Iván Repila. Escritor

"Los hombres que nos creíamos feministas lo éramos muy de boquilla"

  • El autor publica 'El aliado', una sátira brillante que congela la sonrisa del lector y la historia de un tipo que se implica hasta las últimas consecuencias en la lucha por los derechos de las mujeres

Iván Repila, fotografiado este martes en Sevilla. Iván Repila, fotografiado este martes en Sevilla.

Iván Repila, fotografiado este martes en Sevilla. / Belén Vargas

"Qué pereza pensar. Qué pereza revisar mis privilegios", se dice el protagonista de la nueva novela de Iván Repila, El aliado (Seix Barral), un hombre que tras conocer a una activista que reivindica los derechos de las mujeres ve sacudidas sus convicciones y se plantea que no ha estado siempre, como creía, "en el lugar correcto". Atormentado por el "resumen de crímenes" que ha cometido como hombre, "las bromas sexuales, la usurpación, los silencios cómplices, todas las veces que no has escuchado lo que te decía una mujer", el personaje pasará a la acción de un modo totalmente inesperado y propiciará una revolución violenta para conseguir sus objetivos. Repila (Bilbao, 1978) se reafirma con humor e inventiva -porque lo que se presenta como una comedia envenenada acaba encauzándose hacia otros territorios- como una de las voces más interesantes de su generación.

-Inicialmente en una clave de sátira, y más tarde en otros registros, el libro explora la culpa de un hombre que toma contacto con el feminismo.

-Sí. En cuanto te miras al espejo, y estoy hablando de mí y no sólo del personaje, y empiezas a hacer examen de conciencia y autocrítica, te das cuenta de que por muy feminista, muy aliado que te creyeras, en realidad no lo eras. Este golpe inicial es doloroso, pone en tela de juicio tu identidad, y todo lo que creías, pensabas, has hecho o has callado durante mucho tiempo.

-Salvo excepciones -la novela habla de las sufragistas inglesas como de un caso aislado-, el movimiento feminista no ha recurrido a la violencia para sus reivindicaciones. En su ficción, sin embargo, esta circunstancia cambia...

-Gente como Judith Butler defiende que no se puede utilizar la violencia para destruir un sistema que utiliza la violencia, porque sería incurrir en una paradoja. No le falta razón, pero yo no tengo las ideas tan claras en este sentido. Pienso que determinadas conquistas sociales se han conseguido gracias a la violencia: no hablo de cortar cabezas, pero sí de cortar calles, montar barricadas, incendiar ciudades... Paralizar un país, me refiero a eso. Así se han conseguido grandes logros, y la causa feminista no ha explorado esa vía. No tengo claro que sea ésa la solución, yo escribo para preguntarme cosas, y una de las cosas que me cuestiono es si para lograr determinados objetivos no se avanzaría más rápido con otra actitud más contundente. Y que conste que no tengo respuestas al respecto.

"Lo del '#metoo' se veía venir. Si las mujeres de tu entorno te contaban, descubrías un mundo de terror"

-Un aspecto interesante de Najwa, el principal personaje femenino, es su modo de vivir la sexualidad, con unas inclinaciones que chocarían con su ideario feminista. Las personas, inevitablemente, somos contradictorias...

-Y, como dice ella, hay que distinguir entre el ámbito privado y el público. Uno es distinto dependiendo de la esfera en la que se mueva. Sería hipócrita decir que soy intachable en la intimidad: en privado me permito comportamientos o chistes que no tendría en un plano más político, social... Y a Najwa le sucede lo mismo. Su deseo está contaminado por el mundo en el que ha crecido y en el que ha sido educada. Su historia refleja lo difícil que es desprenderse de esa mentalidad machista, esa visión heteropatriarcal que nos inculcan no sólo nuestros padres y la escuela, también nos llega por los medios de comunicación, la publicidad y tantas otras vías.

-Podemos ver un símbolo también en otro personaje, la madre del protagonista, "que pasó de ser hija a esposa y madre a una velocidad inaudita" y "mitificó una vida que siempre la dejaría al margen".

-Y, como sucedió con tantas mujeres, fue un sacrificio inconsciente el que hizo, porque aquello era lo que había que hacer. España, además, tenía la particularidad de estar viviendo una dictadura, lo que redujo más las posibilidades. En muchas generaciones que nos preceden, las mujeres asumieron un rol secundario. Y en la novela hablo de cómo ese papel se ha perpetuado: describo una reunión familiar en que las mujeres recogen la mesa y los hombres se desentienden, como si fuera lo normal. Yo he vivido eso.

-Al protagonista le recomiendan autoras como Rebecca Solnit o Kate Millett, que él desconoce "a pesar de su formación en letras". ¿Qué hay que hacer para que las obras de corte feminista alcancen una mayor repercusión

-Diré una cosa: esas obras no nos llegan por nuestra culpa, esto ya no es una consecuencia del patriarcado. Los hombres hemos sido unos vagos, y decíamos que nos preocupaba el feminismo pero en realidad ese interés era de boquilla. Éramos unos falsos compañeros en la causa. Mira, si a ti te interesa el fútbol, por ejemplo, lees la prensa deportiva o lo que se escribe sobre el tema. Pero lo cierto es que todos los que decíamos estar a favor de la igualdad podíamos haber buscado, al menos, los textos fundacionales del feminismo. Conocer la teoría, saber qué es lo que se dice, cuáles son los conflictos, las particularidades del movimiento... Lo que le pasa al personaje me ocurre a mí, que estudié Filología. ¿Cuántos libros sobre feminismo había leído, conocía? Pocos, muy pocos.

"Me pregunto si para conseguir sus objetivos la lucha feminista no debería ser más contundente"

-Cuando en su obra se produce la revolución, se publican listas de las personas que han acosado o abusado de mujeres. Su obra no quiere ser realista, pero, ¿hasta qué punto una corriente como el #metoo ha derribado la impunidad que tenían esos agresores?

-Es curioso, porque el libro está escrito antes de que estallara lo del #metoo, pero es algo que ya estaba en el ambiente. Uno se lo podía imaginar si hablaba con las mujeres de su alrededor: si rascabas un poco, había tantas que habían sufrido un episodio así, descubrías un mundo de terror... Hemos consentido y perdonado muchos comportamientos discutibles. Esas veces que estás con los amigos un fin de semana, y uno de ellos, borracho, se pone pesado con una mujer e igual hasta le toca el culo... Y ahí estás tú, partidario de la igualdad, diciendo a la chica: "Oye, perdónalo que está borracho".Y no, tú tienes que coger a ese chaval, aunque sea tu amigo, y ponerlo en su sitio. No podemos seguir disculpándolo como hemos hecho hasta ahora.

-El aliado es una propuesta muy diferente a sus anteriores libros. ¿Le preocupa encasillarse, tiene la necesidad de sorprender al lector?

-En la literatura tienen que situarte en un registro concreto, pero en el cine no pasa esto. Spielberg hace Tiburón y hace La lista de Schindler y nadie se asombra: saben que es Spielberg haciendo sus películas, a veces más tristes, a veces más entretenidas... Y yo creo que los escritores tenemos derecho a esa libertad, a hacer proyectos distintos.

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