Bienal

Una mujer que se reconoce en su reflejo

  • María Pagés presenta 'Siete golpes y un camino', una reflexión sobre las conquistas de la madurez.

María Pagés tiene una conexión "sincera, esencial" con la Bienal de Flamenco, por la que la bailaora procura no faltar a la cita. "He rechazado contratos por estar aquí. Hay prioridades", explica sobre por qué es una presencia habitual, siempre agradecida por el público, en el encuentro. "Mi trayectoria, y mi vida, están muy vinculadas a la Bienal, y me tomo participar en ella como un compromiso", asegura. Por ello, cuando el director de la iniciativa, Cristóbal Ortega, le ofreció formar parte de la programación de este año, "a pesar de que no tenía ningún proyecto, se puso a trabajar de inmediato", señala éste. Y Pagés, una intérprete acostumbrada a tomarse la creación como un diálogo consigo misma, como un ejercicio intimista, entendió esa invitación como otra oportunidad para mirarse por dentro.

Siete golpes y un camino, que la coreógrafa presenta hoy con las entradas casi agotadas en el Teatro de la Maestranza, es como tantos otros montajes de la sevillana (Autorretrato, Utopía) una pregunta: esta vez, su artífice se interroga "en qué momento me encuentro, qué quiero transmitir". Inspirada en una imagen característica de un autor al que ha invocado "siempre", Antonio Machado, traza un camino y en él dispone esos siete golpes del título, momentos que repasan su itinerario vital y artístico.

Un espectáculo en el que Pagés se muestra al auditorio no sólo en su plenitud de recursos como intérprete, sino con una conquista que trasciende la técnica: la conciencia de quien es, la madurez de identificarse con su imagen, no tan precisa a otras edades, en el espejo. "Tengo 51 años, la experiencia me ha dado la posibilidad de tomar distancia y ver en qué sitio estoy como creadora, como mujer. Lo importante en la vida es reconocerse, y yo me reconozco, sé que ésa soy yo. El tiempo pasa demasiado rápido y nos paramos poco", opina.

Siete golpes y un camino arranca con una primera parte, La palabra, que Pagés define como "un boceto" de la producción que estrenará el próximo mes en el Teatro Calderón de Valladolid, Yo, Carmen, en la que se sumerge en el alma femenina -lejos de ese mito "prefabricado" del personaje voraz, despiadado y caprichoso que cautivó a Mérimée y a Bizet, una visión que aún se sigue reproduciendo y que desmonta en su nueva propuesta- a través de las letras de diferentes autoras. Después de ese esbozo, el recorrido que planteará la bailaora en el Maestranza revisará también pasajes de los espectáculos que ha levantado en los últimos años. "Habrá cosas que se van a identificar al momento y otras que con los años han ido cambiando", adelanta la ganadora del Premio Nacional de Danza.

Pagés, lectora sensible y cosmopolita que tantas veces ha movido su cuerpo al dictado de la poesía, vuelve a hacerlo en esta obra, y la primera parte incluye textos de "mujeres que me han causado emoción", María Zambrano, Akiko Yosano, Marguerite Yourcenar, Margaret Atwood, Cécile Kayirebwa, Forug Farrojzad o Widdad Benmoussa, que la intérprete baila mientras se recitan en su lengua original. "Hay idiomas que no conoces, pero tienen un ritmo que te llevan a algo. Y luego, la traducción te da más información. Hay un poema corto, por ejemplo, de Forug Farrojzad, que habla de una mujer encerrada en una prisión que pide a su amado que le traiga la luz. Es una imagen tan potente...", asegura una mujer enamorada del lenguaje. "Cuando oímos una palabra se nos abre un mundo. Decimos flamenco y se nos despliega una inmensidad, decimos deseo y nos ocurre lo mismo".

El proceso de trabajo con el que se ha construido parte de Siete golpes y un camino, admite Pagés, ha sido peculiar: la intérprete ideó la coreografía desde el verbo, "y sobre eso hicimos la música". En esa dinámica se ha apoyado en dos colaboradores que hoy la acompañarán: el guitarrista y compositor Rubén Levaniegos y la cantaora Ana Ramón. "No es fácil hacer equipo, pero cuando tienes gente con tanta sensibilidad ya es fácil: nos conocemos, nos reconocemos. Hay una lealtad, un acompañamiento a nivel creativo, que se puede decir que hemos crecido juntos. Somos una compañía bien consolidada", afirma la bailaora, que destaca la "humanidad" de su equipo, precisamente una de las virtudes con las que Pagés, a la que no le da miedo exhibir su alma, suele emocionar a su público.

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