Premio Cervantes Ida Vitale: del portento y la palabra

  • La autora uruguaya recoge hoy a sus 95 años el Premio Cervantes.

  • En su obra, despojada y misteriosa, trata temas como el deslumbramiento ante la naturaleza o la función del lenguaje.

Ida Vitale, ayer en la Biblioteca Nacional. Ida Vitale, ayer en la Biblioteca Nacional.

Ida Vitale, ayer en la Biblioteca Nacional. / Juan Carlos Hidalgo / Efe

"Recuerda, clara y lentamente, el agua. / Escucha al pájaro: / ¿canta apenas su miedo / o demuestra esperanza? / Llega a la rosa y piensa en ella. / No te preocupe el hombre. / Él se basta: / a solas / prepara su cuchillo", escribía Ida Vitale (Montevideo, 1923) en Programa, uno de los poemas de su libro Mella y criba (2010) y un texto que puede entenderse como una suerte de poética en la que la autora celebra fascinada el portento que esconde la naturaleza. "¿Acaso no es milagro / que en el día, en este mismo sitio, / vengan los petirrojos / a comer en las manos? / ¿Que éstas mismas existan, / bien dispuestas? / ¿O la cola con la que se pavonea / el pavo real narciso / ante nosotros que, al estarlo mirando, / milagreamos?", se preguntaba unos años antes -2005- en otro libro, Trema.

"Mi homenaje / al que plantó cada árbol / sin pensar, para siempre", anotaba la poeta uruguaya en Mi homenaje, el fragmento que precisamente leyó ayer Luis García Montero en un acto en el que Vitale, ya en España para recoger hoy el Premio Cervantes, reivindicó el humor del Quijote y evocó a uno de sus maestros, José Bergamín, de quien guardó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes el manuscrito de una obra suya, Crítica trashumante.

El Cervantes, que los reyes Felipe y Letizia le entregarán hoy en Alcalá de Henares a la escritora, representante de la Generación del 45 que incluía también a otras voces de Uruguay como Ángel Rama [primer marido de Vitale], Mario Benedetti o Idea Vilariño, premia así una obra en la que su artífice parece más interesada en los prodigios del mundo vegetal o animal que en los avances que ha conquistado el hombre. "Como si el estornino / no tuviese otra cosa para el asombro / que su nombre. / ¿Pero en quién sino en él / obra el dorado? (...) Va como un caballero medieval, / pronto para el torneo o el asalto / o el polvo del camino / en sus ropas de noble vagamundos", describe en uno de los poemas de Reducción del infinito (2002).

"Un breve error / las vuelve ornamentales", advierte sobre el peligro que ve en las palabras

Pero Vitale, la quinta mujer distinguida con el Cervantes y reconocida también con otros galardones como el Reina Sofía o el García Lorca, gestiona este deslumbramiento desde la concisión y el misterio, con una poesía que su autora somete a una poda constante y deja en su esencia: la anécdota y la obviedad están vetadas en una producción que invoca a la trascendencia de lo telúrico. "Escribo entre lo oscuro, / cuando nada hay que brille / y llame de la tierra. / Inauguro en lo oscuro, / observo, escarbo en mí / que soy lo oscuro / hacia / lo más oscuro, / por el fondo del pozo / del tiempo, / del ser casi no ser, / tras la semilla, gema, / origen, nacimiento / de mí, / de madre, abuelas, / inalcanzable océano / de tiempo / y perdidas criaturas tragadas", expone en Oscuro, un pasaje de Sueños de la constancia (1984), uno de los libros que recoge -en orden cronológico inverso- la Poesía Reunida de Vitale que publica Tusquets.

Vitale depositó un manuscrito de Bergamín en la Caja de las Letras. Vitale depositó un manuscrito de Bergamín en la Caja de las Letras.

Vitale depositó un manuscrito de Bergamín en la Caja de las Letras. / Ballesteros / Efe

La creación de esta poeta encierra también una reflexión sobre los límites del lenguaje y su poder sanador. "A ti, alfabeto, / gracias te sean dadas, / por acudirme, pese a esta miseria: / musitas y aminoras con memorias / de milagrosas y narradas lluvias, / de mares y manzanas, tanto agobio, / que olvido este calor y que aún lo escribo". Pero, bien lo sabe Vitale, las palabras, "promesas de sentidos posibles, / airosas, / aéreas, / airadas", son también un material inflamable del que "temer su turbulencia / como el bote arriesgado / quien no nada" y a las que "un breve error / las vuelve ornamentales. / Su indescriptible exactitud / nos borra".

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