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La visión del escocés

  • ECC Ediciones recopila en una nueva línea las principales obras de Grant Morrison, y ha comenzado con dos que lo definen como escritor

Una imagen de 'Kid Eternity'. Una imagen de 'Kid Eternity'.

Una imagen de 'Kid Eternity'.

Los años ochenta no fueron buenos tiempos para la editorial DC, que veía como sus personajes languidecían en unas tramas que cada vez importaban menos a los lectores, que necesitaba propuestas novedosas que llevarse a la retina.

Todo hubiera seguido igual si a finales de la década no se hubiera producido un desembarco de talentosos guionistas británicos, curtidos la mayoría en publicaciones como 2000AD o entre las páginas de las filiales de Marvel y DC.

Ahora son ya clásicos de la viñeta, pero por aquel entonces poca gente conocía sus nombres: Alan Moore, Peter Milligan, Jamie Delano y un joven de mirada huidiza, bastante tímido y que vestía de negro (por lo que recordaba mucho a uno de los miembros de la banda musical The Cure) llamado Grant Morrison.

Este último había presentado una propuesta para revitalizar a uno de esos personajes olvidados por todos, que descansaba en el limbo editorial, un tal Animal Man. Como el riesgo era poco, los editores de DC le dieron luz verde. Y el resto es historia…ECC recopila en una nueva línea las principales obras del autor escocés, y ha comenzado con un par que lo definen perfectamente como escritor. La primera de ella es la protagonizada por Kid Eternity, otro de esos personajes que no le importaban demasiado a nadie y que con su talento Morrison resucitó, y de qué manera.

Nos encontramos en la ciudad de New York, años noventa. Las hombreras mandan y en las fiestas el alcohol y la cocaína son el centro de atención de los invitados. Todo trascurre con aparente normalidad hasta que un chico aparece, de pronto, sobre una mesa llena de canapés. Y es entonces cuando se desata un terrorífico infierno de muerte y sangre.

Un monologuista, un cura, un psicópata fugado y una chica que huye… ¿Qué tienen que ver todos estos personajes con que las puertas del infierno estén a punto de abrirse? Tan sólo Kid Eternity lo sabe, y contará con la ayuda del humorista, Jerry Sullivan, del que tira como una marioneta sin hilos y que se va a convertir en improvisado sidekick hasta que el joven de tez blanca encuentre a una persona muy importante en la trama, que parece estar prisionero en el Hades, lugar al que van a descender.

Mientras, las diferentes líneas vitales de los otros personajes se irán acercando, conduciéndolos a un final inevitable. Cuando la última pieza de este nihilista puzzle sea colocada, observaremos la imagen completa y comprenderemos muchas cosas.

Morrison echa el resto en esta historia, que tal vez adolezca de una cantidad ingente de texto, muy común en aquellos cómics noventeros, pero que son la ayuda perfecta para introducirnos en las cabezas y pensamientos de los personajes protagonista.

Junto al guionista, un Duncan Fegredo que experimenta visualmente, bebiendo de las aguas de otros dos grandes de la ilustración como son Bill Sienkiewicz y Dave McKean. Una experiencia alucinatoria para lectores curtidos.

Detalle de la portada del volumen dedicado a Flex Mentallo. Detalle de la portada del volumen dedicado a Flex Mentallo.

Detalle de la portada del volumen dedicado a Flex Mentallo.

Y es a que a Morrison se le quiere o se le odia, no hay términos medios. Y lo podemos comprobar en el otro título de esta biblioteca bautizada con su nombre. Me refiero a las aventuras (por llamarlas de alguna manera) de Flex Mentallo, un fortachón basado en aquellos anuncios protagonizados por el musculado Charles Atlas, que desde la contraportada de los vetustos comics-books pretendía convencernos de la salud y bienestar que nos proporcionaría su método gimnástico.

Pues bien, Flex fue recuperado en las páginas de la colección protagonizada, y también escrita por Morrison, Doom Patrol. Y no, en esta ocasión no se trataba de uno de los olvidados personajes de DC, aunque reuniera todas las condiciones para ello. En su aventura en solitario, Flex se verá inmerso en una investigación, tratando de encontrar a un antiguo compañero de peripecias, el escurridizo El Hecho, un tipo enmascarado que va dejando crípticas pistas.

El mundo de Mentallo se ha vuelto gris, los colores de antaño se han perdido y la gris realidad lo ha conquistado todo, haciendo que el protagonista añore los viejos buenos tiempos que parecen haberse ido para siempre. Porque, ¿dónde están el resto de los héroes?

En paralelo seremos testigos de la caída de un hombre, que drogado, solo, y en medio de la lluvia rememora inconexos momentos de su pasado. En un interminable monologo le cuenta a alguien al otro lado del teléfono su infancia, sus traumas y su relación con los cómics…

¿Qué relación tiene este sujeto con lo que está pasando en el mundo de Flex Mentallo? ¿Por qué todo parece sacado del desquiciado argumento de un loco? El guionista, respaldado por uno de los grandes dibujantes del medio, Frank Quitely, nos regala una historia que habla de la imaginación, los traumas y el amor por esos personajes que nos observan desde el otro lado de la viñeta.

Si os gustan las historias únicas, con un toque muy personal, la Biblioteca Grant Morrison es la respuesta.

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