Juan Lebrón. Productor.

"Siempre pensé que 'Flamenco' continuaría con la fusión"

  • El productor prepara una nueva película sobre lo jondo, esta vez sin Carlos Saura.

  • El filme se rodará en el Teatro Apollo de Nueva York.

El productor Juan Lebrón. El productor Juan Lebrón.

El productor Juan Lebrón. / Antonio Pizarro

Comentarios 0

El productor Juan Lebrón quiere cerrar su trilogía sobre el flamenco en Nueva York, reuniendo a las nuevas generaciones de artistas y enfrentándolas a las fuentes de la música afroamericana; desde el blues al rap. Y lo va a hacer en el mítico Teatro Apollo, de Harlem, donde dieron sus primeros pasos desde Ella Fitzgerald, James Brown, a Michael Jackson. Se puede decir que Lebrón (Antequera, 1953) es el hombre que ha orquestado la imagen audiovisual de la Andalucía de nuestro tiempo desde que convenciera a Carlos Saura para rodar primero Sevillanas (1992) y después Flamenco (1995). Para la tercera, sin embargo, prescindirá del director aragonés y baraja los nombres de Juan Antonio Bayona o el mexicano Alejandro González Iñárritu.

Lebrón no ejerce de productor al uso actual, sino que se entronca en la línea de los productores de la época dorada de Hollywood, tan autores de la película como el propio director. Así, cuando a principios de la década de los 90 se plantea con Saura rodar una película sobre el flamenco, uno y otro acaban admitiendo que, para empezar a entrar en ese mundo complejo, mejor hacerlo despacito, con algo más fácil. Así nace Sevillanas.

-¿Un éxito inesperado?

-Pensábamos que, como género, tendría éxito en el público local y también en el mercado latino, pero resultó que donde en realidad sedujo fue en los círculos más cultos e intelectuales, en los amantes del jazz, del blues, de la ópera y de la música clásica... Tuvo un gran éxito y ganó muchísimos premios. Además de la maestría precisa, subyugante y sobria de la dirección de Carlos Saura, creo que, con Sevillanas, gracias a la fotografía de José Luis Alcaine, y a la escenografía de Rafael Palmero, provocamos un cambio radical en la estética del flamenco, en la manera de mirarlo. Era una versión completamente distinta de lo que normalmente se relacionaba con el flamenco. Una película esencialmente minimalista gracias a la simplicidad de la puesta en escena, que consistía básicamente en iluminación. Una escenografía muy atractiva y muy barata: pantallas de tela translúcidas iluminadas. Salimos de la negritud. Transformamos el género incluso en términos logísticos, porque gracias a la facilidad de llevar el decorado encima, casi sin sobrepeso en el equipaje porque no había que cargar con los decorados, propiciamos que empezaran a surgir muchos grupos de flamenco que hacían giras por todo el mundo con enorme éxito. Era fácil de evolucionar y proporcionaba una gran economía de producción.

-Después vino Flamenco.

-Sí, y para Flamenco no pudimos contar con Alcaine. Pero me puse a soñar, me lié la manta a la cabeza y me propuse contratar a Vittorio Storaro, que parecía inalcanzable, porque para entonces ya tenía tres Oscar. Aceptó con entusiasmo el trabajo y la película tuvo un éxito arrollador. Flamenco Hall of Fame, así la tituló The New York Times.

"Con 'Sevillanas' provocamos un cambio radical en la manera en que se mira el flamenco"

-Desde entonces han pasado 25 años. ¿Por qué llega ahora la tercera entrega?

-Siempre tuve claro que la tercera y última tendría que ser una película de fusión. También porque la relación con el blues ha estado ahí desde hace mucho tiempo, desde la época de Diego del Gastor, en Morón. Pero lo importante en esta ocasión va a ser el lugar donde físicamente se celebre este acontecimiento que vamos a filmar; una jornada que arrancará en el Teatro Apollo de Harlem a la seis de la tarde y que no sabemos cuándo acabará. Una jam session con la música del barrio.

-¿La produce usted y la dirige Saura?

-Hay una gran empresa que quiere hacerla. Sobre Saura, que es mi maestro y mi gran amigo, me doy cuenta de que, por desgracia, no puedo hacer la película con él. Esta tercera entrega tendrá un formato completamente diferente. Se trata de una película de cine digital que se rueda con veinte cámaras, que requiere de una energía, de una dedicación y de un tiempo de preparación tremendo. No sólo es un rodaje muy difícil, sino que la cuestión tecnológica aquí es fundamental. El cine clásico siempre se ha hecho con una sola cámara, máximo dos. Saura siempre ha rodado como nadie con una. Alcaine y yo conseguimos en algunos momentos del rodaje de Sevillanas poner otra cámara y meterle la primera cabeza caliente, un artefacto autónomo que viaja por ahí. Todo el clasicismo cinematográfico está basado en el movimiento de una única cámara sobre la que se centran todas las luces, planos, etc. Pero ahora todo esto ha cambiado de forma radical. Ahora se pueden poner cámaras en lugares inverosímiles. El juego es otro porque las cámaras de calidad son muy pequeñas y se dirigen sin la presencia física de un operador. Un cineasta clásico está acostumbrado a tener una visión unilateral, pero el cine ha cambiado, el lenguaje de salto de eje ha quedado obsoleto, ya no tiene sentido. Por otro lado, yo ya he hecho Sevillanas y Flamenco con Saura, hacer una tercera podría ser ir en la misma dirección, cuando lo que trato de captar ahora es lo nuevo, lo que ha cambiado, y eso no puedo hacerlo utilizando el mismo lenguaje. Es necesario otro punto de vista, otra visión...

"Seguir con Saura sería ir en la misma dirección. Y queremos captar lo nuevo, lo que ha cambiado"

-¿Qué ha cambiado con la digitalización?

-Se dice que el cine digital abarata la producción, aunque es discutible porque si quieres hacer un buen trabajo sigue siendo muy caro. Lo que sí ha cambiado es que, como que no se utiliza el celuloide sino la imagen electrónica, se pueda grabar todo lo que se quiera de modo que se produce una cantidad ingente de tomas, que luego exigen muchas horas de visionado y selección. Antes rodabas tres tomas de un plano y decidías positivar la segunda; ahora te llegan cinco horas de tomas por cinco diferentes cámaras. Y hay que montarlo. Es un trabajo exhaustivo y es un lenguaje diferente.

-¿Quién la va a dirigir, entonces?

-Necesito un director que dé un paso atrás y que lo vea. Que le apasione el flamenco. Se lo he propuesto a Juan Antonio Bayona y le apetece hacerlo. Pero también sé que Alejandro González Iñárritu está interesado. Cualquiera de los dos podría serlo. Ahora ya todo depende de las conversaciones.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios