su mítico 'puedo porque pienso que puedo'.

La niña de los sueños de oro La niña de los sueños de oro

La niña de los sueños de oro

España nunca fue una dificultad. Muy pronto se le quedó pequeña la competición nacional. Sumó seis títulos del Campeonato de España y participó con el IES La Orden en la liga hasta que decidió dar el salto al circuito internacional. Para un país con 245 clubes federados y algo más de 7.000 licencias su presencia en los primeros torneos tenía un cariz casi exótico. No sabían sus rivales el ciclón que les venía encima.

Se estrenó en 2009 con el Internacional de Irlanda. Sumó varios títulos de segundo nivel y encadenó apariciones cada vez más habituales en citas de importancia hasta que en 2013 dio el gran salto a la primera línea del circuito. Un aviso del Europeo que llegaría en 2014. Se subió a lo más alto en Kazán para no volver a bajarse. La Roche-sur-Yon (2016), Kolding (2017), Huelva (2018)... Europa es suya desde entonces. Ese mismo 2014 mágico le cambió definitivamente la vida con el primer mundial en Copenhague. Se destapó como una competidora nata con una fortaleza mental insuperable. Se convirtió en un fenómeno de masas en Asia.

Su estilo físico, agresivo e intenso contrasta con la habitual templanza de sus rivales asiáticas. Es una de sus claves. Introdujo su sello hispano, temperamental y personal al bádminton mundial, un deporte más habituado a los perfiles bajos. Sus gritos, su forma de exteriorizar los sentimientos y ese trabajo psicológico que machaca a sus rivales no tiene precedente en el circuito internacional. Repitió en Yakarta y saboreó la gloria en los Juegos de Río. Fue a por el oro y volvió con él colgado del cuello. Hizo realidad su sueño. Aterrizó en Brasil como la número uno del mundo, asumió que era la principal favorita y cumplió con la naturalidad de quien se siente a gusto en la competición al límite.

Tras el oro olímpico llegaron algunos problemas físicos que mermaron su rendimiento. Nada que su capacidad de trabajo no pudiera superar. No fue fácil la resaca de la gloria de Río. Ganó otro Europeo y el Abierto de Japón ya convertida en fenómeno de masas. En 2018 volvió a competir en Huelva, en un Palacio de los Deportes que lleva su nombre y se reencontró con su mejor versión. El Europeo de abril tuvo algo de catarsis para Carolina Marín. Dejó atrás sus dificultades de 2017, arrasó con el apoyo de miles de onubenses y disfrutó como una niña pequeña de una fiesta de la que era la protagonista máxima, como la que se fue una década antes con una maleta cargada de sueños para convertirse en una leyenda viva del deporte español.

La niña que guardaba los recortes de periódico quedó atrás hace algunos años. Hoy es un fenómeno de masas que abre informativos nacionales, copa portadas y se la rifan grandes marcas. Pero en Huelva siempre será Carolina, la niña de La Orden, la hija de Toñi y Gonzalo y, con permiso, un poco de todos los onubenses.

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