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España reina en Europa

  • La selección enmarca una final para la historia frente a Suecia después de realizar una soberbia lección en defensa en la segunda mitad

  • El sistema 5-1 frenó a los suecos

Los jugadores de la selección española celebran la conquista del Campeonato de Europa al término de la final contra Suecia en el Arena de Zagreb. Los jugadores de la selección española celebran la conquista del Campeonato de Europa al término de la final contra Suecia en el Arena de Zagreb.

Los jugadores de la selección española celebran la conquista del Campeonato de Europa al término de la final contra Suecia en el Arena de Zagreb. / GEORGI LICOVSKI / efe

La selección española rompió el maleficio y, tras quedarse hasta en cuatro ocasiones a las puertas del oro, se proclamó por primera vez en su historia campeón continental, al imponerse a Suecia en la final del Europeo.

Una victoria que representa algo más que un simple triunfo, porque es la confirmación de un estilo de juego que viaja en una dirección diametralmente opuesta a las tendencias del balonmano actual, una manera de entender este deporte que, por fin, sirvió para que España se coronase rey de Europa.

El balonmano debía un oro continental a los Hispanos y ayer se lo entregó, tras una final en la que, pese a los muchos padecimientos que sufrió en la primera mitad, España acabó por imponer su filosofía y su ritmo de juego.

Especialmente en defensa: el 5-1 por el que apostó Jordi Ribera en la segunda mitad desarboló a un conjunto sueco que tan sólo fue capaz de anotar tres goles en los veinte primeros minutos de la segunda parte.

Una cifra a la que contribuyó notablemente el portero Arpad Sterbik quien con sus paradas acabó por ajustar un sistema defensivo que condujo a España a la victoria.

Tanto españoles como suecos tenían muy claro desde el principio que el ganador del encuentro sería el equipo que lograse imponer al rival su ritmo de juego.

Una batalla que ganó de inicio el conjunto escandinavo, que sustentado en las paradas del guardameta Appelgren, que detuvo en los primeros diez minutos de juego cuatro de los ocho lanzamientos que intentaron los españoles, pudo volar al contraataque. A la carrera, la selección sueca, un equipo que sigue a rajatabla la filosofía de defender, correr y tirar a la máxima velocidad, logró adquirir rápidamente una más que inquietante ventaja de tres goles (4-7).

Pero España no estaba dispuesta en dejar escapar una nueva final sin pelear hasta el último segundo y apeló una vez más a su mejor arma, la defensa, en la que Morros y Guardiola comenzaron a mover las piernas con cada vez más y más velocidad hasta cerrar los caminos al gol a un conjunto sueco que sufrió lo indecible cada vez que tuvo atacó en estático.

Esa fortaleza defensiva permitió a los españoles reducir la diferencia hasta sólo un gol (6-7) superado el ecuador del primer período. La mejoría, sin embargo, no estuvo acompañada por una mayor fluidez en ataque y Appelgrem era cada vez más gigante.

Una dinámica que no logró romper la salida a la pista de Sterbik, cuya intimidación no sirvió para asustar a los jóvenes suecos, que alcanzaron el descanso con una ventaja (12-14) de dos goles.

Todo cambió tras la reanudación. Ribera dispuso de un 5-1, con Dujshebaev en la posición de avanzado, que permitió a España recuperar la iniciativa tanto en el juego como en el marcador. Tras muchos minutos a remolque, España se puso por delante (15-14).

Si en la primera parte eran las paradas de Appelgren las que martirizaban a los españoles, en la segunda fueron las intervenciones de Sterbik la que comenzaron a corroer los nervios suecos.

Todo lo contrario que España, que, cada vez más sólida atrás, comenzó a mover el balón con la tranquilidad y paciencia necesaria para hacer llegar el juego a los extremos, donde Balaguer se mostró implacable.

Un giro que se ratificó con los cada vez más largos ataques a los que se vieron obligados a jugar los suecos, el peor panorama posible para un equipo que gasta las menores energías posibles en el ataque estático. Al revés que España, que disfruta cuando puede madurar y madurar su juego ofensivo, tal y como hizo en la segunda mitad.

Ese juego permitió dejar prácticamente sentenciada la final a ocho minutos para la conclusión, tras alcanzar un ventaja de ocho tantos (25-17) que la sólida defensa española supo controlar hasta el final para celebrar, esta vez sí, que a España no se le escapaba una nueva final, que España era la nueva campeona de Europa.

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