Enfoque | 500 Aniversario I Circunnavegación de la Tierra

La gran gesta que nos abrió la mente

  • Este año se cumplen cinco siglos de la salida de la expedición de Magallanes-Elcano de Sanlúcar y un grupo de historiadores ilustran con anécdotas, curiosidades y secretos la que se convirtió en la travesía que cambió la historia de la humanidad y dio paso a la globalización

Mª del Mar Durán, Antonio Moreno, Manuel Tallafigo, Liliane Dahlman y Manuel Parodi, charlan en el salón del Palacio Ducal de Medina Sidonia. Mª del Mar Durán, Antonio Moreno, Manuel Tallafigo, Liliane Dahlman y Manuel Parodi, charlan en el salón del Palacio Ducal de Medina Sidonia.

Mª del Mar Durán, Antonio Moreno, Manuel Tallafigo, Liliane Dahlman y Manuel Parodi, charlan en el salón del Palacio Ducal de Medina Sidonia. / Nacho Frade

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Al calor de la gran chimenea que caldea uno de los fastuosos salones del Palacio Ducal de Medina Sidonia un grupo de expertos historiadores reciben a Diario de Cádiz para charlar y debatir sobre la primera expedición que completó la vuelta al mundo. Lo hacen desde una institución que ya era vital en el contexto histórico de la efervescente Sanlúcar de Barrameda que vio partir un 20 de septiembre de 1519 la gran travesía que emprendió Magallanes, que culminó Elcano y que más allá de descubrir que la tierra era redonda y que conectar todos los territorios de nuestro planeta era posible, situó al hombre en el centro del mundo. La gran gesta que nos abrió la mente y las puertas de la globalización.

De aquella misión en la que se embarcaron unos 240 hombres a bordo de las cinco naos que zarparon del puerto sanluqueño con el firme objetivo de inaugurar una nueva ruta comercial con Oriente en busca de sus especias –el oro de las Indias– regresaron abatidos, enfermos, famélicos pero triunfantes apenas 18 tripulantes en la superviviente Nao Victoria tres años y catorce días después de su partida.

Acababan de culminar la mayor proeza de la historia náutica hasta entonces contada, que en aquel momento narró el cronista que estaba a bordo, el italiano Antonio Pigafetta, y que ahora nos ilustran desde el prisma de la historia todavía latente en los archivos este grupo de expertos. Entre ellos la historiadora, presidenta de su Fundación y directora de su Archivo Liliane Dahlmann como anfitriona; Manuel Romero Tallafigo, catedrático de Paleografía y Diplomática de la Universidad Sevilla; Antonio Moreno Ollero, doctor en Historia, investigador y especialista en Historia Bajomedieval y Moderna; Manuel Parodi, historiador y coordinador de la Oficina Municipal de la Conmemoración del V Centenario de la I Vuelta al Mundo, en la que trabajó la también tertuliana María Mar Durán Guisado, historiadora del Arte.

Juntos dibujan una expedición repleta de anécdotas, curiosidades, protagonistas a la sombra, secretos, traiciones, bondades y también maldades que ayudan a comprender aquello que sobre este viaje adelantó el escritor Stefan Zweig: “Cambió la historia de la humanidad”.

Las mujeres al frente

Ni Roma se hizo en un día, ni la expedición de Magallanes-Elcano tampoco. En Sevilla tardaron un año prácticamente en finiquitar todos los preparativos y reclutar a los miembros de la tripulación, y en Sanlúcar hasta cuarenta días para aprovisionar las cinco naves –San Antonio (con 120 toneles), Trinidad (110), Concepción (90), Victoria (85) y Santiago (75)– con las mercancías necesarias para soportar el largo y desconocido viaje. Un proyecto que Fernando Magallanes vendió al recién llegado Carlos V tras ser rechazado en su país, Portugal, y que el monarca asumió con todas las de ley, que tuvo benefactores como los bancos alemanes y que costó una verdadera fortuna. Y es que aparte de conquistar las islas de las especias –las Molucas– uno de los grandes objetivos de esta empresa fue la cristianización de sus pobladores.

“En esta hazaña épica contribuyeron muchos elementos” dice Manuel Romero Tallafigo en referencia a la importación de caldos, alimentos y enseres para el avituallamiento de los barcos. Un trabajo “en el que tuvieron un papel fundamental las mujeres, que hacían estopas para calafatear los barcos, cortaban lentisco para chamuscar la madera y que saliera la resina para pegar la goma, hacían bizcochos, labores de herrería, cosían las velas...”, añade, “aparte de que se quedaron al frente del Estado, el campo y de la familia, de lo que se habla muy poco”, remata Dahlmann.

Como anécdota citan cómo “Juan Sebastián Elcano se empeñó en llevar vino de Jerez en la segunda expedición y se lo distribuyó Cristóbal de Haro, que era gerente, según nos cuentan los libros de Contaduría que están en este Archivo de la Fundación Medina Sidonia”, explica Manuel Romero sobre la relevancia de los archivos y bibliotecas. Porque en estos libros que son la historia viva de la Sanlúcar de la época “están todas las cuentas desde 1503 a 1900”, añade Liliane Dahlmann, “y desde Sanlúcar se importaba vino a Bristol y al Rhin”.

Los secretos de Magallanes

“Magallanes tuvo muchos problemas a la hora de reclutar a la tripulación”, apuntan los historiadores “porque sabían que iban a un sitio del que a lo mejor no volverían”, añade Mar Durán. Porque “la Armada de la Especiería se arma para ir a las Islas Molucas, es decir para ir a Oriente navegando hacia Occidente, que es como si te dicen que vas a salir por una pared que no tiene puerta”, contextualiza Manuel Parodi para ponernos en situación. Y es que “Magallanes mantuvo oculta mucha información, incluso al resto de capitanes”, lo que le valió algún botín siendo acusado de autoritarismo.

Tenía secretos “suyos y de otros” porque ya venía de vuelta, como se suele decir. Conocía bien aquellos mares y océanos, “de viajes previos”. Y fue esta sabiduría como gran navegante “lo que vendió a Carlos V”, asevera Parodi. Porque cuando termina de navegar lo que en su nombre pasó a denominarse el Estrecho de Magallanes “se encuentra un mar inmenso –que llamó el Pacífico– en el que supo exactamente hacia donde ir, en qué latitud, y lo que es más difícil, la longitud”, puntualiza Romero.

Y aunque logró encauzar esta ruta no llegó a completar la vuelta –que tampoco fue su pretensión–, de modo que “por muy pocas leguas no dio la vuelta al mundo, siendo el esclavo Enrique el que lo logró”, dice Manuel Romero, pues muere en la isla de Mactan en manos de su Rey Cilapulapu. De hecho, "su cuerpo nunca fue devuelto". En esta reflexión sobre “lo poco que conocemos de Magallanes” sacan también a relucir por qué no fue Portugal en lugar de España quien lideró la expedición que se hizo con este mercado de especias.“Lo cierto es que Portugal sabía llegar y a lo mejor no le interesaba experimentar por otro lado”, esgrime Parodi. Esto sin meternos en los intríngulis de la época, “porque... ¿Qué sabemos de los enemigos de Magallanes?. Hay que pensar que también existía el espionaje y la fuga de cerebros, lo mismo vino porque le dijeron que viniera a contarlo a España”, plantea el historiador Manuel Parodi.

Tripulación de nivel

El doctor en Historia Antonio Moreno Ollero llama la atención sobre la procedencia de la mayoría de la tripulación de esta embarcaciones “donde los vascos tenían mucha importancia tanto en los barcos del Duque como en la expedición”. Y es que a la hora de reclutar buscaban a especialistas, no valía cualquiera. “También había guipuzcoanos, flamencos, bretones y de Palos, de Huelva”, añade, estos últimos porque “iban a ballenación desde los siglos XII y XIII a Terranova y tenían mucha experiencia en navegación a larga distancia”, comenta Liliane Dahlmann.

Tanto es así que de los 240 hombres que partieron “los 18 que regresaron eran vascos y extranjeros en su mayoría, como el propio cronista que era italiano”, explica Moreno Ollero.Y es que no dudaron en buscar a hombres expertos, “algunos incluso que ya conocían la ruta, que habían tocado aquellas tierras, como el propio Magallanes, que había estado en Molucas. De hecho, hasta Brasil fueron a tiro hecho”, asevera Parodi.

Matar el tiempo

Para Manuel Romero Tallafigo hay dos motores que mantuvieron con vida a aquellos hombres en altamar, “el vino, que es muy importante y la música”. El catedrático imagina que “en la vida cotidiana del barco debía haber mucha variedad” para matar el tiempo como “el canto de oración, las misas, los funerales y la música, tal y como recogen las cuentas de contaduría que citan manicordios, trompetas, tambores y panderetas”. Y es que las artes tuvieron un papel relevante, “cantaban romances, recitaban poesía, uno leía y el resto escuchaba, y también pescaban y jugaban a los naipes, aunque dicen que los juegos traían más bien altercados”.

Sanlúcar en el epicentro

Para Manuel Parodi hay tres elementos que fueron fundamentales, amén del Renacimiento como marco, y se trata de “la imprenta, que fue el internet del momento, la reforma religiosa, que le daba una patada a la unicidad del pensamiento y la vuelta al mundo, que termina de rematar”. Y en este contexto “Sanlúcar, donde Elcano completó la vuelta y desde donde escribió tal y como pisó tierra al emperador, se convirtió en el epicentro de la economía en el mundo”.

De hecho, “más que hablar de la gesta, me interesa mucho el auge y apogeo que experimentó Sanlúcar tanto demográfico como urbanístico”, asevera Antonio Moreno Ollero, que coincide con el momento “en que la casa del Duque de Medina Sidonia se consolida y se produce el traslado de la residencia de Sevilla a Sanlúcar”. Fue cuando aparecieron varios arrabales y en apenas 50 años se duplica la villa.También llegó el esplendor artístico, que resalta la historiadora del arte Mar Durán, “se construyen las casas de contratación, de cargadores, todos esos conventos, pues todas las órdenes religiosas que querían ir allí construyeron aquí sus sedes hasta convertirse en una ciudad conventual, en el centro del mundo”.Añade Dahlmann que “el primer renacimiento andaluz lo tenemos en Sanlúcar, en la galería de Jean Livadotte, que se iba a América y el Duque le hizo desistir”.

Los datos se agolpan en la conversación, conducen a más curiosidades y anécdotas de protagonistas, que si Elcano murió sin nada, que si Magallanes malvendió finalmente las Malucas a Portugal, que si Carlos V informó a Europa de la expedición por una carta nada pretenciosa a su tía Margarita. Los datos de una travesía que nos enseñó “que hay más mundos que el nuestro, que no estamos solos, y que nos mostró múltiples culturas ignotas que dieron paso, paulatinamente, al pensamiento del Renacimiento”. Un viaje que dio la vuelta a la historia de la humanidad.

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