Un corazón extraordinario | Crítica Telefilme en paro cardíaco

Una imagen de 'Un corazón extraordinario'. Una imagen de 'Un corazón extraordinario'.

Una imagen de 'Un corazón extraordinario'.

Con el temible cartel de “basado en una historia real” por delante, la cinta alemana Un corazón extraordinario aspira a reblandecer el ídem de un espectador con las defensas demasiado bajas entregado a su historia de (improbable) amistad redentora entre un adolescente con una grave enfermedad coronaria y el hijo golfo e inmaduro de su cardiólogo, interpretado por el actor austriaco de origen tunecino Elyas M'Barek.

Plagada de tantas buenas intenciones como sobrada de tics y giros de telefilme melodramático de sobremesa, la película de Marc Rothemund (Sophie Scholl, los últimos días) se lanza sin pudor ni mesura por su sendero de buenismo para almas cándidas insistiendo en la dialéctica barata entre los peligros de la mala vida y los valores positivos del amor verdadero y la lucha siempre optimista contra las adversidades.

Un panorama ciertamente agotador aderezado con escapadas y momentos videoclip, escenas de sonrojante humor blanco y una inopinada complicidad machirula que nunca hubiéramos imaginado en este tipo de subproductos autorizados.