ARQUITECTURA | CRÍTICA DE LIBROS Contra la frivolidad

  • Los nuevos libros de Moisés Puente y Francisco González de Canales son un antídoto contra el ensimismamiento que acompaña a gran parte de la crítica de arquitectura actual

Can Jaume, de Ted'a Architectes.

Can Jaume, de Ted'a Architectes. / Luis Díaz Díaz

En el prefacio de su nuevo libro, Cháchara (Caniche, 2020), Moisés Puente advierte sobre esa deriva en la que está sumida la arquitectura desde hace algún tiempo, en la que pensamiento y crítica han sido sustituidos por un personalismo desbordado. Esta cultura de la representación, esta instagramización de la profesión, no es exclusiva de la práctica arquitectónica, pero le afecta de una forma perversa, porque "sustituye el estudio meditado sobre temas de interés disciplinar por la proyección meramente personal". El resultado de tanta "abundancia de palabras inútiles" es una generación de "arquitectos bienalistas", que peregrinan por eventos de todo el planeta mostrando obras de interés entre dudoso y escaso, que sin embargo ocupan un papel protagonista en unos medios de comunicación cada vez más rendidos al poder de la cultura visual.

Cubierta de 'Cháchara'. Cubierta de 'Cháchara'.

Cubierta de 'Cháchara'.

Puente sabe bien de lo que habla: editor y traductor de publicaciones de arquitectura desde finales de los noventa, director de la revista 2G y de su propia editorial, ha comprobado de primera mano cómo ha "desaparecido la crítica de las revistas especializadas, ocupadas en publicar textos autocomplacientes de promoción de los estudios". Frente a esa realidad, él insiste en pensar y escribir sobre arquitectura, en buscar conexiones ocultas entre distintas épocas históricas, maneras de construir, escuelas y maestros, pero también en relación a otras disciplinas como la historia, la escultura o la literatura. Conexiones que explora en Cháchara, una selección de escritos realizados a lo largo de veinte años, en los que cohabitan Aldo Rossi y Gordon Matta-Clark, Mies Van Der Rohe se enfrenta a Alejandro De La Sota y los juegos de palabras de Raymond Queneau encuentran ecos insospechados en los proyectos del estudio Arquitectura G.

'Cháchara' se puede leer como una colección de relatos cortos con figuras poéticas asomando entre líneas

Sin embargo, y más allá de las piruetas formales y de su profundidad crítica, lo interesante de Cháchara es que se puede leer como una colección de relatos cortos, en los que el estilo de escritura juega un papel fundamental y las figuras poéticas asoman entre líneas. Así, es posible entender la visita a una obra inacabada del arquitecto madrileño Paco Juan, que "consigue el más difícil todavía: construir las más bellas ruinas", en clave detectivesca; la descripción de una casa de Valerio Olgiatti, que carece de jerarquías entre sus estancias, inspira un texto corrido en el que no existen mayúsculas ni puntos, aparte de un punto y final; y la historia del pabellón que Konstantin Mélnikov construyó para la Exposición Internacional de París de 1925 se convierte en un juego de espejos, en el que nada es lo que parece. Incluso hay espacio para el humor en el epílogo, cuando, siguiendo uno de los divertimentos de Queneau, una grávida sentencia de Mies Van Der Rohe degenera en abundancia de palabras inútiles: pura cháchara.

González de Canales analiza la relación entre creación en tiempos de crisis y manierismo

Por supuesto, no todos los estudios de arquitectura surgidos tras el cambio de milenio encajan en esa definición de "bienalistas". También los hay que intentan trabajar un discurso propio, que sea ajeno a las modas y que responda a la complicada situación que esta generación ha tenido que afrontar: un entorno de crisis, con obras escasas y de escasa entidad, clientes casi siempre privados y presupuestos exiguos. El arquitecto sevillano Francisco González de Canales analiza algunos de ellos en su nuevo libro, El manierismo y su ahora (Vibok Works, 2021). Estudios como los suizos Lütjens Padmanabhan, los mallorquines Ted'a o los también sevillanos Studio Wet, poco habituales en las publicaciones que hacen bandera de la cultura visual, y con el común de que su obra se pliega a una especie de manierismo, un término que habitualmente se utiliza con connotaciones peyorativas.

Restaurante Rómola, de Andrés Jaque. Restaurante Rómola, de Andrés Jaque.

Restaurante Rómola, de Andrés Jaque. / Miguel de Guzmán + Rocío Romero

González de Canales, sin embargo, realiza una acerada defensa del concepto, que rastrea a niveles histórico y formal, a través de críticos clásicos de arquitectura como Colin Rowe, Manfredo Tafuri o Robert Venturi, cuyo libro Complejidad y contradicción en la arquitectura (1965) tiene un protagonismo fundamental en el discurso, pero también de otras personalidades como el poeta T.S. Eliot o el sociólogo Zygmunt Bauman. Una multiplicidad de puntos de vista que le permite desarrollar su tesis principal: que son precisamente los momentos o las situaciones de crisis los que empujan a los creadores a utilizar tácticas y estéticas manieristas, y que en esa búsqueda surgen ideas brillantes y felices, como demuestran las obras de los estudios seleccionados. Una tesis, por cierto, que entronca con otros autores contemporáneos, como Mark Fisher, Byung-Chul Han o Simon Reynolds, que trabajan en los campos de la filosofía, la política y la cultura pop desde presupuestos parecidos. Otra señal de que González de Canales tiene razón al intentar sacudir el ensimismamiento que acompaña a gran parte de la crítica de arquitectura actual.

Además, El manierismo y su ahora se completa con un estupendo texto de Paula Álvarez, editora del libro y responsable de la editorial Vibok Works, en el que reflexiona sobre "la subcultura del ensayo editorial en arquitectura", su evolución histórica y su valor como agente de cambio social y político. Reflexiones que, curiosamente, transitan por caminos paralelos a los de Moisés Puente (hay algunos párrafos e ideas que podrían haber saltado de un libro a otro), en su apasionada defensa de una crítica que eluda los cantos de sirena de la cultura visual para recuperar "un espacio polémico de encuentro, reflexión y acción". 

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