Santiago Lara | Crítica

El interés está en la cara jonda

Santiago Lara, en su recital en el Turina. Santiago Lara, en su recital en el Turina.

Santiago Lara, en su recital en el Turina. / Óscar Romero (Sevilla)

Empezó con su guitarra limpia y clara recordando Oración, la rondeña de su maestro Manolo Sanlúcar cuya obra se conoce al dedillo, tal y como demostró también el pasado lunes en Tauromagia, el espectáculo que estrenó en el Central junto a la bailaora Mercedes Ruiz.

De esta forma, además, Santiago Lara dejaba sentadas desde un principio las bases de su escuela –perfeccionista y disciplinada– y sus enormes cualidades como intérprete.

A partir de ahí, tocaba, y así lo esperaba el público, mostrar su faceta como compositor en lo que fue, de lejos, la parte más interesante del recital y la que verdaderamente dejó ver al Lara más sugerente. De hecho, fue en la soleá que le dedicó a Paco de Lucía donde el guitarrista enseñó el vigor y la robustez de sus manos. En la inspiradora farruca, lo mejor del repertorio, donde exhibió la elegancia y la corrección de su toque. En las inéditas alegrías, compuestas en Si Mayor, donde reveló el poder de su mano izquierda y su amplitud de recursos. Y en las bulerías, con falsetas en honor a Moraíto, donde reflejó la jondura y el empuje de su pulgar.

Sin embargo, en Una guitarra de dos caras, título de la propuesta, el tocaor quiso asimismo plasmar su versatilidad dejando la mitad del concierto para los temas de su disco tributo a Pat Metheny. Cuatro versiones de este ídolo del jazz –“que no es flamenco”, matizó él mismo “para evitar confusiones”– que tuvieron algún momento de gracia, como cuando bailó Ruiz, pero que aportaron menos de lo esperado, resultando frías y poco entusiastas.Quizás porque en la cara A hubo más verdad y en la B, sólo más destreza.

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