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Andalucía

Toda la costa se blindará para evitar viviendas en sus primeros 500 metros

  • La Junta ultima los seis planes de ordenación del territorio que cerrarán el mapa costero, que amplía la protección a 200 metros de la orilla y preserva los 300 metros siguientes de urbanizaciones e industrias

La Consejería de Vivienda hace diez meses puso la primera pica en la que sus técnicos llaman la "batalla de la costa". Se aprobó el Plan de Ordenación Territorial (POT) del Levante almeriense, con el que se dio el paso para la liberación del litoral del agotado modelo de sol y playa aprisionado por el ladrillo. La regla es clara: los 100 metros que marca la Ley de Costas se amplían a 200, y se establece otro cinturón más de protección hasta los 500 metros. En esa franja no habrá ni viviendas ni industrias. Sólo tendrán cabida espacios libres, equipamientos y los usos hoteleros serán mirados con lupa -no habrá lugar para los proyectos pantalla, ya que se limitará la edificabilidad para evitar moles de cemento-. Pero lo que fue un plan piloto, ya tiene continuidad. La Junta ultima los seis planes con los que cerrará el anillo urbanístico del litoral andaluz, cuya redacción estará a punto a finales de año para que su aprobación sea a lo largo del próximo.

Lo importante de esta guerra no son sólo los nuevos límites. Es un hito que dejará para la historia dos decenios de "urbanismo exprés", aquel cuya imagen es la del promotor "con el talonario por el campo", o en este caso por la arena, como recuerda Rocío Allepuz, secretaria general de Planificación y Desarrollo Territorial de la Consejería de Vivienda. Un cambio palpable en las maratonianas reuniones que ella y su equipo han tenido con todos los agentes implicados y los ayuntamientos, cuyos alcaldes han sido los más receptivos. Tanto como para que los colores políticos no hayan pesado nada a la hora de dar un sí. Y prueba de ello, es que "los documentos aprobados y a punto de salir a información pública, la mitad han salido por unanimidad y los demás por mayoría", apuntala Allepuz, que achaca la "generosidad" a una realidad inapelable: las negociaciones se han producido desde la "secuela", y con un sector turístico que demanda con urgencia un nuevo modelo. A esto se suma otro factor; un momento de crisis en el que se demandan nuevas oportunidades de desarrollo y que se encaminen hacia un modelo productivo distinto. Es decir, es la ocasión para que los pilares y, sobre todo, las infraestructuras de esa Andalucía sostenible que preconiza el Gobierno andaluz, empiecen a asentarse al borde del mar, y que en el momento en que el crédito fluya, todo esté listo para el cambio.

Pero si alcaldes y sector turístico tienen claro que ese es el futuro -playa con alternativas de ocio y deporte de calidad que rompan la estacionalidad y acaben con las urbanizaciones fantasma-, y otros sectores, como el industrial y el agrícola se reordenarán -así pasará con los cultivos bajo plástico de la costa este de Granada- y se crearán nuevas áreas de oportunidad, faltará sólo convencer al ciudadano allí donde se pueda mantener esa reserva de 500 metros. Lleva demasiado tiempo acostumbrado a las vacaciones a pie de playa, y aunque la conciencia ecológica está más o menos instaurada, planteará el escollo de la accesibilidad. Esto quedará resuelto con autobuses lanzaderas desde zonas de aparcamiento u otras fórmulas, como el uso de la bicicleta. Otro elemento de persuasión será que esa distancia evitará el riesgo de privatización encubierta de las playas.

Como resume Rocío Allepuz, estos planes, que ya están en su recta final, no son sólo la piedra angular para un cambio de modelo urbanístico y productivo, sino también medioamiental. Aparte de preservar los recursos naturales existentes, se apostará por su puesta en valor y su reordenación para que, además de protegidos, sean usados y no se acaben convirtiendo en un coto cerrado. Mientras, otros olvidados se recuperarán y se descontaminarán con el mismo fin, convirtiéndolos en corredores verdes o parques metropolitanos. Así pasará en Huelva, que podrá mirar a su Ría, y en Málaga , que lo hará en El Arrajainal.

La pregunta es si aún quedan espacios vírgenes donde poder hacer realidad todas estas ideas. La respuesta es que sí los hay. Tanto en el Atlántico como el Mediterráneo. Aunque en algunos habrá que meter la excavadora, eso sí, siempre y cuando la ilegalidad de lo construido no dé pie a su normalización.

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