Tacet. Un ensayo sobre el silencio | Crítica Solitarios en Dios

  • Obra de postrimerías, el ensayo de Giovanni Pozzi sobre el silencio se acoge a la tradición monástica para reivindicar el camino que conduce de la lectura al estado contemplativo

El padre Giovanni Pozzi (Locarno, 1923-Lugano, 2002) se formó en la prestigiosa Universidad de Friburgo. El padre Giovanni Pozzi (Locarno, 1923-Lugano, 2002) se formó en la prestigiosa Universidad de Friburgo.

El padre Giovanni Pozzi (Locarno, 1923-Lugano, 2002) se formó en la prestigiosa Universidad de Friburgo.

Por lo que explican los prologuistas de este precioso opúsculo, Victoria Cirlot y Massimo Danzi, la obra del sacerdote capuchino y reconocido italianista Giovanni Pozzi comprende aportaciones fundamentales sobre la mística, la iconología o las relaciones entre la palabra y la imagen, junto a trabajos sobre el humanismo y la literatura barroca que como los anteriores esperan todavía ser traducidos al castellano. Entre tanto, su tardía presentación en España viene de la mano de este "ensayo sobre el silencio" –Tacet, tercera persona del singular del verbo latino callar– que Pozzi publicó un año antes de su muerte, a comienzos del milenio, donde el estudioso describía un fecundo itinerario –desde la soledad a la contemplación, con las estaciones intermedias de la lectura, la meditación y la oración– que no ha perdido vigencia ni sentido fuera del ámbito monástico en el que nació y ha sido cultivado durante siglos.

El discurso espiritual de Pozzi resulta tanto más valioso en una época caracterizada por el ruido

Pozzi comienza señalando las paradojas de la soledad y el peligro del ensimismamiento, que desaparece cuando, como aconsejaba Clara de Asís, el corazón se asimila a la sustancia divina. Los "solitarios en Dios" buscan el apartamiento del mundo, pero incluso aislados, en el desierto o en la celda, no dejan de oír las palabras en el interior de la conciencia. Está el "silencio de la escucha", que se manifiesta de modo casi mágico en la lectura, y el "silencio de memoria" durante la meditación, preludio de una cima "que anula el discurso porque abole el paso del tiempo". Después de ella tiene lugar el descenso –la "bajada aniquilante"– que vuelve al punto de partida, pues los contemplativos, del mismo modo que los escaladores, no pueden habitar por mucho tiempo las cumbres anheladas. Pese a su brevedad, Tacet no es una obra divulgativa y parece menos fruto de la reflexión que de una experiencia profunda, hasta cierto punto indecible y desde luego radicalmente religiosa, pero con implicaciones espirituales e incluso poéticas que resultan tanto más valiosas en una época caracterizada por el ruido.

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