Cómics

Amor maldito

  • En esta sexta entrega de 'Balas perdidas' volvemos a encontrarnos con la fugitiva Virginia Applejack, que parece haber encontrado a su media naranja

Detalle de la portada del cómic. Detalle de la portada del cómic.

Detalle de la portada del cómic.

Los Lapham, David y María, decidieron en su momento darle un descanso a su obra más exitosa, y David pasó una larga época inmerso en otros universos superheroicos, ficciones que tal vez no dieron lo mejor de él, de las que personalmente salvaría dos auténticas joyas de género como son las que fueron publicadas en el fenecido sello Vertigo. Me refiero a Goldfish y Little Liars, ambas muy recomendables para los que os habéis hecho seguidores de Balas Perdidas.

Pero claro, había quedado una espinita por sacar, y la solución llegó gracias a la editorial independiente norteamericana más rompedora, que da oportunidad y libertad a sus autores para que creen con absoluta autonomía, sin estar atrapados por los plazos de entrega, Image. Cosa que hizo que el tándem Lapham comenzara, o mejor dicho, continuara con la saga de Balas Perdidas.

Y no parece haber pasado el tiempo, ni perdido frescura y, por supuesto, sigue golpeando fuerte al lector.

En este sexto tomo, a modo de prólogo, vamos a conocer a uno de sus protagonistas, el jovencito Eli Goldburg, un chaval que está entrando en la adolescencia, pero que aún conserva cierta pátina de inocencia que hace que no se percate de muchas de las cosas que ocurren a su alrededor mientras vive una existencia normal con su familia, compuesta por los padres y una hermana pequeña.

Pero claro, esto no es una sitcom, sino un crudo retrato de las bambalinas de las aparentemente plácidas existencias de una serie de personajes que esconden más de un cadáver en sus armarios. Y el pobre Eli, sin darse cuenta, se va a cruzar en el camino de un viejo conocido de los que seguimos las serie, un tipo sin escrúpulos, que a primera vista puede resultar agradable, pero es en realidad un asesino sin ningún tipo de escrúpulos. Me refiero, claro está, a Spanish Scott.

Los momentos que viva con él va a ser decisivos en su futuro devenir, y dejarán al chico marcado de por vida.

El resto del grueso volumen viene a ser una serie de capítulos, cronológicamente seguidos en el tiempo, en el que seremos testigos del regreso de Virginia, que parece haber encontrado un lugar donde poder establecerse (al menos por el momento) junto a su tía Jane, con la que mantiene una muy buena relación mientras no se hable de su tío Jack, que vive recluido en el garaje… ¿Qué le ocurrirá a este hombre?

Y es en estos momentos cuando la protagonista conocerá a Eli y bueno, nacerá el amor.

Pero claro está, el camino de Vinnie hasta ahora no ha estado asfaltado con rosas, más bien lo contrario, y la mayoría de las relaciones que ha establecido no le han traído más que problemas y experiencias de lo más traumático, aunque ella es una chica bastante dura. Y es que el tener en su círculo de conocidos a un tipo tan brutal como Dez no puede traer nada bueno…

La búsqueda de un dinero oculto, una casa en la playa, Marisol, el alocado y metafórico mundo de Amy Racecar y, como no podía ser de otra manera, la violencia, esa explosión que surge cuando menos esperamos y que nos golpea, al igual que a los personajes, dejando un paisaje de desolación, donde la esperanza se pierde por completo…

Al terminar su lectura, un sudor frío os recorrerá el espinazo pero querréis más, necesitáis seguir leyendo Balas Perdidas.

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