Síndromes expresivos 17
  • Repasamos cuáles son los síntomas más comunes de este síndrome, provocado por la creación de una falsa imagen de superioridad intelectual

El latín macarrónico: Sapere aude

'Augusto de Prima Porta', estatua de César Augusto 'Augusto de Prima Porta', estatua de César Augusto

'Augusto de Prima Porta', estatua de César Augusto

Escrito por

· Jorge Andrada

Hubo un tiempo no muy lejano, en que los inmaculados adolescentes cursaban como materia obligatoria en el Bachillerato el estudio del latín y, en paralelo, reflexionaban sobre los hitos de la cultura clásica. Así, con una dedicación a veces impuesta por las circunstancias no siempre favorables a estos nobles espíritus, aquellos jóvenes declinaban al ritmo de nominativo singular con un toque de ablativo plural, conjugaban tiempos verbales con el colofón del supino irregular, traducían oraciones encabezadas por las preposiciones cum y ut y memorizaban sentencias y máximas emanadas de la sabiduría grecolatina. Dichosa edad, llamada por los antiguos como dorada.

Sin embargo, la continua y cíclica derogación de las leyes educativas, y las recurrentes reformulaciones de los currículos de las materias obligatorias y optativas, ha traído consigo una desaparición de facto del estudio de la gramática de las lenguas clásicas. De esta forma, no es sorprendente que las prioridades de la enseñanza de las áreas lingüísticas vengan marcadas por las directrices del informe PISA, cuyos ideólogos en ningún apartado mencionan la importancia del estudio de la cultura grecolatina. Sin duda, asistimos a la primacía de la comunicación inmediata al servicio de unos usos sociales pragmáticos y mecánicos, alejados de cualquier inquietud por el cuestionamiento de determinados postulados en boga.

A la vista del panorama, muchos filólogos pensamos con cierto pesar si es peor el remedio que la enfermedad. Dicho de forma más directa: quizá sea mejor el absoluto desconocimiento de las formas léxicas latinas por parte de la población actual ya que, al menos, nuestros castos oídos no están sometidos al escarnio público de unos pseudointelectuales de gafas de pasta y pin de partido, que se jactan de emplear fórmulas fijas desfiguradas por el desconocimiento. Como dice con mucha guasa el tendero del barrio: "Manolete, ¡si no sabes torear pa qué te metes!". 

Este placer íntimo y personal por reducir a cenizas la excelencia de la cultura clásica recibe el nombre de síndrome del latín macarrónico o stultissime (completo estúpido). Los síntomas más comunes de esta enfermedad, provocada por la creación de una falsa imagen de superioridad intelectual, pueden resumirse en los siguientes puntos:

  1. El stulte más habitual en las tertulias de expertos de la nada suele acudir de forma sistemática a dos expresiones que revelan la generosidad de su apelativo. En primer lugar, cuando intenta iniciar un supuesto análisis sesudo sobre cualquier obviedad y se pierde en circunloquios y juegos perifrásticos posmodernos, sentencia con la coletilla *A grosso modo en lugar de la correcta sin preposición grosso modo. No satisfecho con el ridículo, remacha el excelso discurso con expresiones mutiladas como *De motu propio por la más simple y menos lucida motu proprio.
  2. El stultissime suelta a quemarropa, sin el menor disimulo, citas clásicas ojeadas unos momentos antes en la wikipedia para stultes del siglo XXI o se las inventa directamente ante los ojos entrecerrados de los contertulios obnubilados. En estas ocasiones, toma aire, encoge el michelín derecho y, con voz impostada, concluye la perorata con un *mutatis mutandi en lugar del correcto mutatis mutandis, ante la aclamación de unos seguidores de bajo coste (o era low cost, ya no me acuerdo).

¿Se puede superar?

Mientras hay vida, hay esperanza. Por tanto, el tratamiento recomendado para no padecer este síndrome expresivo es bastante simple:

  1. Si eres insultantemente joven, te recomiendo que omitas cualquier frase o enunciado en latín. Aún recuerdo lo mal que lo pasé, cuando en una exposición oral un alumno afirmó: "In illo tempore, durante mi infancia…". La experiencia de las quince primaveras…
  2. La lectura de algunas novelas ambientadas en la época clásica, de autores solventes   como Manfredi o Mary Beard. ¿No te gusta leer? No pasa nada, querido amigo. Ya sé que vivimos en España. En este caso, te recomiendo echarle un vistazo al programa El condensador de fluzo en TVE y aprender de los siempre acertados comentarios de Néstor Marqués. 

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