Bienal

La casualidad no existe

Imágenes cedidas por el ICAS. Ayuntamiento de Sevilla.

Voces de bronce. Cante: Juan José Amador, Antonio Suárez Salazar 'El Guadiana' y Enrique 'El Extremeño'. Guitarras: Ramón Amador, Manuel Amador, Óscar Lagos y Antonio Santiago 'Ñoño'. Lugar: Claustro de Santa Clara. Fecha: Jueves 2 de octubre. Aforo: Lleno.

Decía Voltaire que "lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido" y probablemente, por eso, nos cueste tanto encontrar la explicación a lo del espectáculo Voces de bronce.

Contábamos con que Juan José Amador, El Guadiana y Enrique El Extremeño son cantaores que, aunque llevan media vida acompañando al baile con enorme maestría, tienen sus limitaciones por esto. Pero no se esperaba la frialdad que desde el escenario se extendió al patio de butacas. Como tampoco sospechábamos que artistas de esta categoría fueran a pasar por alto la oportunidad de reivindicarse cantando palante, que se buscaba desde el programa.

Sin embargo, lo cierto es que ofrecieron un recital plano en el que todos incluyeron soleares y bulerías. Hasta el punto que cuando tras dos horas llegó el fin de fiesta -por bulerías de nuevo- el público estaba agotado del compás de los doce tiempos. Luego, la sensación que trasladaron, a excepción de El Guadiana, fue la de cansancio y hasta cierto desinterés. Puede que porque al de Triana le pese su paso por distintas propuestas de la Bienal -"venga que ya estamos acabando", dijo en algún momento- y al Extremeño le influyera acudir aquí después de cantarle a los Campallo.

El caso es que todos parecían esperar a que alguien se subiera al escenario a salvarles. A Juan José Amador, por ejemplo, se le veía perdido, buscando constantemente la complicidad de sus músicos. De hecho, quiso incluso dejar que el protagonismo cayera sobre la marimba, un nuevo instrumento con el que contó pero cuyo exotismo no podía sustituir lo que se esperaba de él.

Tampoco El Guadiana estuvo triunfante ni le ayudó el toque de Óscar Lagos que no parecía encajar con lo que necesitaba el protagonista. Menos mal que se explayó con los tientos-tangos arrancando los primeros oles. Por último, El Extremeño, una voz personal y del gusto de los aficionados que no tuvimos ocasión de escuchar de forma entregada y serena.

Evidentemente no se trata de discutir la valía artística de estas voces ni poner en cuestión sus trayectorias. Pero sí quedó claro que hay noches y hay noches. Y ésta no fue de las buenas.

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