Possessor | Estreno en Movistar+ Cuerpos vacíos, identidades cruzadas

La siempre inquietante Andrea Riseborough, protagonista de 'Possessor'.

La siempre inquietante Andrea Riseborough, protagonista de 'Possessor'.

Lejos de esconder o disimular su filiación, Brandon Cronenberg (Antiviral) asume abiertamente la herencia y el legado paternos en un cine que prolonga sus asuntos, temas e imágenes para acercarlos a una contemporaneidad igualmente vírica, híbrida y mutante donde la nueva carne sigue siendo el epicentro simbólico del relato. No es muy difícil detectar las conexiones (ahí está Jennifer Jason Leigh para corroborarlo) entre este su segundo largo con aquella eXistenZ en la que los implantes cerebrales y las conexiones corporales posibilitaban un viaje por una realidad tan distópica como alegórica.

En Possessor, se trata también de la suplantación de la personalidad y la figura del doble en un futuro probable en el que las grandes corporaciones se hacen ricas espiando las vidas íntimas y donde también es posible introducirse en el cuerpo de otro para ejecutar acciones criminales. La realidad ficcional se desdobla así entre el infiltrado (una Andrea Riseborough de inquietante aspecto anfibio) y su nuevo huésped (Christopher Abbott) en el encargo de asesinar a un empresario con el fin de hacerse cargo de su corporación, un encargo que se verá truncado por los fallos de conexión y las fisuras del sistema que acabarán filtrando las personalidades y sus respectivas pulsiones y memorias en un espejismo distorsionado de confusión y autoconciencia que apunta a la (auto)destrucción.

Cronenberg lo filma entre imágenes turbadoras, espacios y arquitecturas de diseño, afrontando la violencia con ciertos excesos gore y agitando el imaginario de lo siniestro para abordar un relato sobre la identidad y sus máscaras en un mundo donde el control social ha traspasado todas las barreras de la ética y el sentido de la culpa y el vacío existencial acompañan eternamente a sus habitantes.