La excavación | Estreno en Netflix Antes de la guerra

Carey Mulligan y Ralph Fiennes en una imagen de 'La excavación'.

Carey Mulligan y Ralph Fiennes en una imagen de 'La excavación'.

Basada en una historia y personajes reales convertidos en novela por John Preston, y ambientada en la Inglaterra de 1938 en los meses previos a la Segunda Guerra Mundial, La excavación aspira a capturar y materializar todo un estado de ánimo a partir de la relación entre Eddit Pretty, una dama viuda y enferma (Carey Mulligan, buscando Oscar), y el arqueólogo Basil Brown (Ralph Fiennes), encargado de excavar unos túmulos de posible origen vikingo en su finca de Sutton Hoo.

O al menos eso parece en la primera parte del filme, en la que son ellos, sus caracteres opuestos, el entorno y el trabajo continuado los elementos que conducen el relato, apuntando incluso una posible atracción. Pero pronto entran en escena otros elementos externos que desvían la atención y disipan toda expectativa romántica: las pequeñas luchas institucionales por la autoría del descubrimiento, la llegada de nuevos miembros al equipo de excavación y sus pequeñas historias, el paulatino empeoramiento de ella o el paso de Brown a un segundo plano van descentrando poco a poco el núcleo de la historia para apuntar a lo que parece ser el verdadero interés de Simon Stone: construir una metáfora o un correlato entre el descubrimiento de los restos arqueológicos con el final de una era y un espíritu humanista destinados a desaparecer pronto bajo las bombas y los escombros.

Los últimos besos y amores furtivos, los desengaños, las despedidas y un tono elegíaco y funerario anuncian así el ocaso de una civilización y la inexorable llegada de la guerra, pero nunca de una manera triunfal, sino más bien desde la melancolía y una cierta sensación de fracaso colectivo.

Siempre en búsqueda de una cierta epifanía en la belleza natural que puede recordar a Malick, Stone filma a sus personajes en el entorno como si de una larga despedida del Edén se tratara. A la postre, el hecho de que el reconocimiento a la autoría del descubrimiento fuera tardío y finalmente compartido por la señora Pretty y el señor Brown, refuerza la idea que de que aquella guerra también se llevó por delante lo que había quedado escondido bajo tierra.