'Ahora' | Crítica Un sobrio vitalismo

  • La onubense Yolanda Morató propone una austera reivindicación de la existencia en 'Ahora', un poemario en el que su autora se inspira en vivencias personales "para contar una historia"

Yolanda Morató, en la presentación de su libro en Madrid. Yolanda Morató, en la presentación de su libro en Madrid.

Yolanda Morató, en la presentación de su libro en Madrid.

"Qué grande eres, dolor, cuando te empeñas. / Me has enseñado el camino difícil / y ahora celebro cada instante de la vida", escribe Yolanda Morató (Huelva, 1976) en Bien mal, uno de los poemas de Ahora, el libro que publica en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara. Una obra que desprende, apunta el editor Ignacio F. Garmendia, una sobria reivindicación de la existencia, "un vitalismo que no es entusiasta".

Episodios como el contacto con la enfermedad o la muerte de su amiga la editora Ana Santos Payán mostraron a la poeta la importancia de abrazar el presente. "Me enseñaste mil cosas, / aunque una sobre todas las otras: / el mañana no existe", dice Morató en Ana de todos los ahora, el emocionante poema en el que recuerda a la responsable de El Gaviero Ediciones, fallecida en 2014 a los 41 años.

"Alguien se convierte en adulto cuando empieza a ser consciente del dolor y de la muerte. Si eso se sabe interpretar, te proporciona un aprendizaje. Como nuestros antiguos elepés, todo puede tener una cara B", asegura esta traductora y filóloga que tras un largo periplo por distintos destinos como Harvard, Massachusetts, León o Madrid hoy es profesora en la Universidad de Sevilla. "Creo que uno de los males del siglo XXI es esa obsesión que tenemos con el mañana. El futuro no existe: cuando llega, ya es presente", prosigue. "Es simbólico que presente signifique regalo. Es algo que aprendimos, por ejemplo, los que éramos amigos de Ana".

Morató llegó a esta conclusión también en sus visitas a los médicos. "Cada vez que algo dolía, cada vez / que un miembro entraba en huelga / ganaba una vida extra: / esa fortaleza que fingen los actores en pantalla", cuenta una voz que a lo largo del libro reflexionará sobre las lecciones y conquistas que proporciona la edad ("ya ves, la mano que te lleva / dócilmente a la vejez / se esfuerza en sosegarte / y te enseña, / si atiendes y te afanas, / si quieres y te dejas, / a mantenerte viva"), y que finalmente proclamará: "Soy feliz y ya no temo nada".

Entre la inevitable gestión de la nostalgia ("el pasado desprende / ese olor a cerrado / que tienen los armarios / sellados hasta hoy") y una mirada perpleja y no exenta de humor a los hábitos actuales ("por mi cabeza vuelan raudos / números, claves, contraseñas. / Hoy por la mañana metí / el PIN de mi tarjeta / en el microondas"), Morató hilvana un conjunto de escenas que el lector puede tomar como un autorretrato, una impresión que la creadora matiza. "No entiendo que no se considere la poesía como un género más de la ficción", defiende.

"No entiendo que la poesía se considere un género ajeno a la ficción", afirma Morató

En el último poema, Foto robada, ahonda en esa idea: "Escribes veinte estampas / y alguien se te acerca / y te pregunta si es tu historia. / Esbozas vida en unos versos / y ya hay alguien que piensa / que es la tuya", expone al comienzo de ese texto, que cierra asegurando: "En esa foto robada, / ahora te das cuenta, / estás casi posando / y ya no queda nada, / ni siquiera eres tú, / aunque lo parezca".

"La vida es indisociable de la literatura, en ella hay una parcela de experiencia personal", concede Morató en una charla con los periodistas, "pero esas vivencias son sólo un punto de partida para contar una historia". Y a la creadora le interesa asimismo otro factor que condicionará el trabajo, cómo el paso del tiempo aleja al autor de su propia obra, "cómo ese libro que escribes será otro cuando lo leas diez años después. Me gusta pensar en los poemas como en la creación de alguien que ya no soy yo, aunque tengamos la misma identidad jurídica la autora del pasado y la lectora presente", argumenta la onubense.

Una mano plagada de símbolos, recuperada de un antiguo tratado de magia, ilustra la portada del libro. "En tiempos de crisis, la gente recurre a la brujería, en vez de apoyarse en la ciencia se sirve de lo esotérico". Y, sin embargo, Morató desentraña el mundo desde otra posición: hereda de voces como Dorothy Parker o Anne Sexton un alto voltaje para expresar la vida. "Se oyen gritos en la sala. / La maternidad levanta la mano: / las mujeres que son madres / son superiores al resto", apunta en La bofetada hipócrita, un brillante poema en el que carga contra la inesperada arrogancia de las mujeres que han tenido hijos. "Cada semana viene alguien / y me lo dice, / me lo espeta a la cara (...)/ no sabes lo que es esto, / no puedes comprenderme, / no intuyes siquiera / lo que conlleva ser mujer / hasta que no pares (...) Guarda tus reproches para otras luchas, / sororidad no significa crear más clubes".

La dedicación de Morató a la enseñanza y a la investigación de la literatura ha propiciado que la autora no debutara hasta la madurez, con Nadie vendrá a salvarnos (2015), el único libro publicado antes de este Ahora. "Es muy difícil dar en clase a grandes maestros y luego presentar algo que pueda defenderse. Abruma pensar que tu obra va a compartir la misma estantería que Pound o Eliot", confiesa una poeta que sí ve en sus nuevos poemas "una actitud más exigente, una mayor autocrítica: había entre los textos del primer libro algunos de los 90, y aquí la perspectiva es más madura, inevitablemente", comenta. Morató no sabe situarse en ningún movimiento concreto. "Si tuviera que identificarme con alguien, diría que me siento más afín a alguien como Sara Mesa, pese a que hace mucho que no edita versos. No creo que encaje en ninguna etiqueta generacional", concluye la autora.

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