4 días | Crítica Madre e hija

Glenn Close y Mila Kunis, madre coraje e hija yonqui en '4 días'.

Glenn Close y Mila Kunis, madre coraje e hija yonqui en '4 días'.

Una historia real convertida en reportaje periodístico pone la base para este melodrama familiar con el que Rodrigo García (Cosas que diría sólo con mirarla, Nueve vidas, Passengers, Albert Nobbs) vuelve a coquetear con los mimbres del telefilme de calidad y tema sensible.

El tema es viejo y su alcance universal, a saber, la compleja relación entre una madre (Glenn Close) y una hija adicta a la heroína (Mila Kunis) marcada por la angustia, el engaño, la desconfianza y el miedo, asuntos organizados en una cuenta atrás de cuatro días necesarios para una desintoxicación que permita un proceso de curación de más largo alcance y trufada de episodios, personajes y encuentros que buscan explicarlo todo o en su defecto rozan el sensacionalismo yonqui.

La casa materna funciona como escenario trufado de efectos de guion (esa alarma de las puertas, el puzle a medio construir) y el duelo entre las dos actrices proporciona la carne necesaria para el sufrimiento y el juego del gato y el ratón. Pero todo resulta demasiado obvio y subrayado en este descenso al abismo de la responsabilidad y la culpa, todo demasiado medido en un crescendo que pone al espectador en la tesitura de la empatía con algo de trampa y manipulación de por medio.

Si Kunis asume la delgadez, el rostro demacrado, la boca sin dientes y el pelo frito como muleta necesaria para su personaje, Close sigue necesitando también de la máscara, de demasiados apósitos y tics de veterana, para levantar su personaje.