Bienal

Israel Galván, el desierto queda atrás

  • El bailaor presenta en el Lope de Vega 'Flacomen', un viaje por la esencia de sus principales espectáculos con la música como argumento y la colaboración de la bailarina Patricia Caballero.

En 1998 Israel Galván se calzó unas botas con vida propia y, desde entonces, desde aquel sorprendente Los zapatos rojos, que presentó en la décima Bienal de Flamenco en su debut como creador, su baile de formación clásica se adentró para siempre por las arenas de la heterodoxia. Pero en esa travesía personal este artista que ha llevado el flamenco y el baile de Sevilla a los principales escenarios internacionales de danza contemporánea, que es una estrella adorada en Francia, siempre sintió "un gran malestar", la desazón de traicionar una herencia artística plenamente asumida, por otro lado. "Yo venía de ser un bailaor clásico. Había bailado desde antes de nacer porque mi madre estuvo haciéndolo hasta el séptimo mes de embarazo. Me formé primero con mis padres y luego me influyeron muchísimo Mario Maya y Manolo Soler. Y sin embargo, tras estrenar Los zapatos rojos, todo el mundo decía: 'Pero ¿esto qué es? Que si esto no es flamenco, que si es danza...' Y así pasé mis primeros diez años como creador atravesando una especie de desierto, buscándome con un gran sufrimiento. No conseguía ser feliz bailando", relató ayer en la sede de la Bienal de Flamenco.

Por fortuna, poco a poco se fue liberando de ese equipaje de responsabilidad y angustia "hasta que encontré el espíritu de lo que quería hacer, la manera de desahogarme". En ese cambio le ha ayudado "muchísimo" la intérprete de danza contemporánea Patricia Caballero -"yo la llamo mi médica del baile", aseguró-, a la que descubrió a través del vídeo de su espectáculo Lo raro es que estemos vivos y con la que ha recreado "desde la libertad" los momentos esenciales de sus principales espectáculos en un montaje "muy íntimo, sin una gran escenografía" que tiene la música como argumento principal y que hoy se presenta en el Lope de Vega con todas las entradas agotadas desde hace meses.

Israel Galván asegura que este Flacomen "no deja de ser flamenco, pero cambiado. El título se lo ha puesto Pedro G. Romero pero podría ser un buen resumen de toda mi obra", bromeó antes de referirse a quien es el director artístico de la mayoría de sus montajes y que aquí firma incluso una coreografía. "Pedro G. Romero es parte de mi vida y en este espectáculo voy a bailar unas sevillanas suyas", precisó de una de las piezas que serán estreno absoluto al igual que las alegrías que le ha montado Patricia Caballero.

Será así un Israel Galván plenamente reconciliado con la vida el que se subirá hoy a las 20:30 a las tablas del Lope de Vega en este trabajo en las antípodas emocionales de Lo Real-Le Réel-The Real, su ambicioso y extraordinario homenaje al Holocausto gitano, una de las creaciones más oscuras, torturadas y obsesivas de este Premio Nacional de Danza y Medalla al Mérito en las Bellas Artes que ha reinventado la historia del baile flamenco en una serie de espectáculos como La Metamorfosis, Galvánicas, El final de este estado de cosas.... que ahora volverán a sonar en Flacomen aligerados de tramas y libretos.

"Me tomo mucha libertad para seguir vivo bailando aunque eso conlleve críticas. Mi carrera tuvo un punto de inflexión hacia 2007. Después de un tiempo buscando lo que quería hacer, pude ir conociéndome más, y el público también", añadió Galván.

Caballero, por su parte, detalló que siempre ha pretendido "la máxima transparencia a la hora de sacar fuera lo de dentro" y que su principal contribución a este Flacomen fue "relajar el ambiente" y compartir con el bailaor "las cosas que me gustan, mi manera de vivir. Quería que Israel dejara de sufrir. Le veía cargar con una mochila demasiado pesada de expectativas, de presiones, de pasado". Ella ha ayudado a Galván a gestionar los gestos y los tiempos de sus anteriores montajes porque si algo caracteriza el baile de Caballero es, junto a su delicadeza, su capacidad para darle un sentido completamente distinto a las cronologías. "Bailar para mí es compartir mi presencia y mi cuerpo para que la gente disfrute con lo que hago", aclaró.

Tanto el director de la Bienal, Cristóbal Ortega, como la directora del Instituto Andaluz del Flamenco, María de los Ángeles Carrasco, que colabora en esta coproducción de los teatros de la Villa de París y Nimes, agradecieron a Israel Galván su presencia en este festival al que es fiel desde hace años y "los momentos tan mágicos" que protagonizó en la gala inaugural en el Maestranza, un espectáculo coral dedicado a Enrique Morente -al que volverá a evocar en Flacomen- que ha tenido una desigual acogida por parte de la crítica.

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