Bienal

Una historia en la frontera

El cante se escribe con L. Cante: El Lebrijano, Juan José Amador, Inés Bacán, Tomás de Perrate, José Valencia. Guitarra: Pedro M. Peña, Antonio Carrión, Ramón Amador, Ramón Amador hijo. Piano: Dorantes. Violín: Alexis Lefebre. Voz y kanun: Redduane Kourrich. Percusión: Agustín Henke, Nano Peña. Coros y palmas: Juan Reina, Sergio Romero, Juan Sanjuan. Baile: Carmen Ledesma, El Carpeta. Lugar: Teatro de La Maestranza. Fecha: Domingo 5 de octubre. Aforo: Lleno.

La Bienal que le ha devuelto su sitio al cante echa el cierre con uno de los grandes cantaores de nuestro tiempo, de todos los tiempos. Un músico que ha marcado las últimas cinco décadas jondas. Un intérprete superdotado, de voz poderosa y caliente, apta para todo el repertorio flamenco y otro nuevo que él ha creado. Voz de trueno que sacó fuerzas de flaqueza para marcarse unas soleares muy emotivas y unas seguiriyas de escalofrío. Tenso y concentrado echó mano al repertorio clásico para emocionarnos en los estilos creados por los lebrijanos Juaniqui y El Chozas. El cantaor vino con su familia y sus paisanos. Inés Bacán le dio la réplica con uno de esos romances fronterizos en los que va confusa la historia y clara la pena con su voz de llorona medieval. Frontera en la que siempre ha vivido lo jondo y que El Lebrijano franquea con el pasaporte de su voz prodigiosa y su inquietud musical. El espectáculo repasa los grandes hitos del cantaor. Algunos en boca ajena, como el Libres como el aire de Persecución, las Bienaventuranzas de La palabra de Dios a un gitano. En el primero la voz portentosa, tentacular, de Juan José Amador le canta al Carpeta y en el segundo José Valencia, tal vez el alumno más aventajado de Peña en el cante de hoy, convoca las épicas bíblicas.

Hay que cantar muy bien para emular al Lebrijano de hace 40 años y José Valencia se retuerce y se arroja en la melodía llevado en volandas por el piano múltiple, íntimo y heroico, de Dorantes. Tomás de Perrate le canta por alegrías a Carmen Ledesma, que se gusta en las mudanzas, y en el Cante de galeras, ya en la voz del propio cantaor, echamos de menos a Félix Grande, recordado en la voz en off, pero también a Enrique de Melchor, autor de la deliciosa falseta de introducción. Aunque los éxitos masivos del Lebrijano datan de los primeros ochenta, con los músicos andalusíes, como el Dame la libertad que corea todo el teatro en un ejercicio de nostalgia. O Lágrimas de cera, otro éxito, de nuevo El Lebrijano espiritual, y Diego Carrasco que dispara una vez más la energía para que El Lebrijano vuelva a cantar y vuelva a bailar y vuelva a reír y vuelva a llorar y vuelva a soñar en la frontera.

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