'¿Y si escribes un haiku?' | Crítica

Lo breve y lo eléctrico

  • En el libro '¿Y si escribes un haiku?', Josep M. Rodríguez invita a más de 70 autores, que no habían tanteado hasta ahora este formato en su obra, a expresarse en apenas unas sílabas

Josep M. Rodríguez Josep M. Rodríguez

Josep M. Rodríguez

"Pero, ¿qué es un haiku? La respuesta no es sencilla", asegura Josep M. Rodríguez (Súria, Barcelona, 1976), un poeta que pese a haber cultivado en pocas ocasiones su escritura -sus piezas en este formato "se pueden contar con los dedos de una mano"- advierte una poderosa huella de este género en su sensibilidad y en su obra. No en vano, su primer libro, Las deudas del viajero, de 1998, se abría con una cita de Matsuo Basho. "Siempre digo que todos los poemas que he escrito son, en el fondo, haikus: porque intento que en ellos estén todos los elementos que he aprendido de ellos. Que si puedes decir una cosa con una palabra no es necesario utilizar dos. O que lo que importa no es el tiempo que tardamos en leer un poema, sino lo que ese poema perdura en nuestro recuerdo", sostiene el ganador del Premio de Poesía Generación del 27 por Arquitectura yo.

Hace ya tres lustros, en 2004, Rodríguez coordinó Alfileres, la primera antología que se acercaba a los modos de entender el haiku en España en las voces de creadores como José Ángel Valente, Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca, Felipe Benítez Reyes o José Mateos. Aquel libro "se agotó rápidamente y ahora es poco menos que un milagro conseguir algún ejemplar en librerías especializadas", cuenta el barcelonés, al que desde entonces más de un editor solicitó "la versión 2.0" de aquella propuesta, un proyecto que Rodríguez rechazaba. "El haiku se había hecho tan popular, tan frecuentado, que me parecía innecesario repetir".

Quince años después de aquella publicación, el poeta repensó la idea: había transcurrido mucho tiempo y ahora podía reunir a un gran número de autores "que nunca habían utilizado en sus libros este tipo de estrofa para pedirles/preguntarles: ¿Y si escribes un haiku?". Les ofreció resumir el mundo, captar su misterio, en apenas diecisiete sílabas. Sentir el "vértigo" de esa "brevedad máxima" que deslumbró a clásicos tan dispares como Ezra Pound, Paul Éluard, Juan Ramón Jiménez, Octavio Paz o Kerouac.

Ángeles Mora. Ángeles Mora.

Ángeles Mora. / Pedro Hidalgo

Así surgió una obra que se titula, precisamente, ¿Y si escribes un haiku? (La Garúa) y que incluye a escritores tan diversos como Juana Castro, Joan Margarit, Javier Lostalé, Ángelo Néstore, Ben Clark, Alejandro Simón Partal y Ángeles Mora. Una selección que no se limita a la poesía -en ella está la cantante de Tulsa, Miren Iza- ni al ámbito de España: en el conjunto aparecen también nombres destacados de Latinoamérica. "Gira la cara: / infinitas hortensias / cubren el mar", escribe, sugerente y rotundo, el chileno Raúl Zurita. La nicaragüense Gioconda Belli incide en el dolor por su país en una pieza que se llama Nicaragua: "Muchos han muerto / pero el ciego tirano / rehúsa verlos".

El boliviano Eduardo Mitre, la venezolana Yolanda Pantin, los mexicanos Marco Antonio Campos, Coral Bracho y A. E. Quintero, el cubano Víctor Rodríguez Núñez, el dominicano Frank Báez y la argentina Mercedes Roffé forman parte también de esta polifonía en la que conviven estéticas distintas. "No tendría sentido", defiende Rodríguez, "hacer un libro que sólo recogiese a poetas de una escuela. Quería que el libro fuese plural, con autores de todas las tendencias posibles, con voces latinoamericanas, españolas, poetas en gallego, catalán y vasco, y con una fuerte representación de voces femeninas. Cuantos más a sumar, mejor".

Varios creadores se mantienen fieles a sí mismos y prolongan su poética en estos encargos. Vicente Gallego regresa a esa serenidad conquistada con los años y dispone: "Perdona, flor, / te corté para el vaso / y el agua clara". Pablo García Casado destila de nuevo una rara belleza desde la realidad más prosaica: "Melancolía. / Cintas de cine porno / de los 80". A Rodríguez le sorprendió, sin embargo, la actitud que mostraron los invitados al proyecto, "la generosidad de todos los autores, que la palabra que más utilizaran cuando les propuse escribir un haiku fuese reto, o la humildad con la que poetas enormes, a los que admiro, me pidieran mi opinión porque, evidentemente, aquello era nuevo para ellos... Me dejaban entrar en su taller. Y ahí uno se da cuenta de que los grandes poetas lo son porque no dan nada por hecho", analiza un especialista que ya firmó un ensayo sobre el haiku, Hana o la flor del cerezo.

Ángelo Néstore. Ángelo Néstore.

Ángelo Néstore. / Javier Albiñana

En el prólogo, Rodríguez explica que fue el aislamiento que vivió Japón durante el reinado de los Tokugawa, en el que "prácticamente ningún japonés podía salir ni entrar del país y, del mismo modo, ningún extranjero podía acceder o comerciar en sus costas, porque quien lo incumplía acababa condenado a muerte", el que favoreció la fascinación que provocaría el país asiático. "Cuando las fronteras se vuelven a abrir, ya en la segunda mitad del XIX, aquello despierta una curiosidad absoluta por parte del mundo occidental, que se llena de biombos, sombrillas, sedas, muebles lacados, grabados ukiyo-e…", enumera el escritor. Poetas como el mexicano José Juan Tablada, los hermanos Machado, Díez-Canedo o García Lorca sucumbirían antes o después en su producción a los encantos de Oriente. "Todos ellos coquetearon con el haiku y lo japonés. Pero fue una aproximación muy superficial", opina Rodríguez, que destaca que "los ensayos, como los de Rodríguez Izquierdo, y el grueso de traducciones, como las de Octavio Paz y Antonio Cabezas, no llegarían a España hasta los años 70 y 80 del siglo XX".

¿Y si escribes un haiku? se estructura, señala Rodríguez, "como se ordenan los libros de haikus tradicionales: siguiendo un orden estacional. En este caso empieza a finales de invierno, comienzos de primavera... y el libro avanza hasta poco después del Año Nuevo. La idea de partida es que que fuese un libro, no un catálogo de animales disecados. Por eso no están ordenados los poemas por orden cronológico o alfabético. Y por eso los nombres de los autores están puestos casi a final de página", expone el editor de esta propuesta. Un libro que devuelve la atención a un género "capaz de encerrar un amanecer o el canto de un pájaro en diecisiete sílabas. ¡Pero son sólo diecisiete sílabas! Por eso", concluye Rodríguez, "ningún haiku funciona si el lector no pone de su parte, no completa el poema".

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