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El año más triste de Carolina Marín

  • La onubense no ha conseguido sumar ningún título en 2020, a lo que se une el fallecimiento de su padre Gonzalo en julio. Lo único positivo, el aplazamiento de los Juegos Olímpicos de Tokio

Carolina Marín ha sufrido en lo personal y en lo deportivo en el pasado 2020. Carolina Marín ha sufrido en lo personal y en lo deportivo en el pasado 2020.

Carolina Marín ha sufrido en lo personal y en lo deportivo en el pasado 2020. / H, Información

Un año nefasto tanto en lo deportivo como en lo personal. Carolina Marín no guardará ningún cariño a un 2020 que ha estado marcado por el drástico recorte de los torneos debido al coronavirus y por el fallecimiento de su padre Gonzalo.

La onubense aseguró que “han sido los peores meses de mi vida, no se los deseo ni a mi peor enemiga. Por la situación personal que he tenido, el problema personal de mi padre, he tenido que estar todos los días en el hospital con él. Momentos muy duros al límite de las emociones”, dijo. “Ni en partidos ni en entrenamientos puedo llegar a ese limite emocional. Por la situación personal ha sido muy duro, emocionalmente he estado al límite”, añadió.

El calvario de la campeona olímpica, mundial y europea comenzó en Indonesia en enero de 2019, con una grave lesión que la tuvo siete meses y medio apartada de la competición; regresó en septiembre en Vietnam y a los pocos días, en su segundo torneo, conquistó el prestigioso Open de China, donde estaban las mejores del mundo. Parecía que la campeona volvía por sus fueros y el 2020 llegaba con ilusión y con muchas opciones de incrementar su palmarés, pero no ha sido así.

En 2020 Carolina no ha podido sumar ningún título, en parte por el coronavirus que apenas ha permitido competir. El 14 de marzo perdió en semifinales del prestigioso All England ante la número uno del mundo, Tai Tzu Ying, y a partir de ahí el coronavirus entró en escena, parando por el completo el Circuito Mundial.

Hubo que esperar siete meses para ver de nuevo en acción a la onubense, que en su retorno en Dinamarca a mitad de octubre perdió la final ante la japonesa Nozomi Okuhara por 19-21 y 17-21. Antes jugó con el Pitius la primera jornada de la División de Honor, pero ya no ha vuelto a competir en la Liga Española. Su último partido del año fue el 31 de octubre en Alemania, siendo superada en semifinales por la escocesa Kirsty Gilmour: 20-22 y 14-21.

En lo personal, sufrió el fallecimiento de su padre Gonzalo el 26 de julio, un duro golpe anímico. “Ha sido una suerte que aplazaran los Juegos. La situación personal de mi padre me estaba lastrando muchísimo, mentalmente no estaba en lo que tenía que estar pese a seguir compitiendo. La suerte de que se aplacen los Juegos un año hace que, con tranquilidad y tiempo, los pueda preparar muy bien y mentalmente esté mucho más preparada”, afirmó.

Ahora, situada en la sexta plaza de la clasificación mundial, afronta con ilusión un 2021 que viene marcado por dos grandes citas, los Juegos Olímpicos de Tokio en verano, y el Campeonato del Mundo absoluto en Huelva del 29 de noviembre al 5 de diciembre.

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