Walter Gropius. La vida del fundador de la Bauhaus | Crítica Racionalidad y espíritu

  • Se recoge en este 'Walter Gropius' de Fiona MacCarthy, junto al pormenor humano del arquitecto, la compleja red intelectual, los presupuestos artísticos, desde los que aflora la nueva arquitectura de vanguardia

Imagen de la crítica y escritora británica Fiona MacCarthy Imagen de la crítica y escritora británica Fiona MacCarthy

Imagen de la crítica y escritora británica Fiona MacCarthy

Este Walter Gropius de Fiona MacCarthy es una biografía a la manera anglosajona, esto es, minuciosa, prolija y entretenida, cuyo modelo dista mucho de la semblanza continental, escandida en temas y facetas. Esto no quiere decir que MacCarthy eluda los aspectos teóricos de un arte particularmente propenso a la proclama teórica, pero sí que ha ido insertándolos en una peripecia vital, con idas y vueltas en el tiempo, y donde los lances amorosos alcanzan una notoriedad, un relieve doméstico, parejo a los hallazgos profesionales del señor Gropius.

En ese sentido, una de las grandes protagonistas de este volumen es, indudablemente, Alma Malher. Y no tanto la viuda de Gustav Malher, cuanto su selectiva y libérrima voracidad sexual, que la convirtió en "musa" de Malher, Gropius, Kokoschka, y una buena porción de bustos venerables de primeros de siglo. No es este, en cualquier caso, el hecho más notable que encontramos en estas páginas de MacCarthy.

Junto a los episodios vitales que conciernen a Gropius, MacCarthy dispone las fuentes intelectuales que dieron como resultado una depuración artística, de aspecto inhumano y fabril, pero cuyo venero se hallaba precisamente en los gremios medievales, en su carácter artesanal, y cuya recuperación artística se había dado ya en William Morris, en Ruskin, en Gaudí, y en cuantos, finalizando el XIX, trataban de rehumanizar las fabricas y el domicilio obrero, otorgándoles el beneficio de la belleza.

Esta belleza, sin embargo, es ya otra en Adolf Loos, cuando equipare "ornamento y delito" a comienzos del XX. Y será esa belleza límpida, acerada (la belleza lineal y urgente de Marinetti), aquella que quiera aplicar Gropius sobre un ideal de trabajo, salido de las fábricas, sí, pero también, y en no menor medida, salido de las trincheras de las Gran Guerra.

Toda esa espiritualidad, pues, toda esa nueva escolantía, plasmada en la Bauhaus, es lo que aquí se resume de manera escrupulosa y eficaz, sin perder de vista, repito, ese carácter regresivo con que se formuló el progreso de las artes en el XX.

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