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Síndrome expresivo 39

Puntos… suspensivos: Alfred Hitchcock, el maestro del suspense

El director de cine Alfred Hitchcock.

El director de cine Alfred Hitchcock.

El 29 de abril se celebra en las aulas el Día Mundial del Suspense con el objetivo de fomentar el placer de la lectura entre los alumnos, la creación literaria de historias con una tensión narrativa potente y, de paso, el conocimiento de las normas ortográficas de los puntos suspensivos. La idea original de esta festividad en honor de este intermitente signo surge de la desaparición del célebre director de cine, Alfred Hitchcock. Sin duda, una fecha simbólica para rendir homenaje a la habilidad del maestro en el manejo del misterio y el dominio del tiempo en la narración de aquellas inmortales historias. 

El diccionario académico define el término suspense de la siguiente forma: "Expectación impaciente o ansiosa por el desarrollo de una acción o suceso, especialmente una película cinematográfica, una obra teatral o un relato". Como bien saben los fieles seguidores de esta columna de síndromes expresivos, no seré yo quien ose enmendar tan certera explicación. Sin embargo, en la expresión escrita, sí podríamos añadir algunas reflexiones en el uso disparatado que muchos usuarios de la lengua hacen de este estilo de redacción a través de los puntos suspensivos.

En general, todos conocemos que tres y solo tres son los puntos suspensivos, aunque coincidan con el final de la frase. Hasta aquí, creo que no hemos descubierto América. Ahora bien, hay ciertos contextos comunicativos, donde las dudas aparecen y, como consecuencia, los textos se alejan de las normas establecidas por las instituciones encargadas de velar por la pureza del idioma:

  1. "Profesor, ¿mayúscula o minúscula detrás de los puntos suspensivos? Depende. ¿De qué depende?". El diálogo anterior es habitual en cualquier clase de Lengua y Literatura. Si la frase concluye con los puntos suspensivos, el enunciado siguiente se inicia con letra mayúscula. Por ejemplo, en Los resultados no han sido los esperados… Mejor será repasar los últimos temas explicados en clase. Sin embargo, si no se cierra la frase y esta se completa a continuación, se optará por la minúscula en enunciados como No sé por qué… ¡estoy empezando a sentirme como Alfred Hitchcock!
  2. Un defecto habitual en las redacciones de los alumnos es la combinación de los puntos suspensivos y la fórmula etcétera. Es curioso que muchos de ellos piensen que, cuando se han quedado sin ideas, la mejor opción sea incluir uno de los dos recursos expresivos. Por ejemplo, en la afirmación En su momento cumbre, el Imperio romano abarcó casi toda Europa occidental, las costas del mar Negro, el norte africano… Parece como si quisieran demostrar su conocimiento enciclopédico al resto de los mortales: "Profesor, sé tanto que me da pereza seguir exhibiendo mi sabiduría". ¿Rompo en mil pedazos el examen? Calma, Jorge. Mejor date una vuelta por el centro de Sevilla y tómate algo fresquito, porque el siguiente ataca con más rock and roll con En su momento cumbre, el Imperio romano abarcó toda Italia, Roma, Nápoles, Milán, etc… ¡Dimito! Mejor me lo pienso. ¡Tengo una hipoteca! Buena reflexión, Jorge.
  3. La comunicación escrita en las múltiples redes sociales nos ha traído un uso surrealista de los puntos suspensivos. Así, es cada vez más habitual leer mensajes de texto en los que el emisor cree apostar por la economía lingüística y por las técnicas de suspense del gran Hitchcock: "No sé qué pasó… Les pedí los apuntes a los compañeros… He buscado en internet… Estoy muy nervioso… profesor… pero que muy nervioso". ¡Sin problema, chaval! Retiro lo del uso surrealista de los puntos suspensivos. ¡Tú escribe como quieras! Los apuntes te los daré yo… y lo sabes… 

¿Se puede superar?

La adicción al uso descontrolado de los puntos suspensivos es más habitual de lo que creemos, y no solo afecta a los más jóvenes. No obstante, en los manuales de estilo se incide en que es uno de los trastornos expresivos más fáciles de tratar. Como norma general, el consejo más efectivo es que intentemos olvidarnos de este signo de puntuación en la redacción de textos formales y académicos. En un examen escrito, en una guía de viaje, en un manual de instrucciones, en una carta de presentación, en una hoja de reclamaciones, ningún lector echará de menos la combinación perfecta de los tres puntitos. 

Esta regla también es válida para la palabra etcétera, en su forma plena o abreviada etc., lo cual no quiere decir que nos olvidemos para siempre de estos recursos expresivos. Como subraya la RAE en la definición de suspense, en determinados contextos como "una película cinematográfica, una obra teatral o un relato", los puntos suspensivos pueden ayudar a que el espectador se quede petrificado en la butaca y que sufra en carne propia las desventuras del personaje de ficción.

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