Buscando la perfección | Crítica McEnroe, domador del tiempo

Algo escondida en segunda línea de programación, Buscando la perfección fue sin duda una de las más gratas sorpresas y descubrimientos del pasado SEFF, un ensayo-documental con un ojo puesto en los gestos y movimientos armónicos y plásticos de John McEnroe en su etapa de gloria, hasta aquella final perdida de Roland Garros en 1984 contra Ivan Lendl, y otro en las deslumbrantes lecciones de cinematografía, teoría de la imagen y crónica deportiva a cargo de Gil de Kermadec, uno de los primeros realizadores de tenis y estudioso de sus técnicas, y del excelso crítico de cine y apasionado del deporte de la raqueta Serge Daney, ejes fundamentales para entender el desarrollo conceptual de una película que no trata exactamente sobre el tenis o la figura del genial e indómito tenista norteamericano, sino más bien sobre cómo filmarlos y estudiarlos desde su relación con el lenguaje del cine (olvídense de la televisión y todos sus tics incorporados poco después) y su técnica, remontándonos incluso para su propósito pedagógico a aquellas imágenes prodigiosas de la descomposición del movimiento humano salidas del fusil crono-fotográfico de Étienne Jules Marey.

La reconocible voz de Matthieu Amalric narra con cálida precisión científica la cuenta atrás de ese camino de McEnroe hacia la perfección técnica de su disciplina, al tiempo en que lo vemos sacar, golpear o volear a cámara lenta una y otra vez, gestionar su ira como mecanismo para el control de la situación y la victoria, pelearse con los elementos externos (cámaras,  micrófonos, un público siempre molesto) como manera de inventar y dominar el tiempo, primer y último objetivo de un deporte y un deportista único e irrepetible.